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Otra vida perdida en el desierto

Eric Palante, piloto belga de 50 años, fue encontrado sin vida por el camión escoba a la mañana siguiente de la quinta etapa, una jornada terrible

Eric Palante, en la salida del Dakar este año. Ampliar foto
Eric Palante, en la salida del Dakar este año. AFP

Encontraron su cuerpo sin vida. Llevaba una Honda y el dorsal 122. Estaba en el kilómetro 143 de la primera parte de la especial, a unos 60 del final. Y allí se lo encontró el equipo del camión escoba, ese que barre la zona de la competición finalizada la etapa en busca de aquellos que necesitan ayuda, que se quedaron colgados por avería o accidente y nadie los rescató. Ocurrió que cuando llegaron en su auxilio Eric Palante, belga, de 50 años, ya había muerto. Eran las 8.30 de la mañana del viernes y el piloto, que competía con una moto de preparación propia y sin asistencia, llevaba allí desde el día anterior. No se sabe muy bien desde cuándo, ni por qué, tan solo que el piloto había pasado por el punto de avituallamiento de agua por la tarde. La organización de la carrera asegura que no recibió ninguna alerta de aquella moto. Nadie debió activar la baliza de seguridad con que va provista cada máquina y que da la voz de alarma; no lo hizo él, ni debió verle ningún otro participante. Además todos los vehículos van equipados con sistemas de localización como el Iritrack y el GPS. No se sabe qué ocurrió, ni por qué fue localizado un día después de dejar el vivac de Chilecito camino a Tucumán.

La zona en la que encontraron el cuerpo del piloto belga, amateur, era una parte muy desértica en la provincia de Catamarca, según explicó el director del Dakar, Etienne Lavigne, que dijo haberlo visto por la mañana. “Él es un hombre muy fuerte y conocía muy bien el Dakar. No era una especial demasiado larga, pero la temperatura era muy alta. No tuvimos ninguna alerta de la moto de Eric en las últimas 24 horas”.

El rally está en el punto de mira estos días. Sobre todo por la dureza de las etapas. La del jueves, en la que pereció Palante, fue una auténtica escabechina. La mañana del viernes se contabilizaban un total de 50 abandonos solo en esa quinta jornada de carrera. Y desde que empezara la competición el pasado sábado en Rosario, con 439 vehículos participantes, apenas quedan 171 en carrera. “Este es un Dakar normal. Estamos en la región de Catamarca, de Fiambalá, conocemos muy bien las pistas, la geografía; pero hubo condiciones meteorológicas extraordinarias”, dice el director de carrera.

Lo que ocurrió durante esa quinta etapa en la primera parte de la especial (la segunda, pues estaba dividida en dos, fue cancelada pasado el mediodía y a partir de entonces la organización se esforzó en recuperar a todos los accidentados esparcidos por la pista) se fue conociendo a medida que regresaban los pilotos que más la sufrieron. Y hubo muchos. Rosa Romero, que rompió el motor de su Yamaha, fue evacuada en helicóptero y confiesa que al sobrevolar la pista vio de todo: "Había motos incendiadas, pilotos accidentados, coches volcados... Un médico de la organización me confesó que nunca había visto nada igual. Aquello parecía Vietnam". Ella se deshidrató, pero reaccionó a tiempo: "Me bebí 4 o 5 camelbacks de agua seguidos". Como también reaccionó José Manuel Pellicer, que se bebió todas las botellas de agua que fueron tirándole los coches que pasaban a su paso. Su Iritrack no funcionaba. Y para protegerse del sol se escondió bajo su chaqueta. Pasó unas 20 horas a la intemperie. El camión escoba lo encontró a medianoche. "Mi única preocupación era que se me hiciera otra vez de día. No lo podría soportar", relata a su regreso al campamento, ya en Salta.

No se sabe muy bien desde cuándo, ni por qué, tan solo que el piloto había pasado por el punto de avituallamiento de agua por la tarde

Otro que sufrió un fuerte golpe de calor fue Enric Martí, a quien localizó, por el volumen de los gritos, Gerard Farrés, que estaba varado y con la moto totalmente chamuscada. Martí (41 años) estaba totalmente ido, sufría alucinaciones y sigue ingresado en el hospital de Tucumán, en observación, pues su mejoría es lenta. Un hospital que colapsaron decenas de pilotos heridos o con deshidratación, según pudieron comprobar miembros de diversos equipos. Allí también se encuentra todavía Gilbert Escalé (21), con contusiones internas tras un fuerte accidente apenas empezada la especial la mañana de ayer. Fue la primera víctima de una etapa infernal.

Antes de llegar a Argentina, Pellicer, en su cuarto Dakar, ya supo lo que le esperaba: "Cuando vi las etapas me dije, prepárate, esto es la muerte. Ha habido dos etapas de 600 kilómetros, muy duras, seguidas de otra de 900 (la quinta). Eso son muchas horas". Además, este año los kilómetros son muy lentos, cuesta más recorrer las distancias, por su complejidad, como advertía Laia Sanz antes de empezar. "Con ver los números y el diseño de las etapas sobra. Estaba pensado para que fuera muy duro", corrobora Marc Coma, líder en motos y tres veces ganador del Dakar. "Las inundaciones de la semana pasada, que dejaron un terreno más roto y difícil y el calor lo han complicado más, pero hay cosas que la organización no puede controlar", añade. "La gente se queja porque se ha olvidado de los dakares duros, pero el Dakar es esto. Que se acuerden de África. La única diferencia es que allí nunca llegamos a 47 grados", asegura Nani Roma, líder en coches.

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