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La Copa América de los escándalos

La provocación obscena de Jara a Cavani en el Chile-Uruguay ensombrece de nuevo el torneo sudamericano. El campeonato sigue sin ofrecer un partido memorable

Si hace una semana fue el Ferrari destrozado de Arturo Vidal o la agresión de Neymar a un árbitro, ahora es la imagen del dedo de Gonzalo Jara en el culo de Edinson Cavani la que recorre Sudamérica. No se habla mucho del partidazo de Isla y Valdivia, de la capacidad competitiva uruguaya o del temor que había en el Estadio Nacional a la tanda de penaltis cuando quedaban solo diez minutos de partido y los charrúas luchaban con uno menos. Cuando los aficionados celebraban por fin la llegada de un gran partido en la Copa América, el central chileno del Mainz alemán se encargó de estropear un duelo respetable con una artimaña inaceptable: no solo por su cobarde exploración proctológica, sino por tirarse después al suelo como una prima donnacuando Cavani, emocionalmente alterado por la detención de su padre en Montevideo, reaccionó apenas con un manotazo.

Tras batir a Uruguay (1-0), Chile celebra la clasificación de su selección para las semifinales. El país ha salido en masa a apoyar a sus jugadores y celebró en las calles una victoria por lo demás ciertamente trascendental sobre el campeón vigente (a quien no ganaba en Copa América desde 1983). La televisión nacional bromeaba ya a medianoche sobre el incidente y hacía hincapié en el 80% de posesión del balón por parte de La Roja, contra un rival destructivo que solo quería defenderse. Aunque Chile dominó enteramente la pelota, hizo solo dos faltas menos que sus rivales (16). Sí fue netamente superior en cuanto a número de remates (12-5). La resistencia uruguaya había convocado el fantasma de los penaltis a Santiago de Chile. Sin embargo, cuando Jara estampó su dedo en una victoria que, como dijo anoche el también expulsado seleccionador charrúa, Oscar Tabárez, “hubiese sido mejor de otra manera”.

Expediente disciplinario

“¿Qué dirigentes van a sancionar ahora al cerdo de Jara, si aquí sólo había directivos uruguayos?”, bramaba un locutor radiofónico de Montevideo la noche del miércoles en la tribuna de prensa del estadio, sólo una hora después de que El Matador del PSG enfilase los vestuarios entre insultos de una hinchada que llenó el recinto. Tal es el vacío aparente de poder en la Conmebol (confederación sudamericana), cuyos máximos dirigentes siguen sin dar la cara en el torneo, que la página web oficial ni siquiera informaba del tema. Sin embargo, el dirigente boliviano Alberto Lozada se apresuró a asegurar a AP la apertura de un expediente disciplinario contra Jara por sus provocaciones y teatralidades.

No es la primera vez que el zaguero protagoniza un incidente de este tipo con un jugador uruguayo: en 2013 Luis Suárez fue expulsado de un partido por las eliminatorias mundialistas tras golpear a Jara un segundo después que el chileno le tocase los genitales.

El precedente de Suárez, castigado con nueve partidos con Uruguay y cuatro meses de inhabilitación total por su mordisco a Chiellini en el último Mundial (otro caso de reincidencia), da un relieve especial al comportamiento de Jara, descrito por algunos medios chilenos como una simple “avivada” (“Dedito p’arriba”, con el logo de Facebook, tituló en primera el diario popular La Cuarta). Cavani, tras aterrizar ayer en Montevideo, afirmó: “Hay que medir todo con la misma lupa”. La Celeste, hipersensibilizada por el desproporcionado castigo a Suárez y las dos expulsiones del miércoles (el defensa Fucile y el propio Cavani), ha expresado incluso dudas sobre los futuros arbitrajes en las durísimas eliminatorias al Mundial: Rafael Fernández, vicepresidente de la federación, calificó la acción de “aberrante” y pidió “una reforma del sistema de elección arbitral”.

La repercusión del asunto en las redes sociales es imparable. Luis Suárez, desde su cuenta de Twitter, expresó: “A todos los que hablan de que Uruguay juega mal, pega, discute, etc., que recuerden que Uruguay tiene 15 Copas América. Así que los que se quejan, que miren por su país, que no tienen ningún título... Vamos Uruguay, vamos!”. Diego Lugano, el correoso excapitán charrúa, escribió: “Con este muchacho Jarita habrá que hablar cuando nos crucemos por el mundo”. También hubo palabras para Alexis Sánchez, que, tras el encuentro, afirmó que los jugadores uruguayos le habían ofrecido disculpas después de confesarle que su intención era pegarle patadas: “Un jugador inteligente no cuenta lo que pasa dentro de la cancha”, afirmó Giménez, defensa charrúa del Atlético.

Parte de la hinchada chilena se ha entregado a la creación de memes como los #JaraFacts: “50 sombras de Jara”, “Argentina tiene la mano de Dios, Chile los dedos de Jara” y otras innumerables ocurrencias. Chile vive eufórica su cercanía de la final tras disfrutar de un cuadro extraordinariamente asequible en una Copa América que, de cualquier manera, sigue marcada por acusaciones generales de doble moral, fuera y dentro del campo, y está huérfana aún de un partido memorable.

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