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Las emociones de Nadal

El español, que llega sin victorias y rodeado de dudas, debuta esta madrugada ante Youzhny

Nadal ejecuta un drive durante un entrenamiento. Ampliar foto
Nadal ejecuta un drive durante un entrenamiento. AFP

Tensión. Presión. Falta de automatismos. Óxido en la raqueta. Todo eso acompaña esta madrugada (no antes de las 04.00, Eurosport) a Rafael Nadal en su debut en el Abierto de Australia, contra el ruso Mikhail Youzhny.

El campeón de 14 grandes llega a Melbourne sin ninguna victoria oficial en 2015. Con solo ocho partidos disputados desde julio de 2014. Sabiendo que le falta el ritmo ideal. Sin embargo, a los 28 años Nadal es un gigante del aprovechamiento de sus recursos. Un camaleón. Superados los problemas físicos que le detuvieron en 2014 (espalda, muñeca y apendicitis), su meta es recuperar la movilidad y su reto es enfrentarse a las preguntas que rodean su cabeza, fantasmas listos para tumbarle en los momentos de duda. Nunca nadie gestionó mejor el estrés competitivo. Nunca, tampoco, se encontró Nadal en una situación parecida: debutar en un grande sin haber sumado victorias antes.

Al no jugar se pierde dinamismo. Te pones como un tronco. Por eso en los entrenamientos intentamos hacer situaciones de desplazamientos más reales

Francis Roig, asesor técnico de Nadal

“Ha optimizado su capacidad de juego, la conciencia de sus puntos fuertes y débiles. Adaptar su cabeza y sus ojos a lo que pueden aportar sus piernas”, explica Joan Forcades, preparador físico del mallorquín, cuando se le pregunta por lo que ha ganado y perdido su pupilo con el paso de los años. “Ahora vive más de las capacidades coordinativas y cognitivas que de las condicionales. Aunque su punto fuerte es la gestión de las emociones en competición”.

Y, precisamente, Nadal juega ahora contra el vértigo de lo desconocido. Contra la ansiedad del que lleva tiempo sin ganar y lo quiere ganar todo. Contra el miedo a saber y no poder. Contra ese segundo perdido en el desplazamiento que antes se daba por seguro. Para enfrentarse a todas esas emociones están su cabeza y Toni Nadal, su tío y técnico. Para afinar su maquinaria, Forcades y el fisioterapeuta Rafael Maymò, que han visto cómo el campeón de 14 grandes ha vuelto una y mil veces de lesiones que habrían retirado a cualquier otro. “Siempre buscamos mejorar su capacidad de juego”, explica Forcades. “La preparación física ha evolucionado en función de las necesidades de Rafel y en sinergia con la dinámica y el patrón de juego que perseguía como objetivo en cada etapa. Las lesiones han sido experiencias para intentar mejorar como persona y como competidor deportivo”, cierra.

¿Y qué busca mejorar ahora Nadal, el competidor de los competidores? Las reacciones. Los automatismos. El juego de pies para desplazarse con ligereza de una esquina a la opuesta.

“No jugar hace que cueste más seguir los puntos, se pierde mucho dinamismo”, explica Francis Roig, el técnico que acompañó a Nadal en el torneo de Doha, donde perdió a la primera en individuales y ganó en dobles. “Te cuesta más. Te pones como un tronco”, subraya. “En los entrenamientos intentamos hacer situaciones de desplazamientos más reales, en las que tuviera que llegar más forzado, para ponerse de derecha, volver al centro, jugar… yendo y viniendo todo el rato sin quedarse parado. Es hacer muchas repeticiones con calidad, para luego, en los partidos, encontrar más ligero la posición, más coordinado y elástico, con más soltura y calidad”.

Ahora, Nadal entra en terreno desconocido. Pisa los cinco sets de un grande sin referencias. Como dijo él mismo: “No me considero favorito para ganar aquí (…). Vengo con la máxima ilusión de hacerlo lo mejor posible, pero sabiendo que puede pasar cualquier cosa desde el primer día”.

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