La dulce anestesia del Rivas

La capitana Clara Bermejo, tras salir del banquillo, clave en la victoria (65-52) ante el Burgos Por segundo año, se jugará el título con el Perfumerías Avenida

La jugadora de Rivas Ecópolis, Clara Bermejo, durante un lance del partido.
La jugadora de Rivas Ecópolis, Clara Bermejo, durante un lance del partido. TheWangConnection

"Dentro Niqui", observó Clara Bermejo al pisar el parqué, "métete dentro". Hace nueve días que cumplió 31 años, y hace seis que porta la misma camiseta de color rojo, la de su Rivas Ecópolis. La capitana, sabedora de la trascendencia y el eco mediático que aporta una Copa de la Reina para el baloncesto femenino, se echó, otra vez, el equipo a la espalda para estrujar al Beroil Ciudad de Burgos y disolver las dudas, esas que perfumaban el pabellón Jorge Garbajosa de Torrejón de Ardoz (Madrid) al final del primer cuarto. Pero no. Bermejo, de alguna manera, adormeció a su paciente, el Burgos, y llevó el partido a una distancia cómoda, la mítica barrera psicológica de los 10 puntos, por si a las burgalesas se les ocurría dar la campanada.

Bermejo, que afronta su octava participación en este torneo, comenzó el choque desde el banquillo y, con solo 6 puntos, dirigió la batuta ripense con el aplomo y la templanza que atesora el ser la jugadora que más veces ha vestido esta camiseta. Huyó del banquillo tres minutos antes de terminar el primer cuarto, porque lo quiso su jefe, José Ignacio Hernández, al que conoce muy bien, pues juntos formaron parte de la plantilla del Perfumerías Avenida de Salamanca en 2005. "Así, sí", volvió a observar durante otro momento del encuentro, "¿Lo ves Niqui? Tenemos que estar más encima, más encima". A la estrella cántabra de Rivas, Laura Nichols, Niqui , de 24 años, le costó entrar en el partido, por eso Bermejo trataba de motivarla señalando su lugar, la zona. "Ahí, ahí", insistía. Y Niqui, con su 1,90 metros de altura, se fue a casa con 11 rebotes en el bolsillo. Quizá, al principio, el mal momento económico que atraviesa el club, o quién sabe si alguien en la grada, la distrajo, pues, cada cierto tiempo, miraba a su afición con el rabillo del ojo buscando alguna explicación a sus fallos. Y mientras, la capitana, volvía con su retahíla: "Venga va, va", insistía Bermejo tras enchufar un triple y levantar los brazos en alto.

"Estamos, estamos", se dijo tras irse al túnel de vestuarios con una ventaja de once puntos. Regresaron las burgalesas al tercer tiempo con los cánticos de la afición salmantina. La del Perfumerías Avenida. Esa que siempre está hasta cuando no se necesita. Y, mientras rugía un "Buuuurgos, Buuuurgos", el partido se fue. Se terminó. Bermejo regresó al banquillo tras haber hecho su trabajo. Pitaron los colegiados y ella, minutos después, miró a su madre, que estaba en la grada. "Luego te llamo", insistía con el gesto que Ronaldinho hacía con sus manos en la oreja. Antes, por orden de su jefe, se fue a por sus compañeras para ir a saludar a su afición. Ella, sin embargo, se fue a por Laura Gil, que se rompió el ligamento cruzado en enero y vio el partido desde el banco con muletas. "Un bote, dos botes", le dijo sonriendo tras vencer a Burgos por 13 puntos. Y juntas, quien sabe si pensando en la final de mañana frente al Perfumerías Avenida (17.00, Teledeporte) se marcharon por el azulado túnel de vestuarios.

Sobre la firma

Manuel Viejo

Es de la hermosa ciudad de Plasencia (Cáceres). Cubre la información política de Madrid para la sección de Local del periódico. En EL PAÍS firma reportajes y crónicas desde 2014.

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