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España sigue en la tundra

Las estrellas solitarias no salvan el desastre endémico de los deportes invernales

Francisco Fernandez Ochoa en 1972 Ampliar foto
Francisco Fernandez Ochoa en 1972 AFP

España sigue en la gran travesía por la tundra como si los Pirineos y Sierra Nevada fueran una Siberia eterna. Incluso ya con la maldición del cruel cuarto puesto. Pero que Javier Fernández no ganara medalla en absoluto quita su mérito personal, sus dos títulos europeos y su nivel mundial acreditado. Podía fallar porque los detalles, no efectuar los saltos requeridos o con perfección, son más importantes que las caídas. El problema va más allá de una medalla. Es que después de muchos años era realmente la única carta española para los Juegos invernales. Y no todos los buenos aciertan en el sitio oportuno, el día más deseado.

La familia Fernández Ochoa seguirá con su emblemática soledad en el cuadro de honor

La familia Fernández Ochoa seguirá con su emblemática soledad en el cuadro de honor. Y conviene recordar que a la historia se pasa también con su dosis de fortuna. Paco se la jugó en el eslalon de Sapporo 72, donde hizo la carrera de su vida. Lo suyo fue una de las muchas sorpresas que se dan en los Juegos. Sí aprovechó su momento cuando los hermanos Thoeni, sobre todo Gustavo, eran inmensos favoritos. Pero le salió bien. Y su hermana Blanca mereció ganar ya el gigante de Calgary 88, donde hizo una primera manga espléndida, pero se cayó en la segunda. Siempre estuvo mejor que Paco en el nivel mundial y ganó muchas más pruebas importantes que él. Pero sólo cogió el último tren ¡por cinco centésimas! en el eslalon de Albertville 92. La estadounidense Julie Parisien hizo allí el mejor tiempo en la primera manga y lo normal es que la apeara del bronce en la última bajada. Hubiese sido el colmo de la crueldad para la mejor esquiadora española y una de las grandes deportistas de todos los tiempos. Pero saldó sus deudas y se conformó con aquella medalla por un auténtico suspiro. ¿Qué son cinco centésimas? La frustración o la gloria.

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Johann Mühlegg EL PAÍS

Pero en todo caso vale mucho más una épica real, afortunada, que una mentira. Para acabar de rematar los clavos del ataúd español surgió Johann Muehlegg, aquel alemán que parecía un chollo caído del cielo. Se le nacionalizó deprisa y corriendo tras huir de su país. “No me trataban bien”, decía. Por algo sería. Se federó en Murcia, donde la tundra no parece abundar y engañó a todos con el dopaje hasta que el COI le descubrió tras ganar dos medallas. En Salt Lake City 2002 España tocó aún más fondo que con el ciclismo posterior.

La cuestión perpetua es que el deporte invernal español sigue siendo una broma en comparación con el resto. Y eso es lo peor. Muchas modalidades mejoraron con el empujón clave de Barcelona 92, pero la nieve y el hielo siguieron derretidos. Ni siquiera el intento de Jaca de albergar unos Juegos en el Pirineo, funcionó. No porque los Pirineos no sirvan, sino porque el nivel deportivo español ha sido siempre un desastre salvo las gloriosas y puntuales excepciones. La irrupción ahora de Fernández solo viene porque el hielo se desgajó de la nieve, un lastre de horror y misterio, y la nueva presidenta, hija de Juan Antonio Samaranch, gestionó con mucho sentido común (de tal palo tal astilla), el escaso material que tenía. Pero aun así, su caso es comparable con las contadas estrellas solitarias existentes antes de 1992.

Pese al empujón clave de Barcelona 92, la nieve y el hielo siguieron derretidos

Desde el propio COI, empezando por Samaranch, se ha recordado siempre que eran imposibles unos Juegos sin gancho y por algo Barcelona ha desistido de tomar un relevo más descabellado aún con la crisis. España es un país con nieve, pero recreativa. Hay estaciones sobradas, pero ni hay cultura ni necesidad de esfuerzo. Entrenarse en los deportes veraniegos incluso se entiende en los casos que hace años podían parecer insólitos. Pero la dureza invernal, mucho menos. En Sochi se puede comprobar una vez más que la mejoría es casi virtual. Aún se queda por los últimos puestos. Javi es otra cosa. La estrella solitaria, al menos, sí podrá aspirar a tener en la surcoreana Pyeongchang, en 2018, su día de gloria.

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