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Brasil enfrenta a Romario y Ronaldo

Los exjugadores se enzarzan en una polémica por la organización del Mundial

Romario y Ronaldo juntos en el comité organizador del Mundial. Ampliar foto
Romario y Ronaldo juntos en el comité organizador del Mundial. REUTERS

El clima enrarecido que rodea la preparación de la Copa del Mundo en Brasil, muy alejado de la imagen alegre y festiva que exportaba el país hacia el exterior hasta hace poco, tiene un nuevo síntoma en el agrio enfrentamiento público que mantienen desde hace días dos de sus exfutbolistas más exitosos y queridos: Romario da Souza Faria y Ronaldo Luis Nazario da Lima. Artilleros decisivos ambos en las dos últimas conquistas mundiales de la seleçao (1994 y 2002, respectivamente), amigos en el pasado, representan ahora dos papeles bien diferenciados dentro de la opinión pública brasileña, una metáfora de la grieta ideológica que divide a un pueblo en el que ni siquiera es unánime ya en las calles el deseo de que su país se alce con la victoria el próximo mes de julio.

Romario critica que su examigo no donase 32.000 entradas
a discapacitados

La novela de críticas e insultos entre ambos exdelanteros gira en torno a la organización del evento y la muy controvertida asignación de partidas económicas, que en el último año ha causado una larga serie de manifestaciones, presumiblemente no terminadas, en las principales ciudades del país. Ronaldo, mayor goleador de la historia de los Mundiales, forma parte destacada del Comité Organizador (sin sueldo oficial) desde 2011, mientras que Romario es diputado federal desde el mismo año y en los últimos tiempos se ha convertido en feroz crítico de la organización del campeonato. "Como ciudadanos brasileños, específicamente en relación con la Copa del Mundo, estamos en lados opuestos", dijo Romario en un comunicado emitido esta semana, donde criticaba muy duramente, por ejemplo, "haber gastado 434 millones de dólares en la reforma del estadio Maracaná" [en Rio de Janeiro), "cuando alrededor del estadio hay hospitales chatarra, escuelas precarias y transporte público de mala calidad".

Aunque el hoy diputado (apodado Baixinho por su estatura) no dedicó a su examigo el Fenómeno los fortísimos insultos que dedicó a los máximos responsables de la FIFA hace dos semanas ("Blatter es un ladrón, corrupto e hijo de puta", afirmó), apuntó directamente a Ronaldo al acusarle de incumplir una promesa de donar 32.000 entradas para personas con discapacidad durante el Mundial: Romario tiene una hija con síndrome de Down, y una de sus causas principales en el Congreso ha sido mejorar las condiciones para los brasileños con problemas similares.

“Es lamentable que me responsabilice por cosas que no me competen”, dijo Ronaldo

"Es lamentable que Romario, una vez más, salga al público y me responsabilice por cosas que no son de mi competencia", respondió horas después Ronaldo en un extenso mensaje publicado en Facebook. "Si precisas de mi apoyo, sé más educado la próxima vez", escribió tras asegurar que no fue él el autor de la promesa, sino la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF). Ronaldo explicó que, en 2011, hizo lo que pudo para que la CBF aceptara donar esas entradas y, como portavoz del comité organizador difundió la noticia junto con Romario, pero que no fue él el autor de la promesa, sino la propia Federación.

"Es lamentable ver a Romario, una vez más, responsabilizarme públicamente de cosas que están más allá de mi poder. Será oportunismo con mi imagen o sencillamente ignorancia, no lo sé", prosiguió. El Fenómeno concluyó sugiriendo a Romario que busque en el portal de la CBF los nombres de los actuales dirigentes "a los que puede (y debe) presionar". A este diario no le fue posible ayer obtener comentarios de la federación brasileña sobre este asunto.

Romario, enemistado con la FIFA y también con el legendario y hoy oficialista Pelé, lleva meses criticando los gastos de la organización del Mundial (cuyo presupuesto inicial de 10.200 millones de dólares se ha encarecido ya en un 10%, según el diputado, sin cantidades definitivas conocidas). En junio del año pasado, durante la Copa Confederaciones, cerca de un millón de personas salieron a las calles brasileñas a reclamar por mejoras en transporte, salud y educación, además de rechazar los "excesivos gastos" que el país realiza para albergar el denominado por el Gobierno Mundial de los Mundiales. Además, la polémica ha rodeado la mejora de los estadios de cara al torneo. Unas obras que hasta el momento han costado ya la vida a siete trabajadores.

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