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Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Laso le roba la bola a Xavi Pascual

El entrenador del Barcelona, Xavi Pascual.
El entrenador del Barcelona, Xavi Pascual.Alejandro García (EFE)

Cuando el diagnóstico lo da el propio paciente, no hay duda sobre la gravedad de su trastorno. Navarro, el capitán, tras el lamentable partido que perpetró el Barcelona el sábado en el Fontes do Sar de Santiago de Compostela, afirmó con solemnidad: “Hay que reflexionar y cambiar”. “No hemos preparado bien este partido”. “Estamos avergonzados”. Xavi Pascual, el entrenador, asumió la culpabilidad y definió el desaguisado en un tiempo muerto: “Ni tenemos carácter, ni tenemos energía, ni tenemos decisión, ni tenemos nada”, chilló a sus jugadores.

El inicio de temporada retrata un cuadro muy preocupante en el Barcelona. No es una cuestión de un descalabro, de tres derrotas por aquí (Supercopa y Liga Endesa) y otro par por allá (Euroliga). Se puede palpar el descosido de un proyecto camaleónico, con media docena de jugadores nuevos que se superponen a los cinco incorporados en la anterior. El trasiego no ha mitigado el duro golpe que supuso el traumático adiós de Pete Mickeal, los achaques y el paso por el quirófano de Navarro, primero, y de Lorbek, después. El Barça triunfante de Pascual se ha visto rebasado por el proyecto conducido por Pablo Laso en el Madrid. En dos años se han invertido los papeles. El recuento de títulos lo evidencia y lo trasluce la espectacularidad y eficacia del juego madridista y hasta la capciosa denuncia de Pascual de un trato arbitral desigual.

Las aficiones lo han pillado. El Palacio de la Comunidad se llena cada vez más y el curso pasado promedió 7.607 espectadores; la afluencia al Palau disminuye y su media fue de 4.561 aficionados. El juego del Madrid engancha al seguidor y machaca al rival; el juego del Barcelona no encandila o desespera. El Barça es quinto en la ACB, con dos victorias menos que el Madrid en siete partidos. Ha recibido tantos puntos (538) como los que ha anotado (540). Su media defensiva, de 76,8 puntos, es solo la séptima mejor de la Liga. Su ataque es mediocre, con 77,1 puntos, el noveno mejor, el mismo mediocre puesto que ocupa en el rebote (34,5). Y solo dos equipos tienen peores porcentajes en los triples (29%), y recuperan menos balones (5,7).

No es cuestión de un descalabro, se palpa el descosido azulgrana de un proyecto camaleónico

Nada es casual. El Madrid ha encajado la matrioska con una base de españoles iniciada por Felipe Reyes, con un par de hombres que han catapultado sus carreras, caso de Llull, un suplente en el Manresa, y Sergio Rodríguez, rebotado de la NBA, además de un jugador clave, Rudy Frenández, y de Mirotic, que ahora da el fruto de su fichaje cuando tenía solo 14 años. En torno a ellos, y con especialistas como Carroll, Slaughter, Darden, Draper y ahora Mejri y Bourousis, se podría decir que Pablo Laso, que no en vano es el máximo recuperador de balones en la historia de la ACB, le ha robado la bola al Barcelona. Por supuesto, esto no ha hecho más que comenzar y no debe olvidarse que el director deportivo azulgrana, Joan Creus, también fue un fino base que rebañaba el balón a la mínima. Pero su equipo no funciona y los fichajes (Nachbar, Lampe, Dorsey, Papanikolaou o Pullen no convencen). Creus y Pascual tutelan los inicios de Hezonja, promocionan el acceso de Abrines al máximo escalón, esperan la vuelta de la mejor versión de Navarro, mantienen las bazas de Lorbek y Oleson y la fe en la dirección de juego de Marcelinho y Sada. Es el voto de confianza en un equipo desasosegante.

Sobre la firma

Robert Álvarez

Licenciado en Periodismo por la Autónoma de Barcelona, se incorporó a EL PAÍS en 1988. Anteriormente trabajó en La Hoja del Lunes, El Noticiero Universal y el diari Avui.

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