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Intxausti gana en Campitello

Contador araña 2s en una meta volante Los españoles brillan en las montañas del sur

Carlos Arribas
Contador, Aru, Porte y Urán, de izquierda a derecha, cruzan juntos la línea de meta.
Contador, Aru, Porte y Urán, de izquierda a derecha, cruzan juntos la línea de meta.LUK BENIES (AFP)

Antes de estación de esquí para los pijos del sur, Campitello Matese en la exuberante Molise fue tierra de pastores que subían sus rebaños a los pastos sabrosos en verano, tierra de supervivientes, tierra de inteligentes, pues, en la que los estúpidos morían de hambre igual que 50 años más tarde, igual que siempre. Ahora en Campitello Matese ya no hay pastos, sino apartamentos turísticos, y ya no suben con el deshielo pastores con sus greggi de ovejas (rebaños: y de ahí nace la palabra gregario justamente), sino, bajo las trompetas altisonantes de la música épica de un Ennio Morricone, por ejemplo, ciclistas en rebaño, que solo la fuerza, la ambición individual o la inteligencia, como siempre ha sido, rompen. La mayoría de estos, de los rompedores y los resistentes, fueron españoles de carácter y astucia, gentes que nunca morirán de hambre.

Era obvio que Aru iba a atacar”, dijo Contador quien se felicitó públicamente por haber salvado el día

Ganó la etapa Beñat Intxausti, un vizcaíno que dejó que trabajara y se desfondara en su favor un suizo germánico llamado Sébastien Reichenbach, quien nunca ha ganado nada y creía llegado su gran día. Quedó segundo Mikel Landa, un alavés que sube tan rápido que ni siquiera los ataques de su jefe en el Astana, Fabio Aru, para trabajarse a Alberto Contador, podían con él. Y Contador, con su brazo torpe y su hombro doliente no solo resistió los ataques de Aru, quien corre y hace correr a su Astana, fortísimo equipo, con una aceleración permanente de ansioso que no encuentra sus ansiolíticos en la mesilla, y también los de Richie Porte, quien corre aplanado como un ratoncito sobre la bici y siempre está a la que salta, sino que dobló su ventaja en la general, que pasó de 2s a 4s gracias a un sprint de rabia y demostración en la primera meta volante. “Dos segundos son dos segundos”, dijo Contador. “estaban ahí y en una contrarreloj cuesta muchísimo ganarlos”

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“Intxausti se ha aprovechado de mí”, se quejaba en la meta Reichenbach, quien no halló recompensa a su trabajo de mula laboriosa e ilusionada llevando cargado al vizcaíno Campitello Matese arriba. “He jugado con sangre fría”, fue la expresión elegida para explicar lo ocurrido por Intxausti, quien en la meta, al igual que hace dos años cuando ganó la etapa del Giro en Ivrea, donde el señor Olivetti fabricaba máquinas de escribir, hizo el signo de la equis cruzando dos dedos, un recuerdo a su amigo ciclista Xavier Tondo, muerto en estúpido accidente justo delante de sus narices y su impotencia. Lo ocurrido fue que a Intxausti, miembro de una fuga de nueve de la que intentó huir toda la etapa estúpidamente un grupo de tres que se vaciaron antes de empezar lo importante, fue el corredor más ciclista de los 12, el que supo no derrochar sus fuerzas en momentos innecesarios, el que, llegado el momento, solo dio un golpe, pero un golpe definitivo. Fue a 3,4 kilómetros exactamente de la meta, donde, recuperado de la caída en la que se partió la cara y metió el susto en el cuerpo del mundo, Domenico Pozzovivo esperaba con la máscara de la momia en su rostro. Allí atacó victorioso el corredor del Movistar quien achacó al calor pasado los primeros días su mala posición en la general. Mientras, por detrás, casi simultáneamente, los grandes del Giro comenzaron su festival particular.

“Era obvio que Aru iba a atacar”, dijo Contador quien se felicitó públicamente por haber salvado el día y en su interior por haber logrado que tanto el Astana como el Sky de Porte entraran de cabeza al diseño de Giro que más le conviene a él. “Estos tres, Aru, Porte y yo hemos venido a ganar y para ganar hay que atacar”. Antes de atacar, un ataque bajo la pancarta de cinco kilómetros al que respondieron no súbitos sino con una subida progresiva de velocidad, Contador, Porte, el renacido Rigo Urán y, detrás, educado, Landa, Aru ordenó a su equipo, conocido ya como el expreso azul de Kazajstán ya como la panda de Tiralongo, su capitán de ruta, según para quien, avanzar a toda máquina para aislar al español, lo que consiguieron, para debilitarlo también, lo que no lograron. Al contemplarlo y analizarlo pasaron al plan B, que era que Landa ganara la etapa, pero ya era tarde. Se lanzó el alavés a todo vapor a por Intxausti, y se quedó a pocos segundos de alcanzarlo. El Astana dio detrás el relevo al Sky de Porte, quien mandó a su gregario de lujo, el navarro Mikel Nieve, acelerar para preparar su ataque. Este llegó bajo la pancarta del último kilómetro. Fue humo.

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Sobre la firma

Carlos Arribas
Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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