El Madrid golea como sea

El equipo de Ancelotti cambia de sistema con Bale por Isco y también arrolla al Rayo

Toni Kroos celebra el tercer gol del Madrid.
Toni Kroos celebra el tercer gol del Madrid.JAVIER SORIANO (AFP)

Bendito debate para este Madrid que discurre entre Isco y Bale, Bale e Isco. O lo que es lo mismo, dos sistemas diferentes con la misma eficacia, igual de demoledores. Con atajos y calma o por la vía directa y a toda pastilla, el Madrid resulta arrollador. Ante el Rayo no hubo excepción y en la vuelta de Bale y el 4-3-3 el equipo también hizo trizas a su rival de turno. Los de Paco Jémez resistieron con gracia y valentía un tiempo, luego no tuvieron forma de echar el freno a este Madrid en versión supersónica.

Por lo que determinan uno y otro, no fue el Madrid de Isco, fue el de Bale en estado puro. Un equipo sin rodeos, menos paciente, más discontinuo al principio, desmelenado y con el turbo a mil por hora en el segundo tiempo. Con el malagueño el juego es más sinfónico; con el galés predominan las aventuras individuales y las revoluciones. Ambos son futbolistas estupendos, pero condicionan los registros. Por supuesto, no cabe desdeñar a Bale, con el que el Madrid conquistó la Décima y con el que golea por igual, porque no hay gente como él o Cristiano capaz de precisar a esas velocidades. Aún sin títulos, con Isco comenzaba a sublimar un estilo basado en el tuya-mía, dame y te doy, toque a toque, la pelota como tesoro. Ahora, quizá el nuevo reto de Carlo Ancelotti sea encontrar un equilibrio entre los dos registros. O saber en cada momento cuál es el menú que conviene. Las posibilidades son infinitas.

Ante el intrépido Rayo de Paco Jémez, preponderó el Madrid del pasado curso, con Cristiano en un ala, no tan centrado como cuando prevalece el sistema Isco, y Bale en el costado derecho. El galés no es alguien que se demore, es un atleta de primera y en cuanto recibe la pelota despega sin miramientos. Atrás, a rueda, quedan los mediocampistas. Y los laterales sienten que deben contenerse más. Los extremos, CR y Bale, no suelen esperarles y tampoco son de los que reman hacia la portería propia. En el último mes y medio nunca se vio a Marcelo tan paralizado en ataque, lo que es más habitual en Nacho, titular esta jornada por el carril derecho.

De entrada, el plan Bale desplegó a un Madrid menos gobernante, pero con el mazo a punto. El Rayo no se arruga jamás, en este equipo el pelotazo es un ultraje. Como muestra, Trashorras, su capitán y medio centro. Juega en el Rayo, pero es el único futbolista de la Liga que le discute a Kroos el número de pases por partido. Pero a su alrededor no hay zidanes y cualquier error penaliza a la encomiable muchachada de Vallecas. Lo advirtió Kroos, que hizo de interruptor cuando sus rivales querían salir de la cueva con la pelota imantada. El alemán conectó con CR, se infiltró por la izquierda y en un pestañeo hizo llegar la pelota donde tenía que llegar, ni más ni menos: a los pies de Bale, que esprintaba a toda mecha por el segundo palo.

En Kroos, que ya lleva seis asistencias en Liga, ha encontrado el Madrid un guía de lujo. En sí mismo es todo un itinerario. Juega de primera, es panorámico. Y estudioso, como prueba que en dos meses de competición ya domine los espacios como medio centro. Su sociedad con Modric promete de lo lindo. Ocurre que ante el Rayo, con el Madrid más segmentado por el juego a campo abierto de sus tres atacantes, el medio campo local perdió el hilo en fases del primer tiempo. El conjunto de Jémez discute con el balón y el Madrid, con un centrocampista menos, tuvo que correr más de la cuenta.

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El equipo de Ancelotti no siempre depende del juego. Los goles le cuelgan, se reproducen en cualquier circunstancia. No hay rival a salvo por mucho que se vea sólido en la batalla. En el mejor momento de los rayistas, Sergio Ramos cazó a la remanguillé un córner y selló su 50º gol con el Madrid. Pirri, Stielike, Fernando Hierro… A esta estirpe pertenece el andaluz. Su acierto, a pocos minutos del descanso, pareció cerrar el partido para el Madrid, que con dos ganchos ya tenía a merced al Rayo. Un gatillazo de James le mantuvo en vilo todo el intermedio. Keylor, al que justo cuando se ha desvanecido el debate sobre Casillas se supone que Ancelotti quiso dar carrete para que tenga rodaje, sacó rápido con las manos. Zé Castro apretó al colombiano, que sufrió un disloque descomunal y donó la pelota a Leo Baptistao dentro del área. Bueno resolvió con solvencia.

Bale dispara a puerta.
Bale dispara a puerta.JESUS AGUILERA (AS)

Llegado el segundo tramo, el Madrid se desató. Con el Rayo a lo suyo, a Baptistao se le escapó el empate por un fuera de juego tan real como ajustado, y la respuesta no se hizo esperar. CR, enredado en muchos momentos, aunque partícipe en casi todos los goles, percutió por la derecha, vio llegar a Kroos y el alemán, desde el balcón del área, armó un remate con el empeine derecho para el que se requiere mucha, mucha clase. El balón, a ras de la hierba, hizo la comba y se ajustó en la red junto al poste izquierdo de Cristian Álvarez. Fin de partido. Tiempo para que el ardor de Pepe desembocara en un tanto de Benzema -tan en fuera de juego como Baptistao- y el broche final de Cristiano, el que nunca falta a su cita. Un churro, una pifia de Cristian Álvarez, pero lo mismo da. Nada que descontar al portugués, que lleva 18 goles en 11 jornadas. Más que 16 equipos de Primera. Sobrenatural. Como este Madrid, el de Isco y el de Bale, que ya suma 42 tantos. Con uno u otro va como un tiro. Este Madrid golea como sea.

Sobre la firma

José Sámano

Licenciado en Periodismo, se incorporó a EL PAÍS en 1990, diario en el que ha trabajado durante 25 años en la sección de Deportes, de la que es Redactor Jefe en la actualidad. Ha cubierto seis Eurocopas, cuatro Mundiales y dos Juegos Olímpicos.

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