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El Atlético de los siete pulmones

El equipo de Simeone pasa a cuartos tras imponerse en la tanda de penaltis tras un partido de una intensidad y una exigencia física brutales

Atlético de Madrid Ampliar foto
Jugadores atléticos celebran el pase a cuartos.

La épica de la Copa de Europa está escrita con eliminatorias conquistadas más desde el fútbol sentido que del jugado. El Atlético se metió en los cuartos de final con ese envoltorio que a veces requiere esta competición. Hay noches en las que hay que jugar con siete pulmones y dos corazones y eso es lo que hicieron todos los jugadores de Simeone. Eso también es fútbol, emoción y sentimiento. Un estadio entregado, invocando a Luis Aragonés, cardíaco hasta el final por esa tanda de penaltis, que también contuvo esa noria emocional en la que se pasa del drama a la gloria como sucedió cuando Raúl García falló el primer lanzamiento y Oblak detuvo el de Calhanoglou. El meta esloveno fue un héroe inesperado por la lesión de Moyá, como sorprendente el fallo de Koke. Fallaron dos especialistas del Atlético, pero primero el error de Toprak y luego el último de Kiessling hicieron bueno el lanzamiento de Fernando Torres.

Arda fue el más destacado en la recta final, agarrado al balón y a su cintura caliente

La presión del Leverkusen en la ida dejó tan marcado al Atlético que Simeone configuró una alineación en la que tocaba tanto las sensibilidades como el andamiaje clásico y hasta cierto punto sus intenciones con la pelota. En una cita con tanta carga emocional y trascendental donde los símbolos son espoletas de sentimientos, sentó a Gabi. El corrimiento de fichas suponía situar a Koke de mediocentro junto a Mario para dar cabida a Cani. El perfil del once incluía a un futbolista más de buen pie y situar a Koke en el que se formó. No se le recordaba a Simeone un paso tan atrevido y delicado. Quería toque sibilino para cuando pudiera armar juego desde la batalla de las segundas jugadas. De salida estaba claro por la disposición de uno y otro que el partido iba a tener parte de las trazas que tuvo en Leverkusen. La diferencia en los primeros 45 minutos fue que esta vez el Atlético salió ganador del combate por l os rechaces y los balones largos. Si en Alemania fue avasallado, anoche respondió como una falange de la legión romana. Duró, solidario y decidido, ganó balones por arriba y por abajo en ese juego en ese juego enmarañado que depararon dos propuestas similares.

Había más distracción en las gradas que en la hierba. La hinchada rojiblanca respondió a ese llamamiento de su entrenador en la previa. No quería Simeone ni un minuto de silencio y no lo hubo. Ni uno ni otro lograban ligar juego, envueltos en mil disputas aéreas y en infinitos balones divididos. Se jugaba el partido por los aires y se ganaban metros en malos pases y en despejes. Al Atlético eso le valió una cascada de media docena de córners en los primeros 20 minutos. Cuando el balón caía al suelo, el Leverkusen parecía tener más claro como desplegarse. Su línea de tres mediapuntas, Bellarabi, Calhanoglou y Son combinan a un toque con una velocidad endiablada. Las pocas veces que lograron conectarse los toques duros y precisos cargaban de pánico el Calderón. Un disparo raso de Calhanoglou que pasó rozando el palo desviado por un defensa rojiblanco se pasó junto al palo de Moyá. Al poco sufrió un pinchazo en los isquiotibiales y tuvo que ser reemplazado por Oblak. La lesión limitaba a Simeone en los cambios en un partido que se preveía largo por la exigencia física y la amenaza de una prórroga

Atlético, 1-Leverkusen, 0

Atlético: Moyá (Oblak, m. 22); Juanfran, Miranda, Giménez, Gámez; Arda, Koke, Mario Suárez, Cani (Raúl García, m. 49); Mandzukic (Torres, m. 86), Griezmann.

Leverkusen: Leno; Hilbert, Toprak, Spahic, Wendell; Castro, Bender (Papadopoulos, m. 111); Bellarabi, Calhanoglu, Son (Rolfes, m. 80); Drmic (Kiessling, m. 72).

Gol: 1-0. M. 26. Mario Suárez.

Árbitro: Nicola Rizzoli (Italia). Amonestó a Giménez, Spahic, Gámez, Mario, Wendell, Toprak, Calhanoglu.

Penaltis: Raúl García, fuera. Calhanoglu, para Oblak. Griezmann, gol. Rolfes, gol. Mario, gol. Toprak, fuera. Koke, para Leno. Castro, gol. Torres, gol. Kiessling, fuera.

Vicente Calderón, 50.000 espectadores.

A empellones, con saques de banda o de esquina el Atlético se presentó cerca de la media hora sin haber probado a Leno. El exceso de tacticismo del arranque partido, que ejerció de freno de mano había impedido a los colchoneros rellenar esa parte del manual de las remontadas que consiste en finalizar jugadas con remates. Eso sí al primero que practicó fue gol. Mario recogió una dejada de Cani en la frontal tras un lanzamiento de una falta lateral. Su derechazo, agónico, acorde al guion del encuentro, entró cerca del palo derecho de Leno.

El gol premiaba el partido de Mario, soberbio como recolector de cualquier balón suelto que barrer. Su despliegue, como el de Koke, fue brutal. Lució el brazalete Koke, en un peldaño subido en su escalada jerárquica. Agarrados a ellos dos y a la sobriedad de Miranda y Giménez para marcar la raya a Drmic el Atlético se fue al descanso con la eliminatoria igualada.

Simeone previó que el partido seguiría más por las sendas de lo físico que por las del balón jugado y metió a Raúl García para liquidar el cambio de pelaje que supuso la inclusión de Cani de inicio.

Siguió el Atlético imponiéndose desde el corazón, soportando el alto voltaje y la reiteración de las faltas de los alemanes. Acogotaba al Leverkusen en su área con esos de banda de Gámez que parecen saques de esquinas y también con una mayor entrada en juego de Griezmann, que pegó un par de carreras verticales que hicieron daño y levantaron a la grada. No hubo mucha ocasión de lucimiento para el francés, ni para Arda, ni para Mandzukic, muy generosos los tres en el esfuerzo, en los 90 minutos. Raúl García tuvo el 2-0 en la punta de su bota en un saque de falta de Koke. Arda también rondó el gol en una dejada de Griezmann, pero su disparo cruzado lo atajó Leno. Solo pudo responder el Leverkusen al empuje del Atlético no perdiendo la posición y manteniendo su agresividad cada vez que intuía el peligro. Lo sostuvieron sus centrales Spahic y Toprak y no le dio demasiado el cambio de delanteros cuando Kiessling entró por Drmic. Vivió el final de los 90 minutos encerrado en su área, acongojado por un par de galopadas de Torres, que entró a diez minutos del final con la bandera de la última carga antes de ir a la prórroga.

En el primer tiempo del tiempo extra no hubo penas ocasiones. El segundo despegó con una jugada trepidante por la derecha que culminó Raúl García con duro derechazo repelido por Leno. Emergió Arda en ese tiempo colosal, inexplicable desde su físico para aguantar 120 minutos y ser el más destacado en la recta final agarrado al balón y a su cintura caliente. Respondió el Leverkusen con otro zapatazo lejano de Rolfes que silbó a la escuadra derecha de Oblak. Torres desvió en plancha de cabeza un centro de Juanfran al que respondió otra vez bien colocado Leno. Fue la última ocasión antes de esos penaltis que cerraron una noche inolvidable para el Atlético.

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