Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La dificultad de controlar un impulso

La psicóloga deportiva Patricia Ramírez invita a Luis Suárez a que pida perdón a Chiellini y que repare el daño ocasionado tras su gesto durante el partido de Uruguay ante Italia

Luis Suárez sujeta sus dientes, tras morder a Chiellini. Ampliar foto
Luis Suárez sujeta sus dientes, tras morder a Chiellini. REUTERS

Hay personas que tienen problemas con el control de los impulsos. De hecho, está descrito el Trastorno por control de los impulsos como un desorden psicológico, y lleva al que lo sufre a ser dañino con él o con los demás. Dentro de este desorden se encuentran conductas como la piromanía, cleptomanía, arrancarse el cabello o el trastorno explosivo.

La persona que sufre un trastorno explosivo suele descontrolar su agresividad y cometer actos violentos desproporcionados con el estímulo desencadenante. Esto quiere decir que responde de forma exagerada a la situación. El hecho de competir, la adrenalina, la garra que tiene un jugador para entregarse por completo, no justifica nunca morder a un rival.

Luis Suárez ya ha sido sancionado en dos ocasiones por esta conducta agresiva. Y esto nos demuestra que en la mayoría de estos casos, el castigo no elimina este tipo de conductas. Un impulso no es un comportamiento planificado, no es fruto de la mala intención, sino de la desinhibición y de no poner en práctica el sistema reflexivo. Dejamos libres nuestros impulsos cuando hay una recompensa o placer inmediatos y no valoramos el daño. La impulsividad es una forma rápida de actuar, sin pensar, más propia de los niños y de las personas que no tienen límites, que de un adulto que debiera estar entrenado para controlar la situación.

La persona con problemas en el control de los impulsos necesita un tratamiento que le enseñe a reflexionar antes de actuar."

La persona con problemas en el control de los impulsos no cambia solo con el hecho de sentirse culpable o tener remordimiento después del acto, sino que necesita un tratamiento que le enseñe a reflexionar antes de actuar. El problema no desaparece confiando en que no vuelva ocurrir o pidiendo perdón. Pedir perdón es el primer paso; el segundo, reparar el daño. Pero lo más importante es educar a la persona para que tenga una respuesta alternativa que le permita liberar su rabia o ansiedad, y que sea antagonista y no agresiva ni para él ni para el rival.

La causa del problema puede deberse desde la neurobiología, hasta problemas meramente conductuales en los que la persona no se ha entrenado para tener límites y saber cortocircuitar la respuesta agresiva. La mejor manera de corregir, es evaluar, diagnosticar y entrenar a la persona para que no vuelva a repetirse.

Patricia Ramírez es psicóloga deportiva.

Twitter: @patri_psicologa

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Más información