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Luis Suárez y Di Stéfano vivieron lo de Piqué

Luis Suárez y Di Stéfano, en una capea.
Luis Suárez y Di Stéfano, en una capea. as

Muchos me han preguntado si el caso Piqué tenía antecedentes. Pues sí, tiene dos, y ambos con la rivalidad Madrid-Barça de fondo. El primero lo sufrió Luis Suárez, en el Bernabéu. Di Stéfano le sostuvo el ánimo. Tres años después, sería Di Stéfano el abroncado en Barcelona, con Suárez de soporte.

En lo de Suárez hubo móvil. Fue en un amistoso España-Turquía, el 6 de noviembre de 1957, en el Bernabéu. Lo de amistoso entonces no tenía el matiz menor que tiene ahora. Apenas había partidos oficiales y los partidos de la Selección, escasos, se vivían todos con interés y emoción. Este con Turquía, más. Por la tradicional desconfianza en España ante el turco (Lepanto en la memoria, “la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos ni esperan ver los venideros”) y porque Turquía nos había dejado fuera del Mundial de 1954, en rocambolesca eliminatoria con desempate en Roma. Algunos nombres de aquella selección aún resonaban en la memoria. El del portero y capitán Turgay, por ejemplo.

El seleccionador, Manolo Meana, hace un equipo con fuerte base madridista, cinco jugadores. Natural. El Madrid es ya por dos veces campeón de Europa y encabeza la Liga en la jornada novena, tras ganar 3-0 al Athletic de Bilbao.

Salen estos: Ramallets; Quincoces II, Garay, Segarra; Santisteban, Zárraga; Miguel, Kubala, Di Stéfano, Rial y Gento. Ramallets, Segarra y Kubala son del Barça; Quincoces II, del Valencia; Garay, del Athletic; Miguel, del Atlético de Madrid; Santisteban, Zárraga, Di Stéfano, Rial y Gento son los cinco madridistas. Rial era nacido y criado en Argentina, pero hijo de gallegos que le inscribieron como español en el consulado desde su nacimiento. Era muy querido por la afición del Bernabéu. Siempre se diría que él había hecho productivo a Gento, aprovechando su velocidad con sus lanzamientos profundos. Y era cierto.

La cosa fue bien hasta el descanso. Buen partido y España que gana 2-0, los dos de Kubala, el segundo de penalti. Pero en el descanso Meana toma la decisión de sustituir a Rial por Luis Suárez, joven interior del Barça. A la afición le sentó como un tiro:

Al gallego del Barça le silbaron en el Bernabéu cuando sustituyó a Rial

—Salí y en cuanto toqué el balón me pitaban. A cada balón me pitaban. Me desconcertó un poco, porque yo era joven, llevaba poco en la selección. Era mi quinto partido. Gracias que tuve cerca a Alfredo, que era un fenómeno. Me dijo con su acento: “Gallego —porque siempre me llamó gallego— no te preocupés. Vamos a jugar bien, tú y yo cerca, y en un rato estos aplauden”. Y fue así. Se lo agradecí siempre.

No había el precedente de ningún encontronazo con el Madrid. No era un caso Piqué. Fue una reacción por la retirada de Rial, quizá avivada por el recuerdo del España, 2-Suiza, 2 de marzo de ese mismo año, un empate que nos dejaría sin ir al Mundial-58. Precisamente el día anterior, se había cerrado el grupo con el Escocia, 3-Suiza, 2, que nos dejaba sin Mundial a salvo de una improbable repesca ante Israel a la que se accedía por sorteo entre los segundos de todos los grupos europeos. (Le tocaría a Gales).

El día del empate ante Suiza el ataque había sido Miguel, Kubala, Di Stéfano, Suárez y Gento. Suárez jugó mal, pero no por su culpa. Como Kubala y Di Stéfano se echaban atrás, Meana le hizo colocarse en punta, algo que no era lo suyo. Suárez era interior retrasado, de zancada ágil, espléndido regate largo, lanzamientos profundos a los atacantes y llegada por sorpresa al gol. Como punta de referencia fracasó. Con el cambio de Rial por Suárez, se rehacía en sus cinco nombres aquella delantera de la catástrofe. De ahí, en parte, tanto pito. La otra parte, mero partidismo o predilección por Rial. Pero todo acabó bien: Kubala marcó un tercer gol y España ganó 3-0.

