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Fábregas, el de los sueños rotos

Cuestionado toda la temporada en el Barcelona, Cesc recupera la confianza y el estatus en la selección

El centrocampista ultima su regreso a la Premier, de la que salió hace tres años

Cesc con Miñano en Washington Ampliar foto
Cesc con Miñano en Washington

Cesc Fábregas salió el miércoles al mítico estadio RFK de Washington, dispuesto a participar en el entrenamiento vespertino de la selección española y se sentó en el banquillo, donde hacia un rato charlaban Xavi y Casillas, a la espera de que el resto del equipo acabara de vestirse con ropa de faena y pudiera iniciarse la práctica. Hacía apenas una hora que había trascendido la conversación, teóricamente privada, entre Del Bosque y Piqué, en la que su amigo anunciaba al seleccionador que el traspaso del centrocampista al Chelsea se había cerrado por 33 millones de euros. Fábregas sabía que las cámaras le seguían, pero dicen en la federación que si con algo puede es con la presión. Puede que tenga el corazón roto, porque el sueño de triunfar en el Barcelona se escapa por segunda y definitiva ocasión, pero en La Roja, todos lo tienen claro y de su rendimiento no se duda. “Es un animal competitivo. Se levantará, como ha hecho siempre. Está bien, está bien”, aseguran quienes mejor le conocen en La Roja.

De rojo, siempre se ha sentido importante, con los ‘gunners’ y con España

Cesc Fábregas, (Arenys, 27 años) renunció al sueño infantil de jugar en el Barcelona porque la vida y el propio Barça le empujaron a marcharse a Inglaterra cuando apenas era un adolescente. Futbolísticamente le cautivó la conversación con Arsène Wenger y vitalmente necesitaba poner tierra de por medio tras la separación de sus padres. Al norte de Londres creció, humana y sobre todo deportivamente, tanto que antes de cumplir 17 debutó en el primer equipo del Arsenal, a los 18 jugó y perdió una final de Champions en París contra el Barça, y a los 21 ya era capitán de los gunners. Por el camino, debuto con 19 años en la selección, días antes de jugar el Mundial 2006.

Mourinho, interesado en el fichaje

El entrenador del Chelsea, el portugués José Mourinho, confirmó a los medios británicos su "interés" por fichar al centrocampista del Barcelona Cesc Fábregas y admitió que está "siguiendo el caso", publican hoy los diarios locales.

"Tenemos interés. Yo tengo interés en analizar la situación. Me parece que él está realmente interesado en abandonar el Barcelona y que está muy interesado en volver a Inglaterra (...) Más allá de eso, no hay nada para nosotros u otro equipo. (...) No es para ahora o para mañana o para antes de la Copa del Mundo", añadió el luso.

El técnico portugués no confirmó que la oferta fuera inminente pero, según ha publicado la prensa británica en los últimos días, el Barcelona puso al de Arenys de Mar (Barcelona) el precio de 33 millones de euros, una cantidad que el club londinense estaría dispuesto a subir hasta 37 millones.

De rojo, Cesc siempre se ha sentido importante, con los gunners y con España. Pero el sueño era el sueño y cuando le llamó Tito Vilanova hizo lo posible, cenas en japoneses londinenses incluidas, por convencer a Guardiola de que sería uno más en el Barça, club que terminó pagando 40 millones de euros para recuperarle. Tres años después tiene el corazón culé destrozado y las maletas hechas para volver a Londres porque el sueño terminó en pesadilla, señalado por todo lo malo en el peor año del Barça en mucho tiempo. Las necesidades económicas del club azulgrana también han resultado un factor determinante en su marcha, al igual que la opinión de Luis Enrique, que tras el regreso de Rafinha, no considera como imprescindible al internacional.

Cesc cura heridas en Washington, camino de su tercer Mundial. “Está tranquilo, se le ve bien, es un tipo que ha pasado por muchas cosas y aunque la situación no sea fácil, lo lleva bien”. “Tiene pinta de distraído, pero es listo”, suele decir Del Bosque.

Rebajó su salario por volver a casa y se va preguntándose qué ha hecho mal. Hay quien dice que es cuestión de estilo de juego, que su ADN es mas british que catalán, pero incluso sus compañeros lo niegan. “Cesc, por talento, puede jugar en cualquier equipo del mundo”, admite Cazorla. Puede que sea por su aspecto distraído que su actitud levante sospechas, que parezca ajeno a la realidad del equipo, pero los que le conocen sabe que sufre como nadie por el Barça. “Es culé desde pequeño”, le reconoce Xavi. Sus compañeros saben que es muy futbolero, aunque en su cuenta de Twitter con frecuencia parezca muy frívolo. U ejemplo: durante la semana de vacaciones colgó una foto en un yate, pero cada mañana y cada tarde se ejercitaba para no perder tono físico.

De hecho, en el Barcelona logró erradicar las lesiones musculares, señal de que se cuidaba mucho más de lo que decía la gente: durante casi todo el curso pasado acudió por las tardes al Camp Nou a recibir tratamiento para estar en mejores condiciones físicas. Hay detalles no explicados que hablan de un compromiso evidente con el equipo. A su familia no le hizo mucha gracia que en vez de comprarse casa cerca de Areyns, en el Maresme, se fuera a Castelldefels. La razón era de peso: no quería arriesgarse a pillar atascos y llegar tarde a los entrenamientos. “Cesc ha pensado en el Barça antes que en él”, dicen sus amigos. “Puede que el problema haya sido que su representante sea inglés y no se pase el día llamando a los deportivos catalanes”, razonan en su entorno. “El club no se ha portado bien con él. Nunca se le ha valorado como se merecía. Es el jugador de mediocampo que ha metido más goles y ha dado más asistencias. Encajaría en cualquier equipo”, señalo Piqué el miércoles antes de desvelar, involuntariamente, que el Barcelona ha llegado a un acuerdo para vender a Cesc. No dijo el equipo, se supone que es el Chelsea, del que se despide Lampard.

La posibilidad de que el jugador recale en el Chelsea fue muy bien recibida por Fernando Torres y Azpilicueta, que podrían ser sus compañeros. “No tenemos un centrocampista de su perfil”, dice Torres. “Es especial. Pocos equipos tienen ese tipo de jugadores, tiene visión de juego y llegada”, reconoce el navarro.

Tiene pinta de distraído, pero es listo”, suele decir Del Bosque de él

Menos le gusta la idea a Pedro. “Entenderlo no lo entiendo. Ha dado gran rendimiento, si finalmente se va sería una lástima. Está contento, centrado en la selección, es un jugador muy completo. Será una lástima perderle. La gente tiene derecho a decir lo que quiera, pero yo no lo entiendo. No entiendo que se le haya considerado culpable, siempre lo ha dado todo, ha hecho una gran temporada por números, marcando goles y dando asistencias. No entiendo en qué se basaron las críticas hacia él, que es un profesional”.

A los 27 años Cesc llevará siempre la espina de no haber triunfado en el Barcelona y el zumbido de los pitos con los que le despidió el Camp Nou en su último partido de azulgrana. Le quedara el consuelo de pensar en Luis Aragonés: “El fútbol son números, eso dejas cuando te vas. En su último año, 55 partidos, 14 goles y 16 asistencias.

La vida es tan extraña que el hombre que involuntariamente protagonizó el incidente que terminó con el dedo de José Mourinho en ojo de Tito Vilanova —su primer entrenador, su mentor en el primer equipo— trabajará seguramente para el portugués. Le queda Brasil para coser su corazón roto.

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