Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Un cañonazo y un pase

El Atlético, sin varios titulares, bate al Oporto con dianas de Raúl García y de Diego Costa y redondea su pase a octavos

Raúl García logra el primer gol. GETTY

Con más de medio equipo formado por suplentes, el Atlético cerró su brillante primera fase con otra victoria. Nadie esperaba esa soltura con que ha resuelto la liguilla, sobrado hasta el punto de haberse hecho con el pase y el liderato del grupo a falta de dos jornadas. No es baladí el asunto de otra victoria con una alineación con mitad de titulares, mitad de secundarios, porque el Oporto salió con todo y necesitaba la victoria para aspirar a seguir en competición a la espera de lo que hiciera el Zenit en Viena.

De ese grupo de los no habituales empleado por Simeone hay que sacar a Raúl García, titular indiscutible si al fútbol se jugara con 12. El gol de ayer le define en su máxima expresión. No estaba el Atlético cómodo cuando recibió un balón en el lateral derecho del área de Helton. Se giró y desparramó un zurdazo seco, un cañonazo que tronó en medio de una noche gélida. Un balón y un gol tan contundente y concreto como su juego. Como este Atlético, también dibujado en otra acción de Raúl García. Un saque largo de Aranzubia, un toque rápido de Gabi para el navarro y este, también a un toque, sacó un pase al espacio para Diego Costa, al que Helton le sacó el remate con la puntera derecha cuando se había vencido a la izquierda.

Atlético, 2 - Oporto, 0

Atlético: Aranzubia; Manquillo, Miranda, Alderweireld, Insua; Gabi, Koke; Óliver (Arda, m. 61), Raúl García, Adrián (Baptistao, m. 82); y Diego Costa (Villa, m. 46). No utilizados: David Gil; Godín, Giménez y Lucas.

Oporto: Helton; Danilo, Mangala, Maicon, Alex Sandro; Fernando, Defour (Herrera, m. 78); Lucho González (Ghilas, m. 64), Josué (Licá, m. 46), Varela; y Jackson Martínez. No utilizados: Fabiano; Otamendi, Ricardo y Quintero.

Goles: 1-0. M. 14. Raúl García. 2-0. M. 37. Diego Costa.

Árbitro: Deniz Aytekin (Alemania). Mostró tarjeta amarilla a Josué, Lucho, Aranzubia, Defour, Jackson Martínez, Alderweireld, Insua y Mangala.

Unos 30.000 espectadores en el Calderón.

Se topó el Oporto de frente con la dinámica ganadora que envuelve al equipo de Simeone, capaz de resistir tres balones en las maderas de Aranzubia, un penalti en contra detenido por el meta e irse al descanso con dos goles de ventaja en sendos latigazos. El segundo tanto lo hizo Diego Costa en lo que fue la mejor acción de Óliver en todo el partido. Fue un pase en profundidad dañino por la geografía en la que cayó, entre la espalda de los centrales y Helton, driblado por Costa antes de marcar. Estaba el foco puesto en Óliver por las palabras de su entrenador, exigiéndole más de lo que da. Jugó primero a la derecha y después en la izquierda. El chico sufre en la banda, con menos panorama y la necesidad de bascular y apretar en defensa porque esas premisas son innegociables. Así que chocó y jugó como pudo. No estuvo muy allá en el pase y perdió algunos balones en los que trató de driblar. No le queda más remedio a Óliver que tratar de poner todo su talento en hacerse un interior desequilibrante, a ser posible en vertical. Será difícil verle en el medio, donde se siente más seguro, pero la estructura del equipo no le da cabida ahí. Si no se hace importante en la banda, tendrá difícil jugar, ya no de titular, sino también de ser utilizado como recambio para variar los partidos. La jugada del gol posiblemente es una de ese quiero más que le pide su entrenador. Un pase de gol en línea recta, una conexión rápida en la transición defensa-ataque cuando el equipo está replegado. Un mazazo para el Oporto, que había estrellado antes dos balones en el larguero con sendos cabezazos de Jackson Martínez y Varela. También Josué había desperdiciado un penalti que forzaron Aranzubia e Insua al no entenderse. La tercera madera fue un remate de Jackson que dio en la base del poste tras tocar el balón en la bota de Alderweireld.

Con los dos goles de ventaja, Simeone decidió dar descanso en el intermedio a Costa, que está que lo corre todo en cuanto divisa algo de verde por delante. Entró Villa con ganas de gol, pero sin vías. Y a la hora se retiró Óliver, saludado cariñosamente por su entrenador y Germán Burgos, y aplaudido por la grada. No le van a regalar minutos porque hay otros jugadores que también los demandan.

Sin más historia, con el partido cerrado, el Oporto volvió a estrellar el balón en el poste, desesperado ya ante un equipo que no necesitó grandes cosas para imponerse. Le bastó el trabajo de siempre, la contundencia de Raúl García y un pase en profundidad para que Costa siguiera saliendo a gol por partido en la Champions.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >

Más información