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¿Y qué pinta el Giro aquí?

Belfast asusta a la carrera rosa con tiempo gris, lluvia y viento

De izquierda a derecha, los ciclistas Nicholas Roche, Cadel Evans, Rigoberto Uran, Purito Rodriguez, Nairo Quintanay y Michele Scarponi. Ampliar foto
De izquierda a derecha, los ciclistas Nicholas Roche, Cadel Evans, Rigoberto Uran, Purito Rodriguez, Nairo Quintanay y Michele Scarponi. AP

Con un viaje del sol a la bruma gris comienza el Giro, y la gente, lo que en Italia llaman la caravana del Giro, se pregunta: ¿Qué hacemos aquí? En Belfast (donde la guerra civil que acabó el Viernes Santo del 98, se había convertido en una ruta turística con religiosamente obligatorias paradas ante el gran mural de Bobby Sands en Falls Road hasta que la reciente detención del líder republicano Gerry Adams no volvió a revivir triste el conflicto) el cielo está siempre gris y cada dos por tres cae un chaparrón frío que destiñe y hace trapos de las banderolas rosas que quieren dotar de color Giro a la ciudad.

La Guinnes no sabe como en Dublín y cuando no llueve sopla el viento. Los ciclistas se acuartelan en sus hoteles, colocan las cabras sobre los rodillos e intentan revivir, muertos de miedo, mirando tras los cristales de su habitación, lo que puede pasar mañana, en la nocturna, en la contrarreloj por equipos con que comenzará en 2014 la 97ª edición de la carrera. Tiembla Purito, que se ha caído en dos de las tres últimas carreras que ha corrido (pero que se siente fuerte y entero, sin dolores ni secuelas) y tiembla Nairo, que no corre desde los temporales de nieve de la Volta a Catalunya en marzo. Tiemblan todos los que saben que en una contrarreloj por equipos una caída por culpa del viento desata un efecto dominó trágico. Para alguno de los favoritos el Giro se terminará antes de llegar a Italia (en la isla de Irlanda estará hasta el domingo, con una simbólica etapa con final en Dublín que une Armagh, en territorio del Reino Unido, con la capital de la república dividida), advierten los pesimistas, que rezan para que no pase nada.

Tiemblan todos los que saben que en una contrarreloj por equipos una caída por culpa del viento desata un efecto dominó trágico

El Giro pinta de rosa media isla verde (vacas negras por encima de la frontera, marrones al sur, donde la hierba es más esmeralda, explica, poético, el periodista de la Gazzetta Pastonesi) porque los irlandeses, cuestión de imagen, han pagado por ello más de lo que podía haber pagado cualquier ciudad italiana, admiten los organizadores (6,5 millones de euros). Belfast quiere cambiar su imagen, vender su cara acogedora, que empieza, metafóricamente (y obligatoriamente para una ciudad cuyo aeropuerto se llama George Best, el talento hundido), en su Guggenheim, en el gran museo interactivo dedicado al Titanic, construido en sus astilleros, los Harland and Wolff, los más grandes del mundo a comienzos del siglo pasado, y hundido en mares helados erizados de icebergs, camino de Nueva York. El Giro 2014 también empezará frente al museo Titanic, lo que muchos esperan que no sea premonitorio, aunque para la prensa italiana, que no solo se pregunta qué pinta el Giro en Belfast sino, incluso, ¿qué pinta el Giro?, la carrera nace ya hundida.

El Giro 2014 también empezará frente al museo Titanic, lo que muchos esperan que no sea premonitorio

Lo dicen, los periodistas, después de observar cómo en la conferencia de prensa de los favoritos, entre seis elegidos, solo había un ciclista italiano, el viejo Michele Scarponi, y más parecía su presencia fruto de una operación compasiva que efectiva. En la conferencia de prensa se habló mucho inglés, principalmente porque por allí estaba Nicholas Roche, hijo de Stephen, el único irlandés que ha ganado el Giro y al que quieren mucho en Italia pese a la traición con que derrotó a Visentini en el 87, y porque también estaba Cadel Evans, el ganador del Tour del 2011, australiano y favorito de nuevo a los 37 años, pero, sobre todo, se habló español, y no solo por Purito Rodríguez, con quien hay unanimidad (como resume Valerio Piva, quien fue su director cuando quedó segundo, hace dos años, y que ahora dirige a Evans: "Purito merece más que nadie ganar el Giro"), sino también porque en la mesa de seis se sentaban asimismo Nairo Quintana, con el rostro más afilado que nunca, afilado como un cóndor ("pero es porque me he cortado el pelo, no porque esté más delgado", dice) y su compatriota colombiano Rigoberto Urán, segundo el año pasado.

Las casas de apuestas dan favorito por encima de todos a Quintana, pero Purito desconfía casi más de Evans. Con ellos se jugará el catalán Giro la última semana, siempre que ninguno naufrague en el Belfast mal amado, lo que tan bien podría contar alguien como Colin Bateman, el cronista.

Fuente: Giro de Italia y elaboración propia.
Fuente: Giro de Italia y elaboración propia.

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