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Un chico en el patio de los mayores

El joven Mario Mola llega tercero a la gran final del Mundial de triatlón, en la que el gallego Gómez Noya es favorito

Carlos Arribas
El triatleta Mario Mola en Lanzarote.
El triatleta Mario Mola en Lanzarote.Alberto Lessmann (Red Bull Content Poo)

Aparentemente, según cuentan su vida los que le conocen, Mario Mola, nacido un 23 de febrero, el de 1990, en Palma de Mallorca, es un chico que se hace querer, que se deja querer, uno de esos talentos deportivos que tan raramente van asociados a una personalidad simpática y generosa. En su caso, cuentan sus amigos, sí, y se sorprenden, pues es difícil a veces entender que un competidor nato, un 'matador', pueda no ser a la vez un ególatra perdido, porque, dicen los especialistas, ambos genes, el del campeón y el del punto asocial suelen ir asociados. Y aunque marche tercero en la serie mundial de triatlón, cuya final se disputa este fin de semana en Edmonton (Canadá), y aunque ni siquiera sea el mejor español de la especialidad (el número uno indiscutible, y máximo favorito para ganar de nuevo el Mundial, es el gallego Javier Gómez Noya), y aunque se le pueda considerar como un chico en el patio de los grandes, en el charco en el que pelean a brazo partido Noya y los hermanos Brownlee, mellizos británicos, por encima de todos, no es una exageración definir a Mola como 'campeón'. Y alguien tan exigente como su entrenador, el canadiense Joel Filliol, así lo piensa.

"Mario tiene una gran personalidad, es muy buen chico, amigable, sacrificado y está muy centrado en su carrera, y no hay que olvidar que desde muy joven ha tenido éxito en una carrera en la que ya ha sido olímpico en Londres y campeón mundial junior", dice Filliol, a quien se conoce como el entrenador de los campeones, quien después de dirigir con éxito la preparación del equipo británico para los Juegos de Londres decidió montar su propio grupo de entrenamiento, con Mola y el surafricano Richard Murray como líderes. "Como los mejores triatletas del mundo Mario posee una gran capacidad aeróbica, de resistencia, y un magnífico consumo máximo de oxígeno, pero él destaca sobre todo por su gran fortaleza mental, cómo es capaz de tolerar entrenamientos durísimos día tras día [25-30 kilómetros de natación a la semana, y 300-400 kilómetros de ciclismo y entre 70 y 100 kilómetros de carrera a pie] y su actitud, su deseo de ser mejor, de crecer, de seguir aprendiendo y mejorando con la experiencia. La fisiología es importante, y el tiene una gran capacidad fisiológica, pero no superior a otros muchos: la diferencia la marca siendo capaz de dar lo máximo en el entrenamiento y en la competición. Llámalo actitud, o energía positiva que genera a su alrededor y ayuda a sus compañeros..."

"Mario marca la diferencia siendo capaz de dar lo máximo en el entrenamiento y en la competición", dice su entrenador

O su valentía para salir de la rutina, su curiosidad por descubrir qué hay más allá del mundillo de todos los días. Para, como dice él, "iniciar un viaje sin saber adónde le podía llevar". Mola y su compañera, la también triatleta Carolina Routier, se entrenaban en el CAR de Madrid con César Varela, el técnico gallego que hizo grande y campeón del mundo a Iván Raña, cuando una serie de circunstancias les empujaron a aceptar, meses después de haberles llegado, la invitación de Filliol a dejarlo todo y seguirle. Cambiaron Madrid por Canadá y por el lago de Banyoles. Las certidumbres por las incógnitas. "Estaba bien en España, donde hay recursos, pero después de los Juegos, siendo 2013 un año de transición, decidí salir fuera, probar una experiencia nueva", dice Mola. "Madrid no se va a mover de sitio, va a seguir estando siempre allí, pero mi vida no. No teníamos, Carol, mi chica, y yo, nada que perder, pero nos fuimos sin saber qué podría salir del viaje".

No fue esta, sin embargo, la primera elección complicada (y acertada, vistos los resultados: tercero en el Mundial con posibilidades de mejorar en la final, y una victoria, en Londres en un triatlón de Serie Mundial, el nivel más elevado) de Mola en su vida deportiva. La primera fue dejar el atletismo, en el que destacaba como fondista, y en el que, seguramente, habría terminado siendo uno de los mejores españoles en 5.000 o 10.000 metros. "Pero ser el mejor español no significa nada si compites en pruebas de fondo con los mejores del mundo, kenianos o etíopes", dice Mola. "Sin embargo, en triatlón sí que he conseguido llegar a la elite mundial". Para ello, para disputar la victoria a Noya y compañía, Mola debe superar en cada competición un gran hándicap: la mayoría de los mejores triatletas comenzaron como grandes nadadores de fondo que aprendieron después a andar en bici y eran capaces de correr a pie. Un triatlón de distancia olímpica consta de una prueba de natación de 1.500 metros, seguida de 40 kilómetros en bicicleta y 10.000 metros de carrera a pie.

Estaba bien en España, donde hay recursos, pero después de los Juegos, siendo 2013 un año de transición, decidí salir fuera, probar algo nuevo"

El camino de Mola ha sido a la inversa de los mejores, lo que significa que habitualmente sale del agua bastante retrasado respecto a los mejores. "Y con la dinámica actual de la mayoría de las carreras", dice Filliol, "en las que el primer grupo que sale del agua monta una fuga en bicicleta, salir delante es fundamental y determina en muchas ocasiones si Mario puede luchar por la victoria o por un puesto en el podio. Sabiendo eso, en los entrenamientos busco mejorar su eficiencia en el agua, su fuerza. En nuestro programa figura como un objetivo a largo plazo alcanzar la velocidad de los mejores en el agua. Y eso, sabiendo que es de los mejores en la carrera a pie".

"De eso se trata", dice Mola, quien, de acuerdo con su entrenador no planifica sus entrenamientos para alcanzar su máximo en los Juegos de Río 2016, sino para ser mejor semana tras semana, lo que, si se cumplen los ritmos previstos, le convertirá, de todas maneras, en uno de los grandes favoritos para los Juegos brasileños. "De intentar estar cada vez más cerca en el agua. Es en lo que estoy desde hace varios años. Siempre es lo que más me ha costado y a lo que más horas dedico. Ahora ya salgo a 30s de los mejores, no a 1m 15s, como antes. Y no es suficiente, no puedo conformarme. En Londres, cuando gané salí a 6-7s, y claro que se notó".

Dicen algunos expertos que, sin embargo, nunca llegará a ser un gran nadador por su constitución, de hombros excesivamente estrechos. Mola es un larguirucho de 1,78 metros y 60 kilos, cuya espalda poco tiene que ver con los triángulos de otros competidores. "Pero no hay un morfotipo único en triatlón", explica Filliol, quien confía plenamente en la capacidad de Mola. "No es verdad que sea estrecho de hombros para mejorar en natación. En todo caso yo no lo considero un factor limitante, sino una ventaja: hombros estrechos significan también menos peso para la bicicleta y para la carrera a pie, así que, en el fondo, le beneficia".

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Sobre la firma

Carlos Arribas
Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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