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La última pausa del 10

Riquelme, uno de los últimos ejemplos de la visión romántica del fútbol, se retira

Riquelme saluda a los aficionados de Boca
Riquelme saluda a los aficionados de BocaALEJANDRO PAGNI / AFP

“Mire míster, yo sé jugar de una sola manera; hay otros compañeros con más capacidad para hacer lo que usted me pide. Ponga a alguno de ellos, le prometo que no voy a protestar”.

 Corría 2002 y en su segunda etapa como entrenador del Barcelona, Louis Van Gaal se había encontrado con un enigma futbolístico que le resultaba indescifrable. Era el fichaje-estrella de la temporada, quien debía compensar la llegada de Ronaldo al proyecto galáctico del Real Madrid, pero no encajaba en su cuadrícula y la solución que encontró para el dilema fue acomodarlo como extremo izquierdo. Pero entonces el personaje dijo que no, aunque aquella negativa le costara dejar el club unos meses más tarde.

Riquelme alza la copa Libertadores de 2001
Riquelme alza la copa Libertadores de 2001NAHUEL ROARK / EFE

Juan Román Riquelme (Buenos Aires, 36 años) ha sido un futbolista a contramano de los tiempos. Porque entendió el juego con conceptos que remiten a una época de pelotas de tiento cosidas a mano y platos de tallarines antes de ir a jugar. Y sobre todo, porque mantuvo la firmeza en sus convicciones contra viento y marea, sin traicionarse y sin reparar en otras consecuencias que no fueran el propio placer. “Quiero que me recuerden como alguien que intentaba jugar bien a la pelota”, subrayó el domingo por la noche, en la entrevista televisiva en la que anunció su retirada.

Fue como un tsunami. De pronto, la patria futbolera argentina se olvidó del superclásico de verano que Boca le había ganado 1-0 a River 24 horas antes, del mercado de fichajes y de cualquier otro tema. Las redes sociales se inundaron de mensajes con el hashtag #GraciasRoman y al fútbol lo invadió la nostalgia. Porque más allá de la idolatría de los hinchas del Boca —que lo declaran por escandalosa mayoría “el 10 más grande de la historia del club”, muy por delante de Maradona—, la sensación es que se marcha uno de los escasos ejemplares de una especie en extinción: la de los estrategas, la de los sabios.

Riquelme recibe instrucciones de Van Gaal en 2002
Riquelme recibe instrucciones de Van Gaal en 2002DIARIO AS

Heredero directo de la larga lista de cracks que incorporaron a su ADN el viejo axioma de que “en el fútbol, la velocidad está en la pausa”, Riquelme fue, durante sus 18 años de carrera, un provocador. Parco en palabras, se enfrentó a un sistema cada vez más demandante de esfuerzo, sacrificio y vértigo con el simple argumento de pisar el balón y congelar el tiempo para encontrar el hueco para el pase exacto o el remate justo.

Se enfrentó a un sistema que demandaba esfuerzo y sacrificio con el simple argumento de pisar el balón

Y con ello, además de deleitar la mirada del observador neutral, sumó resultados suficientes como para que nadie pudiera catalogarle de ineficaz. Bajo su batuta, la Argentina fue campeón del mundo sub-20 en 1997 y de los Juegos en 2008, Boca vivió la etapa más brillante de su historia con una decena de títulos, y el Villarreal quedó a las puertas de la final de la Champions en 2006. Gracias a sus asistencias, Martín Palermo o Forlán alcanzaron cifras goleadoras inauditas.

Lehmann detiene el penalti que hubiera dado al Villarreal el pase a la final de la Champions en 2006
Lehmann detiene el penalti que hubiera dado al Villarreal el pase a la final de la Champions en 2006CARL DE SOUZA / AFP

Por supuesto, la carrera de Riquelme también tuvo sus sombras. Al margen de su paso de puntillas por el Barça, al ídolo del Boca le quedó la deuda de consolidarse y lograr algún éxito grande selección absoluta de su país. En su periodo de máximo esplendor no pudo encajar con Bielsa. No brilló lo esperado en Alemania 2006, su única participación en un Mundial. Y por fin, abandonó el equipo tras enemistarse con Maradona antes de Sudáfrica 2010. Sus críticos, que los tuvo en cantidad, le calificaron entonces de “pecho frío”, de “triste”. No le importó. Como tampoco le interesaron las opiniones de prensa y público cuando decidió defender sus ideas ante dirigentes, discutir decisiones de entrenadores —su lista incluye a Pellegrini y Falcioni, Maradona y Van Gaal—, o imponer condiciones dentro del vestuario. Ni aceptó las presiones de la poderosa barra brava del club. A todos ellos, Riquelme les dibujaba una sonrisa el domingo, "el día más lindo de la semana", según dijo en la entrevista en la que anunció su marcha.

En el último semestre, tras una tempestuosa salida del Boca, Román jugó en el Argentinos Juniors, el club de sus inicios, para colaborar en su retorno a la Primera División. Ahora, una vez logrado el objetivo, decidió el "no va más".

El cierre, como no podía ser de otro modo, también fue diferente. A contramano de un sistema que invita a los ilustres veteranos a agotar sus carreras en destinos exóticos, "el último 10" rechazó ofertas de Brasil, Colombia, Paraguay y Estados Unidos y en una noche cualquiera de verano anunció que pisaba la pelota por última vez, que hacía la pausa definitiva. Y en la patria futbolera argentina se abrió un vacío que, como dice el tango, hoy parece "imposible de llenar".

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