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Spanoulis lidera una remontada inverosímil y tumba al CSKA

Olympiacos, con 11 puntos en los tres últimos minutos del base, a por su cuarta Euroliga

Spanoulis tras la victoria de su equipo ante el CSKA. Ampliar foto
Spanoulis tras la victoria de su equipo ante el CSKA. EFE

Se llama Vassilis Spanoulis y no conoce el miedo. Compadrea con la suerte con aires de suficiencia, tramita hazañas con la determinación del que se siente predestinado y se ha convertido en el demonio indeleble del CSKA. Olympiacos lo volvió a hacer. El conjunto griego repitió su hazaña de Estambul en 2012 y arrebató la final al equipo más rico del baloncesto europeo tras otra remontada inverosímil. El artífice fue un genio con barba que sobre el parqué es a la vez metrónomo, funambulista y artificiero.

CSKA, 68-Olympiacos, 70

CSKA: Teodosic (8), Weems (9), Vorontsevich (5), Kaun (11) y Kirilenko (5) —equipo inicial—; De Colo (18), Nichols, Jackson (9), Markoishvili, Khryapa (2) y Hynes (1).

Olympiacos: Spanoulis (13), Mantzaris (5), Darden (0), Printezis (14) y Dunston (5) —equipo inicial—; Petway (5), Hunter (2), Papapetrou (9), Sloukas (10), Agravanis (2), Lafayette (3) y Lojeski (2).

Parciales: 20-17; 16-18; 15-20; 13-23

Árbitros: Ilija Belosevic (SRB), Borys Ryzhyk (UKR) y Daniel Hierrezuelo (ESP). Sin eliminados.

Primera semifinal de la Final Four de la Euroliga de baloncesto. Palacio de Deportes de Madrid (Barclaycard Center), ante unos 13.000 espectadores

Faltaban 3m 31s para el final del partido y el marcador registraba un 63-54 a favor del CSKA, que había dominado con solvencia al ritmo que marcaron De Colo y Jackson. Pero ahí apareció Spanoulis para alargar su leyenda de tricampeón del torneo. Hasta ese instante, su hoja de servicios presentaba un calamitoso 0 de 11 en tiros de campo, pero la redecoró a lo grande con tres triples y 11 puntos en un sprint memorable que cinceló su enésima gesta (68-70). Olympiacos disputará este domingo la cuarta final en las últimas seis ediciones en busca de su cuarta Euroliga tras volver a abrazar la épica.

El desenlace volatilizó el meritorio trabajo del CSKA que tembló en el tramo decisivo ante el recuerdo de sus fantasmas. Vorontsevich y Kirilenko se encargaron de las primeras maniobras en ataque, pero fue la entrada de De Colo la que lubricó el engranaje rojo. Replicó Olympiacos con la productiva brega de Printezis y la silenciosa aportación de Papapetrou para equilibrar el pulso. Se decretó entonces el estado de excepción en la zona. A partir de ese instante cada ataque fue una batalla, cada rebote una refriega y cada bloqueo una escaramuza. Una contienda de la máxima exigencia física que apenas se permitió concesiones para el contraataque. Lo intentó Jackson, protagonista del primer demarraje en la frontera entre el primer y el segundo acto (24-17, m. 11). La fibra del base y el músculo de Hines pusieron en valor el repertorio de Itoudis, pero Olympicos no titubeó en el plan que ha hormigonado su historia reciente. En otro elogio a la resiliencia, la tropa de Spanoulis se agarró con vigor al partido. La capacidad de gobierno del capitán griego es crucial incluso cuando los números no le respaldan.

Su diapasón cortocircuitó las revoluciones de Jackson y encendió el ataque de los suyos. Retomó Printezis la labor de zapa y los de Sfairopoulos completaron un parcial de 3-11 que volteó el marcador (27-28, m. 16). No era la tarde de Teodosic, ofuscado de nuevo en el escenario de sus desdichas (con seis presencias en la Final Four y ningún título). El serbio se marchó a la caseta sin anotar en los primeros cinco minutos y con cinco pérdidas en su desenfocado expediente. Pero siguió martilleando De Colo (máximo anotador con 18 puntos) para retomar el mando de las operaciones.

En el inicio del tercer cuarto se concentró otra sacudida del CSKA. Pareció la definitiva, pero no bastó. La intensidad defensiva dio pie a otra colección de carreras que volvió a estirar la cuerda (47-39, m. 26) ante un rival que para entonces había asumido el abnegado papel de perseguidor. Siempre cuesta arriba y siempre haciendo la goma, el conjunto griego se acercó hasta el 49-47 a falta de 12 minutos. Pero el tercer cuarto se cerró con la primera canasta de Teodosic en el partido como anuncio de su decidido abordaje en busca de la final. Con su primer acierto desde el 6,75 después de cuatro intentos, el serbio puso el 57-49 que puso a Olympiacos en la cornisa. Como tantas otras veces no resbaló. Se agarraron los griegos a su dios de los milagros: Vassilis Spanoulis.

Hines intenta evitar la canasta de Agravanis. ampliar foto
Hines intenta evitar la canasta de Agravanis. AP

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