Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Anand caza a Carlsen y remonta

El indio gana por primera vez en cuatro años al noruego

Magnus Carlsen contra Viswanathan Anand. Ampliar foto
Magnus Carlsen contra Viswanathan Anand. AP

Viswanathan Anand ganó por fin a Magnus Carlsen, por primera vez en cuatro años. El indio aprovechó el único terreno donde es claramente superior: la preparación de laboratorio, que el noruego evita cuanto puede. Esta victoria iguala (1,5-1,5) no sólo el marcador del duelo que ambos disputan en Sochi (Rusia) sino, sobre todo, el balance psicológico. El campeón tendrá la iniciativa de las piezas blancas este miércoles en la cuarta partida de las 12 previstas.

“La clave está en que el año pasado no pude aplicar ninguna preparación casera, y hoy sí”, explicó Anand, pletórico en sus gestos pero muy comedido en sus palabras: “Obviamente, me siento muy satisfecho, pero mañana hay otra partida”. La última vez que el indio ganó al noruego (sin contar las modalidades rápidas) fue el 10 de diciembre de 2010, en el torneo de Londres; esta es la 25ª partida entre ambos desde entonces.

Anand hizo de memoria los primeros 24 movimientos, que había preparado con su equipo de analistas y sus amigos inhumanos (que calculan millones de jugadas por segundo), mejorando lo que otra gran estrella, el armenio Levon Aronián, había jugado frente al británico Michael Adams en la Final de Maestros de Bilbao de 2013. Mientras tanto, Carlsen tocaba de oído, con el problema adicional de consumir mucho más tiempo y energía.

El aspirante, quien además de ser un genio tiene almacenadas miles de partidas y de análisis en su memoria, había logrado así, por fin, llevar la lucha a su terreno fuerte, el de la faceta más científica del ajedrez: la preparación casera. Eso no quiere decir que el campeón no prepare las partidas a conciencia, pero lo hace de manera revolucionaria, muy distinta a lo habitual durante los últimos setenta años: primero piensa en cómo puede salirse de las variantes de apertura más conocidas; cuando tiene una idea, se la comunica a sus analistas, quienes la comprueban con la ayuda de una supercomputadora instalada en Noruega, a la que Carlsen puede acceder a través de su ordenador portátil desde donde esté; si la idea funciona (no falla tácticamente y origina una posición igualada o ligeramente favorable), Carlsen la pone en su recámara para utilizarla cuando pueda.

Ese enfoque incómoda sobremanera a quienes, como Anand, han dedicado miles de horas al análisis casero a lo largo de su carrera, porque les inutiliza todo ese trabajo y les obliga a consumir tiempo desde los primeros movimientos. Pero el estilo revolucionario implica un riesgo: hay tantos caminos muy trillados de empezar una partida que para un humano resulta imposible evitarlos todos. En este tercer asalto del Mundial de Sochi, Carlsen planteó una defensa en principio muy sólida, coherente con su ventaja en el marcador, pero cayó sin darse cuenta en una tela de araña con veneno mortal.

Sin embargo, los genios también cometen a veces los errores propios de las personas normales. En este caso, Anand, quizá por una falta de concentración debida al exceso de confianza, fue impreciso en la jugada 25: optó por salvaguardar a su rey cuando disponía de un golpe certero que hubiera colocado al campeón al borde de la derrota. Carlsen exprimió entonces con virtuosismo sus posibilidades defensivas, pero Anand ya no resbaló más. El campeón, presionado también por el reloj, tuvo que claudicar.

Sería equivocado afirmar que el duelo empieza de nuevo, porque hay una diferencia esencial: Anand está ahora convencido, por fin, de que puede destronar a Carlsen. Y éste siente el aliento del aspirante en el cogote. Tras la derrota, fue muy autocrítico: “Difícilmente puedo hacerlo peor en la apertura. Pero quede claro que él está muy bien preparado, como ya demostró en la primera partida, y además ha jugado muy bien. Cuando algo falla, el único culpable soy yo, nunca mis ayudantes. La clave ahora es que yo no sea autodestructivo. En los duelos, no hay que reaccionar exageradamente ni ante las victorias ni tras las derrotas”.

Más información