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La síntesis de Martino

El entrenador argentino intenta que el Barcelona recupere la esencia de su juego a partir de conceptos olvidados y de nuevas alternativas que combatan la previsibilidad

Martino, junto a Emery, en el Barça-Sevilla del sábado. Ampliar foto
Martino, junto a Emery, en el Barça-Sevilla del sábado. EFE

Una entrevista concedida por Gerard Piqué a Filippo Ricci para Extra Time Gazzetta amenizó la espera de la Liga en el Camp Nou mientras las selecciones disputaban la jornada FIFA. Asegura el central que el Barça había sido “un poco esclavo del tiqui-taca”. Añade que incluso puede que el equipo exagerara “un tanto el estilo de juego con los entrenadores de la casa”, se supone que en referencia a Pep Guardiola y Tito Vilanova. Y, como consecuencia de ambas consideraciones, da la bienvenida a Tata Martino: “Tiene otras ideas aparte de mantener la pelota, que es lo principal. No es malo tirar dos balones en largo si nos aprietan y cierran las salidas”.

Ya se sabe qué pasa cuando se discute sobre estilo e identidad en el Barça. La pregunta se repite especialmente cuando hay un cambio de entrenador: ¿Evolución o involución? Los puristas velan por el ADN y solo admiten matices mientras que los resultadistas apuestan por los cambios para recuperar la competitividad con los grandes de Europa. Martino, mientras, intenta ganar tiempo, cosa lógica en un paracaidista, como se autodenominó a su llegada al Camp Nou. Devoto del ideario barcelonista, su plan es todavía un interrogante avalado por su sentido común y la dedicación. Las acciones individuales continúan poniendo a salvo el variable funcionamiento de un equipo irregular e inestable, capaz de jugar bien y mal en un mismo partido.

Un día es Valdés, al otro Neymar, siempre hay que contar con algún gol decisivo de Adriano o Alves, ya se sabe que los arrebatos de Cesc dan buenos dividendos y a Messi le alcanza con un par de jugadas para marcar diferencias. Los azulgrana han ganado tres de los cuatro partidos por la mínima, fueron incapaces de gobernar del juego con dos y tres goles de ventaja —ante el Sevilla y el Valencia— y ganaron la Supercopa por el valor doble de los tantos en campo contrario. Apenas queda rastro de la goleada ante el Levante. La cuestión es que el Barça de Martino no ha jugado un partido igual al anterior, todos han sido diferentes, siempre condicionado por el rival.

“Los adversarios entrenan diferentes maneras para que el Barcelona no sea el Barcelona”, responde el entrenador. “Nuestra tarea es tener alternativas y recuperar distintas facetas del juego para no ser previsibles. Vamos reflotando cosas vistas durante cinco años”. Y remacha: “No hay intención de cambiar el núcleo del que se parte basado en el toque”. Habría que entender, por tanto, que Martino se propone un trabajo de síntesis de la obra iniciada por Guardiola y continuada por Vilanova. La intención es volver a empezar sin olvidar cómo acabó la temporada pasada.

Las acciones individuales ponen a salvo el juego discontinuo del equipo

El juego en corto se alterna ahora con los cambios de orientación, el vértigo mezcla con la pausa, la presión importa igual que el control, un buen pase puntúa tanto como el balón ganado en una acción dividida o segunda jugada y nadie mira mal al portero cuando se saca el balón de encima porque el equipo se ha alargado con exceso. La estrategia, en cambio, se combate igual de mal con una defensa mixta que en zona o marca individual —quizá por la falta de altura—, y Neymar ha mejorado la capacidad ofensiva que antes se concentraba en Leo Messi. El presidente, Sandro Rosell, ha dicho de todas maneras que se divierte con el ir y venir del juego y Piqué se siente cómodo en un papel que, pese a su olvido, hicieron bueno Koeman, Frank de Boer o Márquez.

Piqué personifica el momento del Barça. Futbolista con una clase excelente, cuenta con recursos técnicos de sobra para disimular sus disfunciones defensivas por la falta de velocidad. A la que el equipo deja de ser compacto, el central queda expuesto a las transiciones del contrario. Una situación parecida se repite con los dos interiores, que no andan finos, circunstancia decisiva para entender la falta de control. Hay temor a que el fútbol se pueda ralentizar en la misma medida que envejece Xavi e Iniesta necesita partidos para recuperar su mejor versión. Tampoco la delantera presiona igual si juega Tello o Alexis o Pedro. Y los laterales prefieren atacar que defender. Así las cosas, los jugadores con un mayor sentido colectivo del juego son Busquets y Mascherano.

El equipo ha perdido un poco de posesión, un poco más de toque y mucho más de pausa, y, en cambio, se ha vuelto más impaciente y tiene más dificultad para gobernar los partidos. No hay problema si está junto y aprieta de forma sincronizada. Resulta imposible defender bien si las líneas se separan y se abona al intercambio de golpes. Ahí está el nudo que debe resolver Martino. La vieja guardia garantiza el fútbol fluido y continuo que han aprendido a combatir los contrarios mientras que las adquisiciones favorecen el juego directo que sorprende al rival a costa de renunciar en parte al propio estilo.

La actuación de los azulgrana ha variado en función del juego de sus adversarios

El asunto es que cambian los entrenadores y algunas costumbres, pero se mantienen los jugadores y determinados vicios. Las transiciones nunca han sido fáciles desde que Cruyff dio con la pócima. El dream team comenzó con Laudrup de falso 9 y se acabó cuando dio con el mejor 9, de nombre Romario. El éxito y el fracaso de Rijkaard estuvo ligado a la figura de héroe y villano de Ronaldinho. Y Guardiola dejó algunos asuntos pendientes cuando se fue después de una época dorada en el Camp Nou: ¿cómo encajar a Cesc?, ¿de qué manera hay que regular a Xavi?, ¿tiene Messi recorrido como falso 9 o hay que reinventar su rol?, ¿qué central le conviene al Barcelona?

A pesar de que no ha dispuesto todavía de tiempo para resolver las dudas, Martino ha variado algunas rutinas para reactivar al plantel: Messi puede ser sustituido cuando el equipo ya no le necesita, Neymar se ha tenido que ganar la titularidad, Xavi e Iniesta rotan como Cesc; y los canteranos deberán esperar turno por más que Dos Santos pueda disputar minutos de calidad, como pasó en Mestalla. Aún siendo cómplice del programa de juego barcelonista, el argentino ofrece una mirada distinta de la de los anteriores entrenadores, catalanes (Guardiola, Vilanova) u holandeses (Cruyff, Van Gaal, Rijkaard). Y puede que el Barça necesite salir de la rotonda para reencontrarse con su mejor fútbol. Ahí está la importancia de Martino y de Neymar más que en la observación de Piqué. El central y el entrenador deberían tomar nota de la conclusión que el sábado sacó Valdés: “Busquets no puede con todo”.

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