MUNDIAL BALONCESTO | FRANCIA, 65 - ESPAÑA, 52

Orenga y la debacle

La mala gestión de los partidos igualados, los bajos porcentajes de tiro de tres, la rotación de bases y pívots y la participación residual de varios jugadores, elementos para el análisis de una eliminación histórica

El banquillo español en los últimos momentos del partido.Atlas / Alejandro Ruesga (atlas)

“Somos los anfitriones de un sueño y estamos llamados para el triunfo”, rezaba el lema que presidía el escenario al que se subió el seleccionador, Juan Antonio Orenga, el 1 de julio para convocar a sus jugadores al reto mundialista. El sueño se rompió 74 días después tras un partido calamitoso de España en los cuartos de final ante Francia. La estadística no ofrecía escapatoria: 20 de 62 en tiros de campo (18 de 40 en tiros de dos y 2 de 22 en triples); 28 rebotes por 50 del rival, y nueve jugadores, los que participaron en la rotación, incapaces de sumar para el equipo. Del 0 de Pau (el mejor de la selección española a pesar de todo con 17 puntos y 8 rebotes) al -12 de Ibaka o -14 de Marc (irreconocibles con cinco puntos y seis rebotes de aportación entre ambos). Un desplome sin respuesta tras un camino sin agobios. Este viernes el presidente de la Federación, José Luis Sáez, ofrecerá su balance del torneo y aclarará el futuro del seleccionador, cuya dimisión pidió parte de la grada al terminar el partido. La lista de circunstancias para el análisis de una decepción de campeonato es amplia.

‘Goleada’ o derrota

España pasó de ganar los cinco partidos de la primera fase (Irán, por 30 puntos, Egipto +37, Brasil +19, Francia +24, y Serbia +16) y el encuentro de octavos (Senegal +33) por una diferencia media de 26,5 puntos a estrellarse contra el muro francés con 52 puntos en su casillero, la peor anotación en los últimos 44 años. El contraste preside la etapa de Orenga como seleccionador. Desde que cogiera el equipo en 2013, España ha disputado 18 encuentros oficiales (11 en el pasado Eurobasket y 7 en el presente Mundial) con un balance de 13 victorias y 5 derrotas. Todos los triunfos fueron holgados, siempre por más de 15 puntos. Pero todos los partidos igualados cayeron del lado contrario.

La historia se repite. Segunda en el ránking FIBA con 885 puntos, solo por detrás de Estados Unidos (940), España acumuló siete victorias en el pasado Eurobasket de Eslovenia: los triunfos ante Croacia (16ª entonces en la lista) en el debut y en el encuentro por la tercera plaza, ante la República Checa (61ª), Polonia (40ª) y Georgia (50ª) en la primera fase; el de la segunda fase ante Finlandia (48ª); y el de cuartos de final ante Serbia (12ª). Todas victorias contundentes. Todas por encima de los 20 puntos de ventaja –del +21 ante los checos al +36 ante los polacos-. Pero fue incapaz de rematar a la anfitriona, Eslovenia (14ª del mundo), a Grecia (4ª) a Italia (21ª) y a Francia (8ª). Cuatro derrotas en cuatro pulsos igualados.

Equilibrio interior-exterior

“Tenemos que terminar de saber a lo que jugamos. La base de nuestro juego tiene que ser la potencia en la zona, pero sin olvidar otras facetas como el tiro exterior”, apuntó Sergio Rodríguez tres días antes de cerrar la preparación, cuando la falta de puntería desde el 6,75 ya se había revelado como un problema. Solo ante Argentina en el último amistoso (11 de 26) el porcentaje adquirió unas cifras lustrosas. Ya en el Mundial, únicamente ante Brasil (11 de 24) se superó el 37% de acierto, y los apagones desde el perímetro se repitieron en escala creciente del preocupante 2 de 11 ante Senegal en octavos al demoledor 2 de 22 ante Francia en el último partido.

