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“Son los que tiraron al río a Jimmy”

Dos de los 41 detenidos en la Operación Neptuno arrojaron al Manzanares al hincha gallego tras ser apaleado

Ambos son amigos, del Frente Atlético, y uno tiene antecedentes penales

Concentración de aficionados en el lugar en el que lanzaron al Manzanares al ultra del Deportivo
Concentración de aficionados en el lugar en el que lanzaron al Manzanares al ultra del Deportivo

Uno se llama Ismael y otro Sergio. Uno es de Parla y otro, de Alcobendas. Uno tiene 33 años y otro, 21. Uno es taxista y al otro no se le conoce oficio. Pero a ambos les unía el Frente Atlético. Eran viejos amigos de la grada del Fondo Sur, coreadores de cánticos y colegas de cañas en el bar Duratón, el cuartel general de los ultras rojiblancos. Dos tipos del núcleo duro. Ambos han sido detenidos, según fuentes de la investigación, “por ser los que lanzaron al río Manzanares a Francisco Javier Romero Taboada”, después de que el hincha de Riazor Blues, de 43 años, hubiese sido apaleado mortalmente. “Ni le conocían”, aseguran fuentes cercanas a la investigación. El ultra gallego fallecía horas más tarde en el hospital por una hemorragia craneoencefálica y el estallido del bazo, según reveló la autopsia.

Los agresores no conocían al ultra gallego, según fuentes cercanas a la investigación

Ayer ascendieron a 41 los detenidos en la llamada Operación Neptuno, desarrollada por la Brigada de Información de Madrid y que comenzó el pasado 30 de noviembre, el día de la brutal reyerta que enfrentó a ultras del Atlético de Madrid y del Deportivo de La Coruña. Enemigos acérrimos por tener ideologías opuestas. De extrema derecha los madrileños y de extrema izquierda, los gallegos.

La policía arrestó también ayer a otros cuatro miembros del Frente Atlético en Gijón, asímismo ultras del Sporting (Ultra Boys). Estos habían venido expresamente a unirse a sus colegas de hinchada para batirse en un duelo a muerte con los deportivistas y se alojaron en el vecino Hotel Praga. Además, fue detenido otro hombre en Parla.

Pese a que las informaciones iniciales hablaban de que todos los nuevos inquilinos de los calabozos de la comisaría de Moratalaz —incluidos un militar y un guardia civil de Rivas Vaciamadrid— eran varones del Frente Atlético de hasta 47 años —dos menores fueron puestos a disposición del Grupo de Menores—, ayer se supo que entre todos ellos hay una mujer de 23 años. Una antigua conocida de la policía, que ya la fichó hace un año por estar implicada en una trifulca entre los propios miembros del Frente Atlético en el Duratón el pasado 31 de diciembre. La escisión existente entre los que apoyaban a los Ultrasur —también de extrema derecha y expulsados del Bernabéu— y los que no querían saber nada de los radicales del Real Madrid acabó en una fea escaramuza dentro del local, en la que ambos bandos midieron sus fuerzas y dejaron patente la división interna que pervive en el seno del Frente hasta hoy.

De las declaraciones de los arrestados se desprende que, aunque no hubo macroquedada, “sí hubo grupos que quedaron entre sí”, según revelan fuentes policiales. La investigación, que se ha centrado en los vídeos grabados por cámaras de seguridad, viandantes y vecinos de la zona, y en los móviles de los supuestos participantes en la reyerta, sigue abierta y no se descartan nuevas detenciones, puesto que esta es “la primera fase”.

La descomunal refriega —con palos, armas blancas y puños americanos incluidos— ocurrió a primera hora de la mañana del último domingo de noviembre. En las inmediaciones del Vicente Calderón, centenares de ultras del Frente Atlético esperaban armados hasta los dientes la llegada de los dos autobuses con hinchas del Deportivo. Pese a la descomunal pelea, que pilló a la policía completamente fuera de juego, el partido se jugó a las 12.00 como estaba previsto.

Los hechos han marcado un punto de inflexión en la gestión de la seguridad de los eventos deportivos, principalmente futbolísticos. Las últimas semanas han servido para poner de manifiesto el error de cálculo que llevó a la Comisión Antiviolencia del Consejo Superior de Deportes e Interior a no calificar el partido de alto riesgo. También han dejado patente, aunque los Riazor Blues hicieron lo posible para evitar ser detectados burlando los controles de entradas comprándolas a trevés de peñas, que la información no fluyó ni se interpretó correctamente, puesto que existieron informes “poco consistentes” —en palabras de los máximos responsables de la Seguridad— y llamadas que alertaban sobre la posible llegada a la capital de “unos 50 ultras del Deportivo”. Por último, rodaron las cabezas de sendos responsables de seguridad de los respectivos clubes relacionados con la trifulca y está pendiente de aprobarse el lunes próximo —si el presidente de la Federación Española de Fútbol (FEF), Ángel María Villar, se presenta— una batería de medidas antiviolencia en el fútbol, que pretende erradicar cualquier manifestación agresiva (verbal o física) de los estadios.

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