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Ataque variado, defensa limitada

El PSG recupera a Verratti e Ibrahimovic, pero sigue con bajas en el eje y la zaga

Messi y Verratti Ampliar foto
Messi trata de tapar a Verratti, durante un duelo de diciembre. efe

El campeón francés ha llegado a la eliminatoria muy castigado por las lesiones y las sanciones, lo que condiciona su potencial. Aunque parecía que en el Camp Nou presentaría a su mejor equipo, mezclará retornos importantes con frustraciones inesperadas.

El interruptor. Con 22 años, Verratti ya es uno de los mejores centrocampistas de Europa. Su personalidad le otorga jerarquía, su prematura sabiduría le concede credibilidad. Cuando él juega, el PSG está ordenado. Como si hubiese seguido la huella de Xavi, no necesita altura ni músculo para imponerse en una zona del campo que exige un físico imponente sólo si no se tiene un cerebro privilegiado. Disfruta de una facilidad natural con el balón para encontrar soluciones a los problemas, estimula el juego de ataque y da reposo en la salida. Todo a través del pase y la delicadeza técnica, pero también gracias a un cambio de ritmo en la conducción que le permite eliminar rivales.

Es un director de escena que mezcla con el despliegue intenso de Matuidi e interpreta los principios de amplitud y profundidad para marcar el rumbo ofensivo del equipo. Más allá de su talento técnico, inyecta agresividad al equipo en la presión, orgullo competitivo en la disputa, rebelión contra las inercias. Su gran patrimonio es el valor que le da al balón, tanto cuando se expresa a través de él como cuando lo persigue. Responsabilidad y pasión.

La referencia. A pesar de que el PSG tiene a dos de los mejores delanteros del mundo, Cavani nunca será Ibrahimovic. Pero no sólo Cavani, ni Lewandowski, ni Luis Suárez, ni Benzema, ni Diego Costa, ni Agüero, ni Tévez, ni el recién llegado Harry Kane. Todos ellos son delanteros mayúsculos, goleadores voraces. Pero el sueco es mucho más. Cavani es un finalizador que piensa en cómo y dónde ofrecerse para que alguien le invite al remate, ya sea en profundidad o en los centros laterales, o incluso con maniobras individuales cerca del área para explotar la mínima grieta defensiva que suponga una línea de chut.

Sin embargo, cuando el gigante escandinavo juega, su equipo tiene siempre una descarga para la segunda línea, un socio para la combinación, un surtidor para los desmarques de sus compañeros, un recurso en forma de juego directo si la salida de balón se encalla, un rematador imprevisible y un alma intimidatoria. Así, no se sabe si es mejor intentar que no participe mucho, a riesgo de perder los duelos personales, o no desgastarse en el cuerpo a cuerpo para que sus maniobras posteriores no generen desequilibrio. Ibra condiciona el plan colectivo, pero mejora la calidad de vida.

Cabaye podría actuar de mediocentro, una solución correcta de poco peso y dimensión

El problema. La ausencia de Motta por lesión, la limitación física de David Luiz en la ida y la confirmación de la baja para hoy de Thiago Silva por el problema muscular que le hizo abandonar el partido de París han restado libertad a Blanc en la elección del mediocentro. Motta es un sabio de ese oficio en el centro del campo triangular porque seguramente fue la primera versión moderna de ese rol en el Barça por su capacidad física, inteligencia táctica y uso del balón en espacios reducidos. Cierta tendencia a las distracciones sumada a la mala suerte con las lesiones cortaron su crecimiento blaugrana, pero su inmenso talento le ha permitido tener una carrera deportiva fértil.

Una segunda opción fiable podría haber sido David Luiz si Blanc hubiese tenido al trío de centrales de primera categoría que reúne en la plantilla, pero sólo Marquinhos ha estado a su disposición en los dos partidos. Este último, con todos sanos, incluso habría podido ser el elegido como sombra de Neymar en el lateral derecho tras su gran actuación sobre Hazard en el campo del Chelsea. Tras estos accidentes físicos, parece que el PSG recurrirá de nuevo a Cabaye por delante de la línea defensiva, una solución correcta pero con menos peso y dimensión de lo que necesita un equipo para equilibrar el centro del campo sin hipotecar la libertad de Verratti y Matuidi.

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