Sergio Rodriguez y Diot, en el partido.
Sergio Rodriguez y Diot, en el partido.G. A. Moreno / Getty

“¿Le preocupa el porcentaje del tiro exterior para los días que sus jugadores interiores tengan dificultades?”, le preguntaron a Orenga en la víspera del partido ante les bleus. “No. Estoy absolutamente convencido de que cuando necesitemos que el porcentaje de tiro exterior sea mejor lo será. Ya entrarán”, respondió el seleccionador con la fe como único argumento. España se va del torneo con un 30,2% de acierto en triples.

La rotación de bases y pívots

Durante la preparación y en el Mundial, Orenga alteró las jerarquías y buscó, sin acabar de dar con la tecla, la cohabitación ideal de los tres bases del equipo. Si en el pasado Eurobasket de Eslovenia el titular fue Calderón, que acumuló casi 22 minutos de media por partido frente a los 20 de Ricky y los 18 de Sergio Rodríguez, en este campeonato Ricky se hizo con el mando y con una plaza fija en el quinteto. Fue el único que brilló con regularidad (20,9 minutos y 5,1 asistencias). Sin minutos para todos, primero se desenganchó Calderón, por participación y sensaciones, y después fue El Chacho el que perdió la pista (0,7 y 1,7 asistencias por encuentro, respectivamente).

Ibaka y Abrines, en el partido contra Francia.
Ibaka y Abrines, en el partido contra Francia.JUAN MEDINA / REUTERS

En la pintura, los hermanos Gasol acapararon los minutos y el protagonismo absoluto del juego de España hasta que su presencia constante en la pista se convirtió en un hándicap para su frescura en el día decisivo. Marc encabezó la rotación de pívots con 26,9 minutos por partido; le siguieron Pau con 26,6, Ibaka con 18,3 y Felipe con 9,4. El reparto más desequilibrado entre los jugadores interiores de los rivales de la selección. Solo el serbio Nemanja Bjelica juega más que los Gasol (28,5 minutos por partido), y nadie participa menos que Felipe. El capitán del Madrid, que reclamó más protagonismo tras el choque de octavos ante Senegal, no jugó un solo minuto ante Francia. Ni la lesión de Pau en los abductores, que le hizo llegar mermado a la cita, ni el pobre partido de Marc (que se perdió varios entrenamientos por su viaje a Barcelona para asistir al nacimiento de su hija) e Ibaka le abrieron un hueco en la secuencia de cambios. “Ya me gustaría a mí que los partidos tuvieran 90 minutos como en el fútbol en lugar de 40, así podrían jugar todos más. Quizá se puede repartir algo mejor, pero no podemos estirar más”, argumentó Orenga para explicar su reparto de los tiempos.

Abrines y Claver, dos enigmas al fondo del banquillo

Después de los partidos ante Irán y Egipto su papel ha sido testimonial hasta desaparecer de la rotación ante Francia. Abrines fue el último jugador en entrar en la lista y llegó al Mundial sin minutos de rodaje con el equipo. El alero de 21 años del Barcelona, que ganó la partida a San Emeterio para completar el puesto de tres en la rotación, sufrió una microrrotura en el tríceps de su brazo izquierdo a consecuencia de un golpe en la víspera del primer amistoso de la gira ante Canadá el 6 de agosto y no apareció en la pista hasta el estreno mundialista 24 días más tarde. Orenga no se planteó en ningún momento cortarle y buscar un recambio a pesar de su prolongada baja.“Los tiradores no pierden la puntería por estar unos días parados. El Mundial será muy largo y van a hacer falta todos”, afirmó el técnico.

En el caso de Claver, Orenga apostó por él tras una difícil temporada en la que solo disputó 21 partidos y 183 minutos con Portland. “Ha realizado un gran trabajo individual y se ha mantenido bien físicamente. Está fuerte de cabeza, nos da posibilidades de tres y de cuatro y llega descansado”, argumentó. Finalmente ninguno de los dos adquirió relevancia y la rotación efectiva de España quedó reducida a 10 hombres, nueve ante Francia.

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