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El Madrid recupera crédito

El líder, con buen juego, dos golazos y ambición con uno menos, somete al Espanyol Marcaron James y Bale, en la primera parte, y Nacho, en la segunda

Coentrao fue expulsado

Bale celebra su gol al Espanyol Ampliar foto
Bale celebra su gol al Espanyol EFE

Con dos golazos y el afán de reclutas como Arbeloa y Nacho, el Madrid despachó a un Espanyol que apenas compareció contra once y se fundió frente a diez. Fue un equipo analgésico para un líder que pedía a gritos un respiro, una jornada de aliño para recuperar el crédito. Y lo hizo con suficiencia. Jugó bien antes de la expulsión de Coentrão al inicio del segundo acto y mejor aún cuando se vio mermado. Nunca le faltó empeño y ambición, y su talento ante el gol fue rebosante. Frente a un adversario que nunca se creyó capaz, el conjunto de Ancelotti gestionó con aplomo el choque, sostenido por la firmeza de Varane, la brújula de Isco, la excelencia puntual de sus actores principales y la tenacidad de sus teloneros. Nada que ver con el tránsito por Valencia y el Manzanares.

Real Madrid, 3-Espanyol, 0

Real Madrid: Casillas; Arbeloa, Pepe, Varane, Coentrao; Isco, Kroos (Khedira, m. 80), James (Nacho, m. 53); Bale, Benzema (Illarramendi, m. 63), Cristiano. No utilizados: Navas, Chicharito, Marcelo, Jesé.

Espanyol: Casilla; Arbilla, Colotto, Álvaro, Fuentes; Víctor Sánchez (Luque, m. 61), Jordán (Stuani, m. 67), Cañas, Montañés; Sergio García (Abraham, m. 81), Caicedo. No utilizados: Álex, Moreno, Javi López, Pau.

Goles: 1-0. M. 11. James. 2-0. M. 27. Bale. 3-0. M. 75. Nacho.

Árbitro: David Fernández Borbalán. Expulsó a Coentrao (m. 52). Amonestó a Fuentes, Cristiano, Sánchez, Arbilla, Montañés.

Unos 80.000 espectadores en el Santiago Bernabéu.

Los goles retrataron lo que fue el Madrid, que no dejó un partido para el museo, pero en una semana de desvelos fue un equipo en el que todos contribuyeron lo suyo. Salvo una jugada episódica de Caicedo nada más comenzar, el líder administró el encuentro con solvencia y decisión. Al mando sin discusión, el primer tanto fue una trenza divina entre Bale, Cristiano y James. Pim, pam, pum. Tres toques de alta escuela. El galés cazó la pelota en el costado derecho del medio campo. De él cabía esperar que Bale jugara para Bale en su patio particular. Advertido por su individualismo extremo en Mestalla –que luego le reprocharía la hinchada tras ignorar a Ronaldo en una contra-, el británico cruzó un pase kilométrico para Cristiano, que enfilaba el pico del área por la vía izquierda. Una asistencia que si ya parecía imposible de controlar, menos todavía de anticipar un gol. El luso, como el elegido que es, tiró de chistera y, en plena carrera, dejó la pelota a su espalda para la llegada de James, que se unió a la sinfonía y sin apaciguar el balón remató de primera a la red.

La segunda diana, no fue coral, sino un solo de Bale. El primer madridista en marcar de falta directa en lo que va de curso. Su ejecución fue, simplemente, perfecta, primorosa. El mejor portero de la historia hubiera hecho lo que Kiko Casilla: echar un vistazo. Bale es discutible por su querencia a mirarse los cordones, pero a su bola suma y suma.

Enfilado el marcador, el Madrid encontró el confort. Nunca se aflojó, ensanchó el campo, remó por los costados y desactivó cada efímero intento del Espanyol, que casi siempre concluía con un centro lateral para que se impusiera Varane, guardián absoluto delante de Iker. Más que presionar, los chicos de Sergio González se mantenían en la sala de espera. Un chollo para el Madrid, agitado por Isco y James, que otra vez tuvieron ida y vuelta, y un goteo de Kroos, que va con el depósito justo y pide a gritos un sosiego.

Bale es discutible por su querencia a mirarse los cordones, pero a su bola suma y suma

Nada hacía prever que el equipo madridista sufriera algún calambre, salvo por algún guiño circunstancial del juego, de esos que tanto abundan en el fútbol. Ocurrió de vuelta del descanso, cuando Coentrão, en una jugada convencional en el medio campo, sin alarmas a su alrededor, se pasó de frenada. Patinó con el trasero en la hierba y empotró las piernas sobre Cañas, que también llegó con todo por el suelo. El árbitro interpretó un peligro de máxima gravedad y expulsó al portugués. Pudo hacerlo poco después con Víctor Sánchez, que pisó la rodilla derecha de Casillas, pero no vio una luz roja y fue menos severo.

Lejos de ser un rival subversivo, el Espanyol se evaporó contra solo seis jugadores dispuestos para defender, cuando aún se alineaban juntos CR, Bale y Benzema. Tuvo mérito el Madrid, que quiso cerrar el duelo antes de refugiarse. Disminuido el conjunto local, el Espanyol recibió una catarata de contragolpes. Se agigantó aún más Isco, y Benzema, CR y Bale se quedaron a un dedo de bajar la persiana definitivamente. Una acción favorable había dejado para siempre en la lona al conjunto perico, que asistió contrariado a una réplica inopinada. Porque Nacho, que había salido para apuntalar el andamiaje defensivo, comenzó a ventilar al Madrid en ataque. No se cortó Arbeloa por la banda izquierda. El mundo al revés, dos zagueros que no han hecho carrera por sus dotes ofensivas percutían y percutían contra el Espanyol. Justicia poética, ambos encontraron su premio. Isco abrió el horizonte para Arbeloa, que llegó como un tiro al área y su centro al segundo palo lo embocó Nacho. Los dos laterales habitaban cerca de Casilla. Señal de la codicia madridista, de un equipo que expuso por igual talento y voracidad. El fútbol necesita de todo.

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