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Adiós al Robaperas

Isidro Flotats, reconocido por un excelente marcaje a Di Stéfano, formó parte del Espanyol de Scopelli y el Barça de las Cinco Copas

De izquierda a derecha. Ramallets, Hanke, Bruguem Seguer, Bosch y Flotats. Abajo: Tejada, Villaverde, Kubala, Moll, Manchón. Ampliar foto
De izquierda a derecha. Ramallets, Hanke, Bruguem Seguer, Bosch y Flotats. Abajo: Tejada, Villaverde, Kubala, Moll, Manchón.

Fue una idea del entonces técnico del Barcelona Helenio Herrera, que tenía poco de romántico y mucho de práctico. “Hará un marcaje especial, individual y por todo el campo”, le conminó el entrenador a Isidre Flotats (Pont de Vilomara, Barcelona; 1927-2014). Al Robaperas –le llamaban así por su barba cerrada, que le confería un aspecto un tanto desaliñado- no le importó sino todo lo contrario, toda vez que era bajito pero de físico imponente, rápido y resistente. Lo sufrió el gran Di Stéfano en su primera visita al Camp Nou. Hasta el punto de que por vez primera no surtió demasiado efecto su fútbol, ese de ir a recoger el balón a escasos 15 metros del área propia, ese de moverse por todo el campo. Ahí estaba El Robaperas, toda una lapa. “Un marcaje que hizo historia”, reconoce su gran amigo Jaume Olivé, director general del fútbol base azulgrana durante los primeros años de Josep Lluís Núñez. Flotats pudo con Di Stéfano y ahora, la edad ha podido con Isidre.

“Listo y culto como era, se ganó el respeto de todos en el vestuario; físico y entregado, también en el campo”, le reconoce Olivé

Sentados alrededor de la mesa del restaurante Farga, la semana pasada charlaban distendidamente Olivé, Lluís Pujol (Pujolet), Félix El Abogado e Isidro, siempre recordando a Oriol Tort, insignia del fútbol base del Barça, y anécdotas futboleras. “Estaba desmejorado, pero la cabeza siempre le aguantó muy bien”, cuenta Olivé. De hecho, fue de esos futbolistas que decidió estudiar arquitectura para tener un futuro al colgar las botas. Aunque su carrera dio para mucho.

Formado en las categorías inferiores del Terrassa y esforzado atleta, Isidre pasó por el Badalona antes de recalar en el Espanyol. Por entonces, más que marcador, era un extremo derecho veloz y muy eficaz para la época, sobre todo porque entonces se jugaba con dos o tres defensas como máximo, porque el fútbol era un tanto estático y los campos, también el material y hasta el balón, eran pesados. Bajo las órdenes del argentino Alejandro Scopelli, famoso porque en los descansos de los partidos hacía inhalar oxígeno a los jugadores, y junto a grandes futbolistas como Celma, Llimós, Eloy, Marcet… lograron la mayor goleada al Barcelona, con un expresivo y sonrojante 6 a 0. Y fue Scopelli el que lo retrasó a lo que entonces se denominaba mediovolante, eje del sistema WM que puso de moda el técnico inglés Herbert Chapman en el Arsenal. Una lesión muscular, una rotura que nunca cicatrizaba, sin embargo, fue su salvoconducto para llegar al Barcelona.

Adiós al Robaperas

Fue Fernando Daucik quien en 1951 se fijó en Flotats, obsesionado por el músculo y la velocidad. “Isidro no se recuperará, es imposible”, venía a decir ante los medios de comunicación el entrenador checoslovaco del Barcelona, que tiraba de otros ejemplos que debieron dejar el fútbol por lesiones similares. En esa época, una rotura de ligamentos o incluso de menisco podía ser definitiva, pues la medicina no estaba tan avanzada. Así que el Espanyol, equipo fuerte y con jugadores de sobra, le dio la baja. Días después, Daucik lo fichó para el Barça, le hicieron pasar por el quirófano y se recuperó de fábula. “Listo y culto como era, se ganó el respeto de todos en el vestuario; físico y entregado, también en el campo”, le reconoce Olivé. Por lo que tampoco tardó en hacerse uno de los capitanes del equipo que pasaría a la historia con el sobrenombre de las Cinco Copas. “Sabía unir al grupo con palabras, pero también con guasa”, añade Olivé. Como esa que le hicieron al portero Valero, célebre por su tacañería. Resulta que la mujer de Valero estaba en estado y los jugadores, hastiados en uno de esos interminables viajes por la carretera, llegaron al acuerdo de gastarle una buena broma. Así, llegados al hotel, le dijeron al camarero que habían llamado de Barcelona para decirle que era padre, que su hijo había nacido. “¡Hombre! Pues ya te invitarás a unas cuantas botellas de champán, ¿no? ¡Y de las caras! Que no falte”, soltó Isidre junto a sus compañeros. Valero, abrumado y feliz, aceptó. Aunque al saber la verdad, cuentan que el enfado fue morrocotudo.

Tras colgar las botas una última temporada en el Mallorca, se dedicó a la construcción para después entrar en la escuela del Barcelona y en el cuerpo técnico del primer equipo con la marcha de Kubala. “Entendió que el fútbol de Centroeuropa se había acabado, que ya había perdido la magia. La moda era HH con su fútbol directo y marcajes férreos”, explica Olivé; “por más que con el tiempo se demostró que eso era una involución más que una evolución”. Años de disfrute y fútbol para Flotats, que siempre entendió el deporte como una necesidad. En su currículo quedan tres Ligas, tres Copas, dos Copas de Feria y una Copa Eva Duarte (antigua Supercopa de España), además, claro, de un marcaje memorable a Di Stéfano.

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