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Michael Garcia, de Wall Street a ‘sheriff’ de la FIFA

El responsable de investigar la designación de Qatar 2022 tiene una larga experiencia judicial en Estados Unidos

Michale Garcia, en julio de 2012.
Michale Garcia, en julio de 2012. AFP

El que era considerado el sheriff de Wall Street lo es ahora de la Fifa. Michael Garcia, de 53 años, es el encargado desde hace dos años de investigar los supuestos sobornos en la designación de Qatar como sede del Mundial de fútbol de 2022. Este reputado jurista de origen hispano tiene en sus manos el futuro de la mayor organización del mundo del fútbol.

Experiencia en empresas de ese calado no le falta a Garcia, hijo de una familia humilde de las afueras de Nueva York. Durante sus 16 años en el sector público -entre 1992 y 2008- trabajó como asistente y luego como fiscal general en la oficina del distrito sur de Nueva York, una de las más prestigiosas de Estados Unidos, y en los departamentos de Seguridad Interior y Comercio bajo la Administración del republicano George W. Bush. Hace seis años abandonó la Fiscalía por un puesto de socio en un importante bufete de abogados en Nueva York.

En mayo de 2011 Garcia -cuya esposa es agente del FBI y con la que tiene tres hijos- sonó con fuerza como candidato a la dirección de la agencia policial, pero el presidente de EE UU, Barack Obama, optó por alargar el mandato del director actual. Un año después, en junio de 2012, se convertía en el máximo responsable del comité ético de la Fifa, un nuevo puesto creado al calor de las extendidas acusaciones de irregularidades en la la designación de Qatar 2022.

Su misión es “no dejar ninguna piedra sin levantar” en su cruzada por descubrir si se produjeron negligencias, lo que le ha hecho labrarse un buen número de enemigos en la organización que intentaron, sin éxito, desbancarlo de su puesto el pasado marzo.

“Como fiscal, mostró que era justo y tenaz”, afirma Preet Bharara, su sustituto en la oficina del distrito sur de Nueva York, en el que se ubica el epicentro financiero de Wall Street. “Estoy seguro de que está llevando todas esas cualidades al trabajo que hace hoy”, añade en una respuesta por correo electrónico.

Durante su etapa judicial, Garcia impulsó varias investigaciones de renombre. Como asistente en la oficina del fiscal entre 1992 y 2001 participó en varios casos de terrorismo, como los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York en 1993 y a embajadas de EE UU en África en 1998. Más tarde fue vicepresidente para América de Interpol, y en 2001 entró a trabajar para la Administración Bush. Durante cuatro años se encargó de supervisar las limitaciones de exportaciones de armamento y el cumplimiento de protocolos contra el blanqueo de dinero.

Hasta que en 2005 cumplió uno de sus grandes sueños y fue designado con el mayor cargo de fiscal en Nueva York, con más de 250 abogados y ocho condados -entre ellos Manhattan- bajo su control. Durante ese período volvió a generar grandes titulares de prensa y suculentas polémicas, sobre todo por su decisión de no presentar cargos contra Eliot Spitzer, exgobernador demócrata del estado de Nueva York, por su implicación en un escándalo de prostitución que le llevó a dimitir a comienzos de 2008. La oficina de Garcia había iniciado la investigación de los pagos que efectuó Spitzer, pero finalmente desestimó ir más allá porque no había “evidencias suficientes de que cometiera alguna infracción relacionada".

Garcia hizo de la lucha contra la corrupción su mayor prioridad, pero sus críticos lamentan que no impulsara ninguna investigación de calado contra las negligencias financieras que empezaron a aflorar en 2007 y 2008, en la antesala de la crisis económica. Eso sí, demostró que no le tiembla el pulso al enfrentarse a grandes organizaciones al destapar conductas fraudulentas en el programa de la ONU de petróleo por alimentos. Ahora se vuelve a enfrentar a un gigante, en este caso la FIFA. Al dejar el cargo a finales de 2008 dijo que “en cada decisión intentas buscar la equidad, al final tratas de que se haga justicia”. Solo el tiempo dirá cómo acaba su cruzada.

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