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El Madrid más fraternal

El equipo de Ancelotti, firme y con pegada, vence a un buen Villarreal

José Sámano
Cristiano Ronaldo celebra su gol, junto con Benzema, James y Bale.
Cristiano Ronaldo celebra su gol, junto con Benzema, James y Bale.HEINO KALIS (REUTERS)

Un buen Madrid descorchó un partido de calado ante un adversario con mucha sustancia. No fue un encuentro cualquiera, con un Villarreal exigente, que jugó a campo abierto a todo un campeón de Europa. La réplica del Madrid fue estimable: tenso y sincronizado en defensa, equilibrado y delineante en el medio y contundente en ataque. Solo así, con un juego concluyente en todas las líneas, pudo el Madrid desabrochar a un adversario que jamás reculó, que se movió con maña y sin titubeos. No le alcanzó porque enfrente tuvo a un rival de cuerpo entero en el que Carlo Ancelotti va dando con nuevos registros, con intérpretes que cada vez sintonizan mejor. Como ejemplo, James, cada vez más dedicado a la faena, aunque lo suyo, lo que le llevara al Madrid, fuera el frac. Al Madrid también hay que medirle en partidos así, en los que se requiere un fútbol sincronizado y fraternal.

VILLARREAL, 0 - REAL MADRID, 2

Villarreal: Asenjo; Mario, Musacchio, Victor Ruiz, Gabriel; Cani, Manu Trigueros (Dos Santos, m. 67), Bruno, Moi Gómez (Espinosa, m. 60); Uche (Giovani, m. 64) y Vietto. No utilizados: Carlos (p), Rukavina, Pina y Moreno.

Real Madrid: Casillas; Carvajal, Varane, Sergio Ramos; Marcelo (Nacho, m. 75); Modric, Kroos, James (Illarramendi, m. 73); Bale, Benzema (Isco, m. 84) y Cristiano. No utilizados: Navas (p); Arbeloa, Aguza y Chicharito.

Goles: 0-1. M. 32. Modric. 0-2. M. 39. Cristiano.

Árbitro: Undiano Mallenco. Amonestó al visitante Sergio Ramos.

Estadio de El Madrigal. Unos 25.000 espectadores.

Golpe por golpe, pocos, casi nadie, pueden con el Real Madrid, que tiene pies de acero. Lo procuró el Villarreal, más desatado que en la visita reciente del Barcelona. Los de Marcelino intentaron el asalto directo, la mirada al frente, el tuya-mía. Una puesta en escena encomiable, pero improductiva porque su adversario fue mejor en las dos áreas, en las dos esquinas. En el rincón de Casillas, de nuevo titular, los zagueros madridistas fueron un cortafuegos durante todo el partido. En el perímetro de Asenjo, en la otra frontera, los madridistas sacaron el mazo en el primer tiempo, y de red a red el Madrid no se descompuso en el eje, donde supo asociarse, donde todos encontraron una línea de pase.

Hubo partido en Vila-real. Y de los buenos, de aquellos en los que no hay tregua, en los que el más débil se ve fuerte y el más distinguido no se lo cree. Ancelotti recuperó de inicio el 4-3-3, con James en los fogones, con Benzema como guía de ataque y Casillas de protagonista fuera de Chamartín. Cuesta descodificar al técnico italiano, que no interpreta igual al Elche que al Villarreal. O quizá que no mira al rival, sino que indistintamente de quién sea el contrario lo que hace es mecer a los suyos. No tiene otra explicación, y él no la da, que Casillas no esté para medirse a los ilicitanos y sí para el mayor pulso ante el Villarreal, en el que respondió con aplomo. Fuera de casa se siente en zapatillas; en tierra propia se ve un forastero.

Como el caso de Benzema, catalizador del segundo gol del Madrid, el que enfiló a los madridistas hacia la victoria. En una jornada de mayor juego gremial, fue las pocas contras del equipo visitante. James, desde el infinito, lanzó un pase interminable para el francés, que hamacó la pelota, frenó, amagó, levantó las cejas y encontró a Cristiano cerca del punto de penalti. El portugués, que se basta para golear por su cuenta, agradece como nadie la arquitectura de Benzema. El gol de CR, al que una pancarta colgada de una avioneta suplicó su vuelta al Manchester United, sucedió al de Modric pocos minutos antes. El croata, tras una trenza con Kroos en los momentos que mejor transitaba el Madrid, soltó un disparo seco desde fuera del área sin apenas armar la pierna. Un toque de clase.

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Pese a los dos azotes, el Villarreal mantuvo el tipo, con Bruno al mando, Cani de enganche y Vietto y Uche como incordios en ataque. El equipo de Marcelino acampaba cerca de Casillas, pero en el último desembarco siempre irrumpía algún defensor del Madrid. Como Marcelo, que puso el cuerpo de escudo cuando Trigueros cantaba el gol. Requerido en defensa, el cuadro blanco también supo capear en el medio, donde no se precipitó como en otras ocasiones. Fue más conciso que vertiginoso.

Con el viento a favor, ya en el segundo acto, con el Villarreal a lo suyo aunque menos preciso por el cansancio, Ancelotti tiró de pizarra y con la entrada de Illarramendi envidó con un 4-4-2, con Bale por la derecha y el versátil Modric por la izquierda, dos cierres para el guipuzcoano y Kroos. El Madrid perdió arraigo ofensivo, pero mantuvo la templanza. Esta vez no encontró pasillos para cerrar del todo el marcador, pero su acierto estuvo en no agrietarse, en saber manejar un encuentro de mucho calado. Se dirá que no fue tan rotundo, salvo en los dos goles, pero estuvo aplicado y solidario como casi nunca para domar un partido ante un contrario que nunca quiso pasar página. Primero la pegada y luego la solidaridad, vía en la que no se prodiga lo que debiera, salió airoso el Madrid. Ese fue su mérito para contrarrestar los muchos atributos de su oponente.

Marcelino: "Hemos estado blanditos"Foto: atlas

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Sobre la firma

José Sámano
Licenciado en Periodismo, se incorporó a EL PAÍS en 1990, diario en el que ha trabajado durante 25 años en la sección de Deportes, de la que fue Redactor Jefe entre 2006-2014 y 2018-2022. Ha cubierto seis Eurocopas, cuatro Mundiales y dos Juegos Olímpicos.

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