Precariedad persa

Ni el talento ni el dinero sobra en la selección de Irán, dirigida por un contrariado Queiroz

Irán, en una imagen de archivo.
Irán, en una imagen de archivo. AFP

“Sé de sobra que 31 selecciones querrían jugar contra nosotros”, anticipaba Carlos Queiroz, seleccionador de Irán, antes del sorteo de los grupos del Mundial. No lo tendrá fácil. País futbolero en el que no es difícil completar el aforo de más de cien mil espectadores en su mayor coliseo, Irán transita prisionero de la precariedad económica y sus problemas mundanos. El pasado mes de abril Queiroz convocó a una concentración a 28 futbolistas que juegan en la competición local. El primer día se encontró con once futbolistas, ninguno de ellos portero. Sus equipos no los habían liberado. “Necesitamos trabajar más que el resto de selecciones para competir, pero no es sencillo”, lamentó el técnico luso.

Irán vivió tiempos mejores para su fútbol. Poco rastro queda de la gran selección de finales de los noventa. Ali Daei, Mehdi Mahdavikia o Khodadad Azizi remiten a la edad de oro del fútbol persa. Casi todas las estrellas de aquel equipo consiguieron flanquear la otrora impermeable frontera del fútbol persa y jugar en el exterior.

Queiroz ha tratado de encontrar la categoría que le falta a su equipo en la diáspora

Pero el nivel bajó en cuanto aquella generación se agotó. Llegó ya veterana al Mundial del 2006, donde pasó de puntillas, y cedió el testigo a un grupo liderado por el exosasunista Javad Nekounam, que retrata a un colectivo esforzado, pero con menos categoría. Queiroz ha tratado de encontrarla en la diáspora, en hijos de iraníes nacidos en Alemania como el meta Daniel Davari, que juega en el Eintracht Braunschweig, Askhan Dejagah, extremo del Fulham, Steven Beitashour, un californiano de nacimiento que juega en la MSL con los Vancouver Whitecaps, o el delantero Reza Ghoochannejhad, que compite con el Charlton Athletic tras edificar una sólida carrera en el fútbol holandés, entorno en el que creció, y belga. Con Nekounam de vuelta tras su paso por Osasuna, su excompañero Masoud Shojaei, ahora en Las Palmas, aportan la cuota de experiencia para un grupo que conforma el primer equipo asiático según el ranking FIFA, pero que dejó dudas en un amistoso jugado en marzo en Teherán ante la débil Guinea-Conakry, que le derrotó por 1-2.

Apurado por las previsiones más catastrofistas, Quieroz medita darle galones al joven Sardar Azmoun, un talento de 19 años del Rubin Kazan que ya está en el punto de mira de media Europa

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