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El gran capitán no quiere regalos

Olazábal, ganador del Seve Trophy y premio Príncipe de Asturias, lucha por mantener la tarjeta por méritos propios

Olazábal, con el premio del Seve Trophy. Ampliar foto
Olazábal, con el premio del Seve Trophy. Getty

El próximo viernes 25 de octubre se vestirá de traje y corbata para recibir en Oviedo el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes. Y estos días en Saint-Nom-La Brechete, a las afueras de París, llevaba chubasquero y pinganillo como capitán del equipo de Europa continental que ayer ganó el Seve Trophy a los golfistas británicos e irlandeses. Pero José María Olazábal (Hondarribia, 1966) solo es plenamente feliz sintiéndose jugador. Los premios y los reconocimientos se le acumulan al vasco como si fueran el tradicional epílogo de una carrera majestuosa, pero ante esas señales se rebela Olazábal, que niega con la cabeza, que dice que no, que no le jubilen, que por mucha gloria de la Copa Ryder de 2012, Príncipe de Asturias y Seve Trophy, él quiere levantarse cada mañana y entrenarse, y jugar, y competir. Y seguir en activo a los 47 años por méritos propios, porque se lo gana en el campo y nadie se lo regala.

Francesco Molinari embocó el putt y Gonzalo Fernández-Castaño se abrazó emocionado a Olazábal. Europa continental había ganado por 15-13, y por primera vez desde 2000, año de su creación, el torneo que fundó Seve Ballesteros para combatir la melancolía de los cursos sin Ryder. En el campo estaban Carmen y Javier, hijos del genio cántabro. “Seguro que mi padre estaría muy orgulloso de verle [a Olazábal] cómo capitaneó y consiguió la victoria del equipo europeo en Medinah [en la Ryder]“, explicó Carmen, que recibió de ambos capitanes, Olazábal y Sam Torrance, un cheque de 100.000 euros para la Fundación Ballesteros y su lucha contra el cáncer y por la incorporación de jóvenes sin recursos al golf. “Todos sabemos la pasión que Seve sentía por la Ryder y lo especial que era esa competición para él”. También Javier Ballesteros recogió otro cheque de 90.000 euros, en nombre del equipo europeo de la Ryder, para la Fundación.

Ha adelgazado siete kilos y no para de entrenarse, en el campo y el gimnasio

Seguramente no haya ningún jugador tan respetado hoy en el circuito europeo y en el estadounidense como Chema Olazábal. Por jugadores, compañeros y rivales, y por aficionados. El mismo Tiger Woods se acerca a su mesa durante la semana del Masters de Augusta para escuchar los consejos del doble ganador de la chaqueta verde. Los seguidores reconocen la caballerosidad de Ollie, su condición de símbolo de los valores del golf. La emotiva capitanía de Europa en la Ryder de Medinah y el reconocimiento a su trayectoria con el Príncipe de Asturias han elevado su figura al olimpo.

Pero dentro del Olazábal capitán late con fuerza el Olazábal jugador. El número 405 en la clasificación mundial. El 122 en la clasificación de la Race to Dubai, el circuito europeo. Insuficiente para mantener la tarjeta: la aseguran los golfistas hasta el puesto 110 —el curso anterior fue 88º—.

Olazábal y Jiménez. ampliar foto
Olazábal y Jiménez. Getty Images

Olazábal participará desde este jueves en el Masters de Portugal. Su 22º torneo del curso. En los dos últimos ha sido 70º en el Open de Italia y 115º en el Alfred Dunhill Links Championship, antes de acudir al Seve Trophy como capitán. Su mejor resultado ha sido un quinto lugar en el Irish Open en junio. En sus dos concursos en los grandes de este año acabó 50º en el Masters y 137º en el US Open. Su media de golpes por vuelta es de 72,61. En nueve torneos ni siquiera obtuvo ganancias. No gana un título desde 2005 en Mallorca.

Es el perfil de un jugador con lo mejor de su carrera por detrás y machacado en las últimas temporadas por los problemas físicos, sobre todo en la espalda. Pero detrás de los números se esconde demasiado orgullo y amor propio como para bajar los brazos. En el caso de no conseguir la tarjeta por sus resultados, Olazábal podría seguir compitiendo en el circuito europeo. Mantendría el puesto gracias a estar entre los 40 primeros en la lista de ganancias. Podría ser invitado a muchísimos torneos en su condición de ganador en otras ediciones. Y ser miembro honorífico del circuito desde 1994 le pone una alfombra roja para continuar jugando.

Quiere seguir en el tour por sus méritos y no por el pasado ni por recibir invitaciones

Olazábal, sin embargo, no quiere regalos ni invitaciones. Él quiere que le vean como golfista, ganarse el puesto en el campo. Desea demostrárselo a sí mismo. “Quiere seguir en el tour por sus méritos y no por el pasado”, explican en su entorno. Mentalmente, Olazábal no soportaría el hecho de jugar tan mal como para no mantener la tarjeta. Por eso no para de entrenarse, en el campo y en el gimnasio. Es “pura fibra”. Hasta ha adelgazado siete kilos respecto a la temporada pasada. “Necesito coger confianza”, resume él. Orgullo no le falta.

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