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El Celta se revuelve ante el embrujo

El equipo de Berizzo se vacía para igualar al Valencia un partido que tenía perdido y romper una racha de 727 minutos sin marcar

Rodrigo dispara para hacer el primero del Valencia. Ampliar foto
Rodrigo dispara para hacer el primero del Valencia. AFP

Parecía diabólico al inicio y por momentos fue camino de lo esotérico. El Celta saltó al campo contra el Valencia con la losa de 666 minutos sin marcar en partido de Liga, sin vencer desde que logró el triunfo el primer día de noviembre en el Camp Nou. Sigue sin hacerlo, pero al menos ha vuelto a gritar gol, a recobrar sensaciones similares a las que le hicieron mirar hacia Europa. Todavía en la búsqueda de explicaciones, no fue inferior a un rival que está en ese escalón. Se revolvió contra su fortuna el Celta, lo hizo incluso con fútbol, profundidad y hasta elevadas dosis de orgullo, pero todas las señales que le dejó el partido apuntaban al desastre y por eso dio por buenas las tablas finales: comenzó por despreciar un claro mano a mano ante Alves, marró un penalti mediada la primera mitad y concedió un gol justo antes del descanso. Tuvo el coraje de sobreponerse, someter a un estimable Valencia, empatar un partido y casi ganarlo en una acción postrera en la que entre Orellana y Charles tuvieron la victoria que se escapó rozando un palo. Con todo, para el Celta este punto, el segundo de 24 posibles, debe de marcar un nuevo inicio: en una Liga con tanto mediocre no tiene que mirar hacia abajo.

Celta, 1-Valencia, 1

Celta: Sergio Álvarez; Hugo Mallo (Nolito, m. 45), Sergi Gómez, Radoja, Fontàs, Jonny; Augusto (Borja Fernández, m. 77), Krohn-Dehli, Hernández, Orellana; y Charles. No utilizados: Rubén Blanco, Samu Araújo, David Costas, Álex López y Santi Mina.

Valencia: Diego Alves; Barragán, Mustafi, Otamendi, Orban; André Gomes, Enzo Pérez, Parejo (Javi Fuego, m. 79); Negredo (De Paul, m. 64), Alcácer y Rodrigo (Joao Cancelo, m. 90). No utilizados: Yoel, Rubén Vezo, Filipe Augusto y Carles Gil.</MC>

Árbitro: González González. Amonestó a Charles, Jonny, Rodrigo, Barragán.

Goles: 0-1. M. 42. Rodrigo; 1-1, M. 60, Orellana.</CF>

Balaídos. 19.218 espectadores

Todo el despliegue celeste tuvo réplica en un partido grato de presenciar. El Valencia dejó en Balaídos toneladas de oficio en la primera parte y de coraje para sufrir en la segunda. Atisbó algo de fútbol al final y se echó de menos que recurriese más a sus centrocampistas, proclive como fue a ser directo y saltarse ese pasaje central. Pero Nuno construyó un equipo de hierro al que más allá del fulgor de su potencial ofensivo, que es mucho, le sostuvo un andamiaje sólido, asentado sobre dos magníficos centrales y un meta con carácter, de esos que aparecen para ganar puntos. Una vez más Diego Alves fue decisivo al detener un penalti. En esa suerte, ese cara a cara contra el lanzador, se movió como un funambulista sobre la línea de gol para confundir a Orellana, que ya había dejado pasar una clara ocasión para marcar en el inicio del partido. No resulta sencillo explicar que sucede en el Celta desde hace dos meses, nada es previsible, sólo su desdicha. Que el centrocampista chileno, su mejor futbolista durante ese nefasto intervalo, fuera tras este último partido la cara de su desventura no ayudaba a un entendimiento. Al menos se zafó de ese peso con un buen gol, un tanto que rompe lo que en Galicia se conoce como el meigallo, una cosa de brujas. Porque el Celta jugó bien y no merecía caer. Se armó a partir de una zaga de tres en la que Radoja ocupó plaza como central para jugar en superioridad ante Negredo y Alcácer, trabajó bien en la medular para tapar espacios y le dio una marcha más a su fútbol cuando lo precisó. Pero sufrió por el flanco zurdo. Hacía allí volcó su artillería Nuno en una suerte de asimetría no tanto en el dibujo como en las intenciones. No percuten igual Orban y André Gomes, que caía a la izquierda del ataque ché, como Barragán y Rodrigo. Fue el hispano-brasileño, justamente criado en Vigo y con pasado en el Celta, un puñal. Incisivo sobre todo para trazar diagonales encontró así el gol que adelantó a su equipo en una acción que Fontàs pudo interpretar mejor.

El Celta se ofuscó porque se encontró con que todo le salía mal, se alteró porque el minutero pesa y 70 días sin gol es media vida en el fútbol, pero no perdió el control del partido por más que igual eligiera a veces un ritmo que no le convenía, quizás demasiado perpendicular, un punto apurado. Le imprimió ritmo a sus intentos el Celta, gobernado por Kronh-Dehli, que amenaza con dejar la Liga en junio justo en la madurez de un futbolista fantástico que ha evolucionado de buen extremo a magnífico centrocampista. Con él se activó Nolito, que con problemas físicos durante la semana entró en el descanso y ofreció soluciones relacionadas con su movilidad. Llegó el empate tras un saque de esquina que prolongó Charles en el primer palo para que Orellana embocase desde el segundo. Se plegó el Valencia, superado hasta la frontal. Nuno retiró a Negredo y con un delantero menos consiguió liberar a André Gomes del corsé que le ataba a la línea de cal. Por allí encomendó a De Paul que fuese el espejo de Rodrigo. Puede que fuese por esa maniobra, puede que influyese el desgaste del Celta, pero lo cierto es que el partido se niveló para encarar un final abierto en el que llegase una ocasión para definirlo. La tuvieron los locales, pero no era el día en el que estaban llamados a la victoria. Al menos rompieron una nefasta racha sin marcar que se paró en los 727 minutos.

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