FÚTBOL | 3ª JORNADA DE LIGA / VALENCIA - BARCELONA

Messi acelera cuando quiere

La Pulga desmiente su supuesta baja forma con un triplete en Mestalla ante un Valencia que apuró la remontada en un partidazo de ida y vuelta

Messi, Neymar y Cesc celebran uno de los goles del Barça.
Messi, Neymar y Cesc celebran uno de los goles del Barça.LLUIS GENE (AFP)

Enigmático como ha resultado en los últimos meses su estado de forma, Messi liquidó en Mestalla toda la incertidumbre sobre su preparación para marcar tres veces como pudo haber marcado seis. Con un poco de suerte. A eso se agarró anoche el Barça en Mestalla, junto a la visión panorámica de Cesc y a la conexión de ambos con Neymar para derribar a un Valencia sostenido hasta el final por dos remates grandiosos de Helder Postiga. Pero en juego no hubo color. El azulgrana se impuso de una manera apabullante.

Mestalla no estaba lleno, signo de los nuevos tiempos: la dentellada de la crisis, y el abismo cada vez mayor respecto al Madrid y al Barça. Al conjunto de Djukic le faltó un hilo argumental, tan solo animado por las correrías en su estreno de un esperanzador Pabón y, ya en el último tramo, por Parejo, Jonas y Feghouli. La ausencia en la alineación de Parejo, en un equipo tan desastrado con el balón, se antoja difícil de explicar.

Justo antes del descanso, dos golazos de Helder Postiga, dignos de un rematador de primera fila, aguaron el festival azulgrana de la primera parte. Levantaron a una hinchada y a un equipo, el de Djukic, que ya no creía en sí mismo, vapuleado por el magistral dominio de los espacios de Cesc Fàbregas. Participó en los tres goles del conjunto de Martino, siempre en asociación con Messi y Neymar, tan bien avenidos como se les supone a tres futbolistas químicamente puros.

Cesc se vistió anoche de Xavi, levantó el periscopio y envió media docena de pases a la espalda de la zaga local. A recoger el botín acudieron hambrientos tanto Messi como Neymar, mucho más veloces que los defensas valencianistas. La diferencia entre los buenos centrocampistas y los mejores radica en la facilidad de los segundos para jugar de primeras. Cesc Fàbregas, por ejemplo. Más recatado Iniesta, en busca de la rueda perdida, se prestó a echarle a un cable a Busquets en la recuperación. El balón que le birló Busi a Ever Banega, preludio del tercer tanto, simplificó la tremenda superioridad azulgrana en la medular. Después, claro, dispusieron de la velocidad supersónica de Messi. La Pulga venía, supuestamente, fuera de revoluciones, sin la puesta a punto de una alocada pretemporada. Pero aceleró cuando le dio la gana para triturar a la zaga valencianista. Hasta tres veces, las dos primeras por piernas, y la tercera para embocar a un toque un servicio de Neymar desde la izquierda en una combinación de billar abrochada por La Pulga.

El Barça se exhibía y hasta Jordi Alba le tiraba un caño a Míchel para expresar en qué términos transcurría el primer tiempo. El centro del campo de Djukic era un alma en pena. Desubicado Canales a la derecha, impreciso Míchel en el primer pase y pesado Ever Banega en el tránsito a la delantera. Todos fuera de onda menos el debutante Pabón. El potente atacante colombiano fue el único con el cambio de ritmo adecuado para arañar a la defensa azulgrana. Hasta que Postiga, que llegó a Mestalla para cubrir el hueco dejado por Soldado, justificó su fama de gran definidor: primero empaló una espectacular volea al centro de João Pereira desde la derecha; después cabeceó imperial al primer palo un centro de córner desde el otro costado. No será rápido ni dibujará los desmarques de ruptura de su predecesor, traspasado al Tottenham, pero se relame cuando se trata de disparar a gol.

Dada su vulnerabilidad defensiva, una especie de pájara de varios minutos, al Barça le entraron ciertas dudas tras el descanso. Disipadas cuando observó que el centro del campo del Valencia seguía siendo un enorme caos. Iniesta asumió más protagonismo y Neymar ya supo lo que le espera en la Liga con defensas tan correosos como João Pereira. Aunque mermada su fantástica visión de juego desde la posición de extremo izquierdo, el brasileño empezó anoche a conectar con Messi, buscándose a la mínima ocasión.

Al Valencia lo revitalizaron la entrada de Jonas, Parejo y Feghouli. Y el brasileño envió un disparo al palo desde la frontal después de que Messi hubiese perdonado hasta tres tiros a bocajarro ante Diego Alves. La segunda parte se convirtió en un precioso correcalles de ida y vuelta, con ocasiones claras para los dos equipos y los porteros agigantados en más de una ocasión, especialmente Alves para evitar que el encuentro muriera definitivamente a pies de Messi, un azote constante.

En una tarde muy calurosa en Valencia, penúltimos coletazos del verano, La Pulga advirtió que nunca se había ido, que siempre había estado.

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