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El Madrid se derrite en el infierno amarillo

El ardor del Maccabi tumba al conjunto de Laso (86-98), que cae por segundo año consecutivo

Felipe Reyes entra a canasta ante Smith y Tyus
Felipe Reyes entra a canasta ante Smith y Tyus afp

Milán era Tel Aviv y el Maccabi rey de Europa. El Madrid acababa de derretirse en un infierno amarillo quedándose por segundo año consecutivo a las puertas de su novena Copa de Europa tras 45 minutos claustrofóbicos para un equipo atribulado entre la bruma del ambiente, la furia competitiva de su rival y el acierto febril de su pequeño base. Tyrese Rice, MVP de la final y héroe en semifinales ante el CSKA, se hizo un hueco en la lista de demonios de la enciclopedia madridista con 26 puntos, cuatro rebotes y dos asistencias que negaron la gloria al conjunto de Laso, a contrapié en la recta de meta tras su memorable recorrido en el torneo. El conjunto israelí levantaba su sexto título continental destartalando pronósticos y estirando su leyenda. Una horda de 9.000 hinchas enardecidos estaban de fiesta.

R. MADRID,86 - MACCABI,98

Real Madrid: Llull (-), Darden (7), Rudy Fernández (15), Mirotic (12), Bourousis (12) —cinco inicial— Reyes (12), Sergio Rodríguez (21), Slaughter (2), Mejri (-), Carroll (5) y Díez (-).

Maccabi Electra Tel Aviv: Ohayon (4), Hickman (18), Smith (15) Pnini (-), Schortsanitis (9) —cinco inicial— Tyus (12), Blu (14), Rice (26) e Ingles (-).

Parciales: 16-15, 19-18, 20-20, 18-20, 13-25 (prórroga)

Arbitros: Crhistodoulous (GRE), Pukl (SLO) y Jovcic (SRB). Schortsanitis, eliminado en el m. 34.

Incidencias: Unos 12.000 espectadores en el Mediolanum de Milan.Unos 12.000 espectadores en el Mediolanum de Milan.

Se esperaba una final dura, trabada e intensa y la realidad certificó los peores vaticinios para el Madrid. La evolución ascendente y los títulos de los blancos en la era Laso hablaban de un equipo que se había licenciado en partidos correosos y laberínticos, pero de nuevo en la cita decisiva por su trofeo más preciado y perseguido tropezó en la misma piedra. La de ser incapaz de desatar su esencia y su estilo ante los grilletes enemigos. El Maccabi fue Olympiacos y Rice se disfrazó de Spanoulis para certificar la derrota madridista.

La contundencia de Schortsanitis en la pintura y la hiperactividad de Rudy desde el perímetro fueron las primeras credenciales que presentaron los finalistas. El alero descorchó el partido con un triple, pero el Madrid falló los siguientes diez lanzamientos a canasta y el Maccabi aprovechó para tomar posiciones. Devin Smith se sumó a la efervescente faena iniciada por Sofo y los de Blatt calibraron los decibelios de su hinchada (7-13, m. 8). Sin embargo, coincidiendo con la salida a pista de Felipe Reyes, los blancos hilvanaron un parcial de 9-0 con seis puntos en la zona israelí aprovechando el respiro de la mole rival. A partir de ese instante, Sergio Rodríguez manejó los tiempos y el Madrid comenzó a carburar.

El primer y único alley-oop de los blancos, protagonizado por Rudy y Slaughter, certificó un estirón de 11 puntos (26-15, m. 14). Pero el libro de estilo del Maccabi no habla de rendiciones prematuras, menos aún tras la inverosímil remontada en semifinales ante el CSKA. Semejante hazaña merecía estirar la resistencia y apretar los dientes. Lo hizo mejor que ninguno David Blu. El baqueteado capitán del Maccabi atajó el impulso de Felipe, aportó soluciones en ataque y en defensa y con nueve puntos, incluido un triple desde ocho metros al borde del descanso, reenganchó a los suyos (35-33, m. 20). Con Mirotic destemplado y Llull desatinado, el Madrid sufría para dar continuidad a su ofensiva y afianzarse en la final. Los de Laso se enredaron progresivamente en los constantes cambios en defensa de la pizarra de Blatt y fue desfigurándose con el paso de los minutos.

Con Mirotic destemplado y Llull desatinado, el equipo sufría para afianzarse

Una trabajada canasta de Hickman mediado el tercer cuarto, consolidó la candidatura del Maccabi para jolgorio de su hinchada (40-41, m. 24). Cada ataque era una batalla, cada rebote una refriega, cada bloqueo una escaramuza, cada movimiento un crucigrama. Con la zona llena de cascotes, desenfundaron Smith y Sergio Rodríguez desde el 6,75 (5 de 10 en triples) para estirar la igualdad en un intercambio de golpes que acabó con empate a 20 en el tercer cuarto (55-53, m. 30). Para entonces, Llull, notable en el pase (ocho asistencias), seguía sin encontrar el interruptor que le iluminara el aro (0 de 6 en triples) y el Madrid sufría ante una defensa agobiante.

Con el arrojo de los elegidos irrumpió en el partido Rice para hacerse con el mando de las operaciones. Bajo su vibrante batuta, el Maccabi ganó dinamismo y torturó en la agitación a los de Laso. No tardó en darle réplica Sergio Rodríguez. El Chacho comenzó a acaparar la posesión ante la ausencia de alternativas y su acierto desde el perímetro mitigó la espesura del Madrid ante el aro rival. Sin embargo, los blancos malgastaron cuatro puntos de valiosa renta y el propio Rice puso el empate a 3m 07s del final (67-67).

Laso recurrió a la zona en la prórroga, pero Rice la desmontó desde el 6,75

Como si de una tanda de penaltis se tratara el desenlace de la lucha por la corona europea comenzó a dirimirse en un trabajado y emocionante intercambio de lanzamientos. Atinaron Tyus, Blu y Rice por Maccabi, mientras Mirotic alternó un acierto y un fallo para dejar al Madrid agarrado a la cornisa (69-73, a falta de 58 segundos). Los de Laso salvaron el match ball con cuatro tiros libres, dos del Chacho y dos de Bourousis (73-73, a 21s). Rice falló el tiro de gracia. Los madridistas, con su presidente Florentino Pérez a la cabeza, celebraron la prórroga como una victoria.

En el tiempo extra Laso recurrió la defensa en zona, pero Rice la desmontó con acierto de relojero desde el 6,75. Dos triples del base estadounidense, una asistencia para el mate de Tyus y un par de tiros libres volvieron a poner al Madrid al borde del precipicio (79-85, a 2m 20s). Imparable, el MVP de la final anotó 14 puntos en la prórroga. No encontraron soluciones los blancos, que se descolgaron entre la ansiedad y la precipitación, obcecados desde la línea de tres (11 de 34) y con sucesivos fallos en el tramo final de Mirotic, Rudy y Carroll. La secuencia de faltas no hizo otra cosa que alargar la agonía. La Novena tendrá que esperar. El cielo de Milán era amarillo Maccabi.

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