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Mundial de Motociclismo 2014

A Rabat le basta con un interior

El español suma la segunda victoria consecutiva por delante de Márquez y Miller

Rabat celebra su victoria en Misano. Ampliar foto
Rabat celebra su victoria en Misano. REUTERS

A Tito Rabat le inquieta la frialdad de Mika Kallio, su seriedad y profesionalidad, los minutos que pasa buscando conclusiones en ese montón de gráficos que es la telemetría o revisando los neumáticos al concluir cada entrenamiento libre. Porque Rabat solo sabe de darle al gas. Y cada día lo hace mejor. El salto de calidad experimentado en el último año y medio descubre en él a un piloto súper fino y, por fin, constante. Este domingo, además de explotar ese estilo pulido, que tan bien sienta a los neumáticos y que llevó de cabeza al campeón, Pol Espargaró, hace un año, Rabat escogió el momento preciso para atacar.

El de Barcelona se había ido acercando, poco a poco, al finlandés –en cabeza desde que se apagó el semáforo, aprovechando los privilegios de la pole position– y estudió cada uno de sus movimientos hasta que decidió que era la hora: quedaban nueve vueltas y estaba a tres décimas de segundo, se fue aproximando en las primeras curvas, esas que dibujan un zigzag delicioso, y a la que llegó a la cuarta, a la derecha, vio un pequeño hueco y se coló por el interior. Y culminó el adelantamiento en la quinta, también a la derecha, para ganar la séptima carrera del año, la tercera consecutiva.

Porque aunque Kallio, un reloj, siguió tras él sin perder la compostura, tuvo un pequeño susto tres giros después que le alejó del líder (de la carrera y del Mundial): su moto se tambaleó a la salida de una curva y salvó la caída de milagro. Tanto tirar para intentar abrir un hueco le dejó sin neumático trasero: el rendimiento de este cayó tanto en las últimas vueltas que no pudo más que salvar los muebles. También la segunda posición, pues no hubo nadie que les hiciera sombra en Misano a los chicos del equipo Marc VDS, como ocurre últimamente. “Es una batalla psicológica”, concede Rabat.

Ni siquiera hubo demasiado lío por la tercera posición del podio. Después de cinco vueltas el francés Johann Zarco estaba tan lejos de Kallio y Rabat (a dos segundos) que quedó claro que la victoria la definiría, de nuevo, un duelo entre compañeros de equipo. Además, el cuarto, entonces Aegerter, no daba mucha guerra al galo, como tampoco lo haría luego Viñales, que se conformó con ser cuarto. Fue, en definitiva, una prueba algo insulsa (por la escasez de adelantamientos y el reducido número de aspirantes al triunfo), pero muy bien jugada por parte de los dos chicos que se juegan el tipo por el título, tan regulares, tan convencidos de sus posibilidades, tan limpios en el cuerpo a cuerpo. Y la batalla, otra vez, la ganó Rabat, hijo de joyero, que parece haber empezado a cincelar su corona.

 

Moto3: Rins, manos a la obra

Rins celebra su victoria en Misano. ampliar foto
Rins celebra su victoria en Misano. AFP

Àlex Rins se ha puesto manos a la obra. Y no hay quien le frene. Con la victoria de Silverstone, hace dos semanas, y la firma del contrato con el equipo de Sito Pons, que le sitúa el curso que viene en Moto2, el chico de Barcelona ha recuperado las rutinas y la confianza. Va de pole en pole y de triunfo en triunfo, y así, a base de trabajo, se ha hecho otra vez un hueco entre los aspirantes al título. Hoy está a 20 puntos del líder, Miller, poca cosa. Aunque está mucho más cerca su compañero de equipo en la estructura dirigida por Emilio Alzamora, Àlex Márquez, que lo intentó a falta de una vuelta con una maniobra excelente, un interior muy justo, allá donde empieza esa sucesión de curvas rápidas, a la derecha, en el último parcial del circuito de Misano. El chico lo consiguió, pero no pudo defender la posición en la última vuelta.

Su colega Rins es tan pillo como él. Y se las sabe todas. En parte por la experiencia vivida un año antes, cuando luchó por el Mundial hasta la última carrera. Este domingo tenía la memoria fresca. Y no se olvidó de cómo logró ganarle a Maverick Viñales, a la postre campeón de la categoría, el año pasado. El plan era el mismo: atacar en esas curvas rápidas, justo antes de tomar los dos virajes a la izquierda que dan entrada a la recta de meta. Y lo bordó. Se había trabajado la victoria vuelta a vuelta. Desde el primer giro. No le quitó ojo a Miller, que salía desde la pole. Se deshizo de Ajo, segundo en parrilla, tan pronto como pudo; esto es en menos de dos vueltas. Adelantó a su compañero Márquez y dio caza a Miller en un giro más. A la cuarta vuelta ya rodaba primero.

Y ahí siguió. Abriendo distancias. Hasta que alejó a Márquez más de un segundo que parecería definitivo. No lo fue porque el hermano pequeño del campeón de MotoGP recuperó en carrera, poco a poco, la confianza que había perdido durante la mañana, cuando se cayó inexplicablemente durante la sesión de calentamiento. Y así fue recuperando el ritmo y acercándose a Rins, sacándole dos décimas por vuelta. Probó el ataque en el penúltimo giro. Pero no era su día. Así que tuvo que contentarse con el segundo puesto. Que no está mal, sobre todo porque el líder, Miller, aunque se subió al podio lo hizo un escalón por debajo. A más de tres segundos. Y con malas sensaciones. Cometió un error tras cinco giros, cuando vio que se le escapaba Rins. Y quiso recuperar terreno a la desesperada luego, con adelantamientos muy agresivos, marca de la casa. Que le pregunten a Viñales. A pesar de todo fue constante en la segunda mitad de la carrera. Y afortunado. Pues no hubiera subido al podio de no haberse caído Oliveira. Quizá sea la suerte del campeón. Sea como fuere, el final de este Mundial de Moto3 pinta sabrosón.

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