El tormento de los atléticos

Cristiano vuelve a ser decisivo con un gol en el minuto 82 que mantiene el liderato

Cristiano Ronaldo celebra el gol del empate.
Cristiano Ronaldo celebra el gol del empate. CURTO DE LA TORRE (AFP)

La voz del niño resonaba en el andén atestado de viajeros de la estación de Alonso Martínez. “¡A Cristiano hay que ponerle dos tíos!”, decía, envuelto en su bufanda rojiblanca. “¡Dos tíos! ¡Siempre!”. La línea 5 de Metro, la que pasa por el Calderón, mal provista de trenes ayer a falta de una hora para el partido, era un hervidero de seguidores del Atlético. Muchos de ellos iban preocupados. Tenían en la mente el amargo recuerdo de los goles recibidos de Cristiano en los últimos años. Algunos, fabricados de la nada. Un palmo le había bastado al delantero portugués para recibir, armar la pierna, y soltar disparos terribles hacia la lejana portería. Como en el gol que hizo en el derbi de la primavera de 2012, que encauzó el campeonato. Como el remate que intentó en la primera parte del partido de este domingo, en plena zozobra madridista, cuando enganchó el balón a 35 metros del arco y sacó un trallazo. La pelota acabó fuera pero alertó sobre la situación. Cristiano no había recibido apenas un pase. Juanfran, Godín y Suárez le habían apretado hasta sacarlo prácticamente del encuentro. Pero cuando encontró un metro y le dejaron recibir estuvo a punto de sacudir la red y dejar mudo al estadio.

Los jugadores madridistas tuvieron muy pocas ocasiones de destacarse. Cristiano no fue la excepción. Juanfran le dejó su marca en una acción frente al banquillo local. El goleador se quedó tendido, tocándose la rodilla, con la señal sanguinolenta del roce de un taco en la piel. Simeone, de pie en la zona técnica, se volvió hacia Ancelotti pidiéndole el cambio. Una ironía del entrenador rojiblanco, tal vez. Una broma. Cristiano se levantó pero casi no entró en juego. Mientras al Atlético le quedaron energías para ocupar todos los carriles de acceso a su portería ni Cristiano ni Bale encontraron espacios.

Benzema fue el mejor atacante del equipo blanco, el que se deshizo mejor de los marcajes

Benzema fue el mejor atacante del Madrid. El francés se mostró más inteligente que ninguno para bajar entre líneas a ofrecerse y aguantar la pelota para procurar que sus compañeros se agruparan. Ninguno de los madridistas se deshizo con más frecuencia de la pegajosa persecución de los hombres de Simeone ni encontró más soluciones a los problemas que planteó el partido. El primer gol sintetizó el acierto de Benzema. El primer gol siempre es el más difícil y en el último derbi este tanto tuvo un peso especial. Su desmarque por detrás de la defensa, a la salida de un córner a favor, tuvo la cadencia de los movimientos que hacen los expertos. El gol (0-1) fue el primero que el francés le hizo a Courtois después de ocho partidos. Fue un premio. Un premio que el Madrid no supo defender.

Probablemente sean pocos los hinchas que recuerden el gol de Benzema. La memoria se les enturbiará con lo que vino después, con la lluvia, con el jaleo, con las extravagantes decisiones arbitrales, con la remontada rojiblanca. Finalmente, el gol de Benzema quedará sepultado bajo el peso del gol de Cristiano en el minuto 82. Esa aparición de la nada, después de una hora en la sombra, para enganchar un centro que no pudo controlar Bale y dirigir el balón a la red. El 2-2, que vale un punto, y afianza a Cristiano en las pesadillas de los atléticos.

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