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rally dakar

“¡A veces me faltan manos!”

El piloto andorrano Albert Llovera, parapléjico desde los 18 años, pasa 12 horas al día en un ‘buggy’ adaptado

Albert Llovera frente a su vehículo. Ampliar foto
Albert Llovera frente a su vehículo. EFE

El listado de averías que ha sufrido, las maniobras ingeniosas para solventarlos, son propios del un rally como este: en cada etapa, una aventura. Primero empezó a fallar el freno, otro día rompió la marcha atrás y, casi de inmediato, también el embrague. Albert Llovera es, de momento, el 40º clasificado de 108 coches que siguen en carrera. Y su objetivo es llegar a Valparaíso, destino final del Dakar 2014. Está disfrutando. Se le ve en la cara, pues, aunque van haciendo mella el cansancio y el sueño, se le iluminan los ojos y la sonrisa cuando habla de su buggy y de cómo afronta los contratiempos. Ninguno de ellos tiene que ver con su discapacidad, una duna más que debe pasar cada jornada desde hace años. Este mes de enero quiso hacerlo corriendo por Sudamérica como hace años lo intentó por África.

Llovera (Andorra, 47 años) es parapléjico desde que a los 18 sufriera un accidente cuando estaba esquiando con el equipo olímpico. Había competido en los Juegos de Invierno celebrados en Sarajevo en 1984. Un año después se dañaba la médula. Pocos años más tarde, a pesar de moverse en silla de ruedas, se cambió al motor y empezó a competir en quads. Hoy es uno de los tres pilotos oficiales del equipo L’Ecurie du Coeur (La escudería del corazón), un proyecto benéfico con el que se pretende operar del corazón a niños sin recursos de diferentes países en los próximos tres años. Ellos le dieron la primera oportunidad, ofreciéndole una plaza. Y se decantó por el equipo de Normandía porque le atraía montarse en un buggy y porque la marca de coches con la que corre el campeonato mundial de rallies, Fiat, finalmente declinó el proyecto del Dakar con Jeep.

Si bien hasta noviembre no tuvo claro que, por fin, volvería a una carrera que se quedó con ganas de terminar en 2007, cuando abandonó apenas iniciada la prueba. Habló con Nasser Al-Attiyah, a quien conocía del Mundial de rallies y que ya hacía tiempo que le animaba a volver al Dakar. El catarí puso lo que le faltaba y Llovera viste su coche y decora su mono con el logo y el nombre del país de los emiratos.

El piloto Albert Llovera. ampliar foto
El piloto Albert Llovera.

“Se cerró todo con prisas y por eso tengo los problemas y el coche que tengo, porque no lo he probado apenas. Todavía no sabemos por qué, pero el coche tiene un 25% de frenada. El segundo día no lo pasé tan mal, la especial estaba hecha para los buggies. ¡Iba a toda castaña! Era bastante ancho y yo en arena tiro mucho el coche, voy a 180 y si no tengo frenos, paro con el propio coche, cruzándolo, a la deriva. Mi copi (el francés Arnaud Debron) flipaba”, narra entre risas. Pero en la tercera etapa, más montañosa, no podía hacer lo mismo. Se lo tomó con más calma. Además, también rompió la marcha atrás. Y un poco más tarde el sistema de embrague, que se había mojado. “Así que ahora tengo un sistema de embrague secundario, una palanca. ¡A veces me faltan manos!”, suelta.

El coche en el que pasa unas 12 horas al día está adaptado. Tiene el volante convencional y, además, otras dos circunferencias algo más pequeñas: una va por encima, es el acelerador, y solo hay que apretar; la otra va por detrás y es el freno. “Cojo el volante con dos dedos, freno con los dos últimos y acelero con el pulgar; con la mano derecha reduzco, llevo un cambio de marchas secuencial”, explica. Es el mismo sistema que utiliza en los rallies. Además, en el coche, donde a un lado están los depósitos, al otro lleva su silla de ruedas con las patas recortadas. “La hemos arreglado como si fuera una silla desmontable. ¡Si no, no cabemos todos en el coche!”.

Su equipo trata de hacerle la vida más fácil, ha adaptado un espacio a modo de caravana con baño, ducha y una zona para montar el colchón donde duerme. Llovera afirma sin vacilar que si no hubiera tenido el accidente de esquí, hubiera corrido esta carrera igualmente, en moto. “Tuve un amigo que corría en moto y fue campeón de Europa de 250cc, Xavi Cardelús. Un día probé su moto y me quedé a 1,5 segundos de su tiempo. A mí tocar tierra con la rodilla ya me gustaba bastante”.

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