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Un líder visceral

El Atlético remonta ante el Levante agarrado a Diego Costa, ‘pichichi’ con 19 goles, y se coloca primero de la tabla en solitario

Visceral como una descarga de rock barrial, peliagudo en un partido de tacos afilados, macarrónico porque el rival también maneja esos códigos y furioso por un gol encajado al minuto de juego, el Atlético se hizo con el liderato provisional agarrado a Diego Costa, representante por excelencia de este equipo que no dobla la rodilla, duro y resistente desde el convencimiento de que todo es posible desde el sentimiento que le llegó desde las gradas.

Nadie había osado a golpearle de inicio tan duro al equipo de Simeone como lo hizo anoche el Levante, agresivo y con una movilidad de Barral y Rubén arriba que metió en dudas a una defensa que no está acostumbrada a esa actividad, a ser atacada con tanto descaro y a golpe de cintura desde el pitido inicial. Perdió la pelota el Atlético en el saque y ya no la vio hasta que Ivanschitz, cruzando con suavidad ante la salida de Courtois, marcó aprovechando un gran pase filtrado de Nikos y tuvo que volver a sacar de centro. Todavía le duró unos minutos más al Levante esa salida plena de descaro, que tuvo el 0-2 en un mano a mano de Barral con Courtois que el meta belga sacó metiendo una mano plena de reflejos. Se levantó el Atlético aupado por su hinchada. De alguna manera, ese tanto tan madrugador también ponía a prueba al Calderón como estadio capaz de intimidar, de hacerle largo el partido al rival con la presión ambiental. Y así fue.

Atlético, 3 - Levante, 2

Atlético: Courtois; Juanfran, Miranda, Godín, Filipe Luis; Koke (Adrián, m. 63), Tiago, Gabi, Arda Turán; Villa (Raúl García, m. 60) y Diego Costa. No utilizados: Aranzubia; Alderweireld, Manquillo, Guilavogui y Cebolla Rodríguez.

Levante: Navas; Vyntra, David Navarro, Juanfran, Nikos; Pedro López (Ángel, m. 85), Simao (Sergio Pinto, m. 87), Diop, Rubén, Ivanschitz (Pedro Ríos, m. 34); Rubén García y Barral. No utilizados: Javi Jiménez; Gomis, El Zhar y Adoua.

Goles: 0-1. M. 1. Ivanschitz. 1-1. M. 30. Godín. 2-1. M. 47. Diego Costa. 2-2. M. 56. Pedro Ríos. 3-2. M. 77. Diego Costa, de penalti.

Árbitro: González González. Expulsó a Juanfran con roja directa (m. 90) y amonestó a Rubén García, Gabi, Nikos, Pedro López, Diop, Raúl García, Sergio Pinto y Godín.

Unos 50.000 espectadores en el Calderón.

Así que los jugadores y público se pusieron a jugar e inflamar el ambiente como si fuera el minuto 90. Jugó el Atlético con la cabeza, como si el reloj estuviera a punto de marcar el final, con un voltaje extraordinario que necesitó mantener toda la noche para sacar el partido adelante. Comenzó un asedio arrollador, con Gabi y Juanfran como actores principales. Uno recuperando y distribuyendo, el otro metido en el túnel de tiempo para rememorar sus tiempos de extremo, con desborde y centro. En medio de esa descarga, también apareció el juego artero, con codazos de David Navarro a Villa y de Tiago a Vyntra, y balones no devueltos por el Atlético por creer que los jugadores de Caparrós exageraban o devueltos por estos para a continuación presionarlos. Esos gestos hablaban de dos equipos que no estaban dispuestos a regalarse nada y jugaban a desafiarse en todo y por todo.

En ocasiones, el fútbol es una cuestión de determinación. Una patada a las pizarras y a la ortodoxia. Es la aparición del individuo convencido de que su aportación es una solución en el intento de superar la adversidad. Eso hizo Godín en el gol del empate. Acorralaba el Atlético al Levante, pero no encontraba caminos para el gol. Así que se arrancó Godín para abandonar su cueva y se plantó en el área para rematar esa arrancada furiosa con un cabezazo de delantero centro de la vieja escuela, potente en el salto y racial en el giro de cuello que mandó la pelota a la escuadra. Ya no estaba el Levante para imponer ese ritmo que había descuadrado al Atlético y que le había cambiado el paso.

Ya dominador, con varias imágenes que hablan de la ambición rojiblanca, con todo el equipo metido en campo rival, el Levante, bien agarrado por Diop y Simao en el anclaje defensivo, pudo aguantar hasta el descanso el empate porque Villa no pudo desviar de cabeza un gran centro de Arda y a Diego Costa se le fue un control ante Keylor Navas.

El tempranero gol en contra puso a prueba la capacidad de intimidación y la presión del Calderón

A la salida de vestuarios, permanecía en el ambiente el toque de corneta con el que se había despedido el equipo de Simeone. Al minuto de la reanudación, Gabi puso una falta lejana en el segundo palo y por allí apareció Diego Costa, para ejecutar una caza del balón acrobática con su pierna izquierda, de la que salió un tiro ajustado al palo. Era su gol número 18, en tan solo 55 remates. Una bestialidad porque Cristiano Ronaldo lleva menos goles con el doble de disparos.

Dada la vuelta al marcador, muy rápido se encontró otro golpe duro el Atlético. Una pérdida de balón de Koke en el centro del campo, la aprovechó Pedro Ríos con una carrera vertiginosa culminada con un disparo en la frontal del área que entró a media altura y pegado al palo derecho de Courtois. Un golazo ante el que de nuevo la grada reaccionó y también Simeone, que anda en una especie de trance ambicioso en el que no escatima con los cambios. Quitó a Villa y Koke, poco decisivos, y metió a Raúl García y a Adrián para continuar con el acoso y derribo al Levante y el asalto a ese liderato provisional que con 46 puntos le autorizan a sentirse candidato al título aunque no lo quiera airear.

Fue Juanfran el que reabrió la lata tras una internada en el área en la que fue derribado por Vyntra. Diego Costa se fue a la media luna del área y con tranquilidad le pidió la pelota a Gabi. Había temores, porque de cinco lanzamientos que lleva, había fallado dos. Golpeó ajustado al palo izquierdo de Navas, queriéndose asegurar de que aunque la trayectoria fuera adivinada, como así fue, no habría manera de que el meta llegara. Su gol 19.

Apenas quedaban 10 minutos y Simeone empezó a ejercer de coreógrafo para encender aún más a la grada y fundirla con el equipo como ha hecho desde su llegada. Es una unión en la que la historia del Atlético se ve reflejada. El cuadro de su entrenador espoleando a los hinchas es el orgullo de un equipo grande que pelea desde las vísceras por un objetivo para el que tiene números, equipo y sentimiento.

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