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La misión

Lo dijo Pau Gasol en una entrevista y seguro que no ha sido el único que ha utilizado en algún momento este lenguaje para explicar los sentimientos que anidan en el seno de la selección

Paul Gasol machaca ante Kevin Love, en la final de los JJOO de 2012. Ampliar foto
Paul Gasol machaca ante Kevin Love, en la final de los JJOO de 2012. AP

“Tenemos una misión”. Lo dijo Pau Gasol en una entrevista y seguro que no ha sido el único que ha utilizado en algún momento, publico o privado, este lenguaje para explicar los sentimientos que anidan en el seno de la selección española de baloncesto de cara al Mundial que comienza hoy.

La utilización de esta palabra no es inocua o ni mucho menos intrascendente. Por unas cuantas circunstancias, este torneo tiene un enorme significado para los componentes del equipo español, tanto en lo deportivo como en lo sentimental. Lo estrictamente relacionado con la pelota nos cuenta que representa una inmejorable oportunidad para recuperar un trofeo que se consiguió de forma tan justa como sorprendente en Tokio y se perdió en Estambul.

Para ello y salvo sorpresa mayúscula, además de tener que lidiar en su parte del cuadro con compañías peligrosas como Brasil, Argentina, Francia o Serbia, de superarlas le esperará (salvo debacle) en la final EE UU, con un camino mucho mejor asfaltado y cuyo único riesgo es que se mueran de aburrimiento. Lo que nos lleva a otro elemento fundamental para entender la extrema motivación del equipo español.

Desde los Juegos de Pekín, estos jugadores tienen entre ceja y ceja derrotar a los norteamericanos, sean quien sean los que vengan. Saben que lo pueden hacer y bien que lo han demostrado al quedarse dos veces a falta de un pelo. Las sonoras ausencias y el goteo de bajas en los EE UU que se han ido produciendo durante todo el verano no cabe duda de que aumenta las posibilidades, pero sería de locos pensar que un colectivo donde están Rose, Harden, Davis, Curry, De Rozan, Gay y demás es un equipo menor.

Para completar el catálogo de emociones, hay un cierto aire de posible despedida de un generación maravillosa

Por si esto no fuera suficiente, se juega en España. Después del Mundial futbolístico, de donde salimos escaldados, el de baloncesto supone, desde hace mucho tiempo, la segunda fecha señalada de este verano 2014, por lo que la expectación e ilusión resulta indisimulada. Para completar el catálogo de emociones, hay un cierto aire de posible despedida de un generación maravillosa. No existe confirmación oficial, y lo mismo dentro de dos años en los Juegos de Rio estamos hablando otra vez del asunto, pero con los júniors de oro en los 34 años, no es descabellado pensar que no les volveremos a ver al completo. Todo esto termina conformando un cóctel donde entra el juego y el corazón, a los que tendrán que atender nuestros jugadores para poder alcanzar su ansiado objetivo.

A horas de que comience la competición, no hay motivos para la preocupación. España llega perfectamente preparada y engrasada, aun teniendo en cuenta que a los amistosos hay que hacerles el caso justo. Los mejores elogios han ido hacia su juego interior, abrumador por talento, fuerza, inteligencia, centímetros y veteranía. Es la envidia del resto del mundo y el mayor quebradero de cabeza de todos los rivales a los que el equipo español deba enfrentarse.

Por fuera, sin llegar a la contundencia de los cuatro grandes, los recursos son amplios a partir de la velocidad y versatilidad de unos pequeños que son los primeros en entender que, en esta ocasión, mandan los de dentro. Equipo redondo el que tiene en sus manos Orenga, en el que no se echa de menos a nadie y a nada, equilibrado suficientemente, fresco, a la vez que veterano y con una motivación extraordinaria. Tanta que en lugar de buscar un objetivo, se disponen a cumplir una misión.

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