Lo de la estrella del Madrid fue fruto de una malinterpretación por una entrevista

El otro caso se dio en el Camp Nou, ante Italia, el 13 de marzo de 1960, la víctima fue Di Stéfano y obedeció a un equívoco. Ya no está Meana, ahora hay un trío seleccionador: José Luis Costa (más tarde presidente de la Federación), José Luis Lasplazas y Ramón Gabilondo, con Helenio Herrera como entrenador. El equipo es: Ramallets; Olivella, Garay, Gracia; Segarra, Gensana (Vergés, 46’); Herrera, Eulogio Martínez, Di Stéfano, Suárez y Gento. Garay sigue en el Athletic, Herrera, Di Stéfano y Gento son del Madrid. Los demás, incluido el suplente, Vergés, del Barça.

La mayoría del Barça no debe extrañar. Está muy fuerte, con Helenio Herrera de entrenador, que al tiempo lo es de la selección. Marcha codo a codo en la Liga con el Madrid y va pasando eliminatorias en la Copa de Ferias y la Copa de Europa.

Y ahí viene el problema. El Barça, tras arrasar al Milan en octavos con sendas victorias ( 0-2 y 5-1), jugó en cuartos con el Wolverhampton, el campeón inglés. El choque atrajo la atención en toda Europa. The People mandó un enviado a España para las previas. Entrevistó a Di Stéfano, que se volcó en elogios hacia el Barça: que si Kubala esto, que si Villaverde lo otro, que si Kocsis, que si Czibor, que si Ramallets, que si Suárez… El periodista convino con Di Stéfano convertir la entrevista en algo firmado por el propio jugador, a cambio de un pago. Y así lo publicó The People. El corresponsal de EFE en Londres rebotó la publicación con un sesgo imprevisto: “Di Stéfano desvela al Wolverhampton la manera de jugar del Barça”. ¡La que se lió!

Antes del España-Italia ya se había jugado la eliminatoria. El Barça arrasó al Wolverhampton: 4-0 en casa y 2-5 fuera, partido a cuyo final los jugadores ingleses les hicieron pasillo espontáneo a los culés, tal fue su exhibición. Así que el famoso Informe Di Stéfano no resultó dañino. Pero seguía el enfado.

Ese año el madridista ganó su quinta Copa de Europa y el culé obtuvo en Balón de Oro

Suárez lo recuerda con humor: “No desvelaba nada, no decía más que elogios. Lo leímos y le estábamos agradecidos, además era amigo de todos. Aunque en el campo tuviéramos las nuestras, era amigo de todos. Pero el ambiente fue tremendo”.

Había, recuerda Di Stéfano en sus memorias, hasta una larga pancarta, de cincuenta metros (algo exageraría) que decía: “No queremos chivatos en este estadio”. Suárez le animaba: “¿Y ahora qué, Alfredo? ¡Ahora te tengo que defender yo!”. Suárez estaba acostumbrado a que le pitaran en el Camp Nou, de mayoría kubalista. Le tenían por el ojito derecho de Helenio Herrera, que empezaba a postergar a Kubala.

España jugó un mal primer tiempo. Hasta Di Stéfano jugó mal, se equivocó varias veces, lo que aumentó los pitos. Italia marcó por delante. En el descaso el malhumor en las gradas era máximo. Pero Herrera acertó al sacar a Vergés, que le dio empuje al equipo. Di Stéfano sacó lo mejor de sí, todo mejoró y España ganó, con goles de Vergés, el propio Di Stéfano y Eulogio Martínez. Tres a uno y todos contentos.

Ese año Di Stéfano ganaría su quinta Copa de Europa (el 7-3 al Eintracht, tras haber eliminado al Barça en la semifinal). El Barça ganó la Liga y la Copa de Ferias Y Luis Suárez ganó el Balón de Oro. Al final todos felices.

 

 

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