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El Celta castiga a una Real que se deja llevar

Santi Mina rescata un punto para el conjunto gallego (2-2) tras jugar en inferioridad medio partido por la expulsión de Aurtenetxe

Castro y Zaldúa pelean por el balón
Castro y Zaldúa pelean por el balón EFE

Faltaba un cuarto de hora y Balaídos enfervorecía con la visión de un equipo con arrestos y fútbol, un grupo esforzado que pelea por salvar la categoría y que con un jugador menos desde el inicio de la segunda parte sometía y encerraba en su área a un rival que pelea por ser quinto en la Liga, una Real que mostró credenciales con un inicio demoledor en el que forzó tres córners en seis minutos y marcó gol en el séptimo. Pero nada achata al Celta, que se comporta con una dignidad que estremece, que carga con uno de esos inconvenientes que lastran a cualquier equipo: tiene problemas en las dos áreas, en la contraria le cuesta marcar, en la propia hace demasiadas concesiones. Y aún así impone su vigor cuando baja la pelota la piso y avanza metros acompasadamente, bien juntas las líneas, con un carácter que se está convirtiendo en seña de identidad del equipo. Dos veces se vio por detrás en el marcador y las dos lo igualó para rescatar a la postre un punto que puede valer oro en la cercana suma final.

Celta, 2 - Real Sociedad, 2

Celta: Yoel; H. Mallo, Cabral (Í. Lopez, m. 70), Aurtenetxe, Jonny; Fontás; Rafinha, Augusto (Orellana, m. 60), Krohn-Dehli, Nolito; Bermejo (S. Mina, m. 60). No utilizados: Sergio, Borja Oubiña, Madinda y Charles.

Real Sociedad: Bravo; Zaldúa, M. González, Í. Martínez, José Angel; Bergara, Zurutuza; Vela (C. Castro, m. 86), Canales (Rubén Pardo, m. 75), Griezmann; y Agirretxe (Seferovic, m. 82). No utilizados: Zubikarai, Carlos Martínez, Elustondo y Granero.

Goles: 0-1, M. 7. Canales. 1-1, M. 36. Nolito, p. 1-2. M. 43. Griezmann. 2-2. M. 81. S. Mina

Árbitro: Estrada Fernández. Expulsó a Aurtenetxe (m. 48) y amonestó a Hugo Mallo, Bermejo, Cabral, Íñigo Martínez, Canales, Zaldúa, Griezmann y Rubén Pardo.

Balaídos. 20.839 espectadores.

El empate le supo a hiel a la Real Sociedad porque le dejó la sensación de que había dejado pasar una magnífica oportunidad para sumar tres puntos. Fue de más a menos porque seguramente era imposible superar el inicio, punzante, vertical, a lomos de un Canales que parecía querer beberse de golpe los tragos que las lesiones le han hurtado durante tanto tiempo. Marcó el talentoso mediapunta cántabro con un chutazo desde fuera del área y su equipo comenzó a dejarse llevar, como si el solete gallego le invitase a disfrutar de un trabajo que todavía no estaba hecho. Se amodorró la Real, perdió la pelota, la mejor noticia para el Celta, que gusta de crecer con ella en los pies y para colmo llegó al empate sin tampoco haberse mostrado en exceso, en un penalti que embocó Nolito y que se larvó en una acción aparentemente inocua en el pico del área de la que Bermejo extrajo petróleo para evidenciar que el excelente central Íñigo Martínez aún tiene que curtirse para evitar pillerías de veterano.

Controlado el partido, igualado el marcador y neutralizado el dominio inicial del rival, no acaba de ser el Celta un equipo fiable. Resulta demasiado sencillo encontrarle un resquicio, una debilidad cuando no tiene la pelota. Por eso volvió a ponerse en desventaja gracias a un clásico, a una de las jugadas más viejas del mundo, un balón largo al corazón del área para que un delantero corpulento, Agirretxe, baje la pelota y remate el compañero. Un gol que hubiese firmado el Motherwell o el Stoke y que embelleció Griezmann con una rúbrica en la escuadra, una acción mal defendida al filo del descanso, completada con un nuevo desastre al regreso porque un zaguero, Aurtenetxe, cometió una imprudencia en campo contrario, salió desbocado tras un mal control y estampó los tacos de una de sus botas en el muslo derecho de Vela. Se fue Aurtenetxe por donde había venido, a la caseta, y pareció apagar las luces del partido, pero el Celta alumbró un final para el recuerdo. Aplacó las tres contras con las que de inmediato trató de intimidarle la Real y mudó al equipo vasco a timorato, a perseguir diez sombras. Con Mina y Orellana de refresco y Rafinha en el eje, el coro celeste impuso su partitura hasta que Santi Mina enganchó un disparo en la frontal e hizo justicia en el marcador. Despertó la Real de su sesteo, pero entonces se escucharon tres pitidos y Balaídos festejó un punto que creyó perdido.

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