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Valdés redime a Messi

El Barcelona se adjudica la Supercopa después de un partido muy trabado, manejado por el Atlético y resuelto por las paradas del portero antes de que el argentino fallara un penalti

Los jugadores del Barça celebran el título. Ampliar foto
Los jugadores del Barça celebran el título. Getty

Ni Messi ni Neymar. Tampoco Diego Costa ni Villa. La 11ª Supercopa ganada anoche por el Barcelona llevó la firma de Valdés. No fue un partido de delanteros sino de zagueros y especialmente del portero del Barça. El guardameta impidió con un par de paradas estupendas que el Atlético coronara un completo ejercicio defensivo en el Camp Nou. Ningún equipo había dejado tan seco al Barcelona. El manual rojiblanco, admirable a veces por bien trabajado y reprobable en otras por común y recurrente, en cualquier caso siempre con la firma de autor de Simeone, desquició a los azulgrana y convirtió el encuentro en un chasco por feo, duro, discontinuo, alejado de los clásicos duelos goleadores que sostenían ambos equipos no hace tanto tiempo. El título se decidió por las manos de Valdés en el Camp Nou y el cabezazo de Neymar en el Calderón.

El Atlético quedó tan conforme con la ida que repitió alineación en el Camp Nou. Quiso y consiguió jugar el mismo partido por más que hubiera cambiado el Barça. El equipo azulgrana olía a pólvora desde que se cantó una formación en la que se juntaban por fin Neymar y Messi y, además, jugaba Cesc, titular por delante de Iniesta. Menos ortodoxia y más determinación, los delanteros universales por delante de los extremos y del clásico 9, el número del chico para todo: Alexis Sánchez. Humo. El punto neurálgico continuaba siendo el 10. Y al equipo le costó mucho dar con Messi. No encontraba su sitio en la cancha porque le encimaban pronto y rápido y se descolgaba en exceso hasta la línea de medios, siempre en busca de espacios, de aire, de la pelota. Tenía problemas el Barça con el ataque estático y no había manera de dar velocidad al balón por la defensa intensa, agresiva y bien parada del Atlético. Apenas se contaban noticias desde el bando azulgrana. Algún pase filtrado de los volantes, el habitual alboroto de Alves y la dificultad de Jordi Alba para combatir las transiciones desde la derecha del poderoso Diego Costa. Muy poca cosa para un equipo que siempre juega en campo contrario, también ayer ante el Atlético.

BARCELONA, 0; ATLÉTICO, 0

Barcelona: Valdés; Alves, Piqué, Mascherano, Alba; Busquets, Xavi, Cesc (Iniesta, m. 72); Alexis (Pedro, m. 65), Messi y Neymar. No utilizados: Pinto; Montoya, Bartra, Song y Tello.

Atlético: Courtois; Juanfran, Miranda, Godín, Filipe Luis; Koke (Baptistao, m. 88), Gabi, Mario Suárez, Arda (Adrián, m. 72), Diego Costa; y Villa (C. Rodríguez, m. 84). No utilizados: Aranzubia; Tiago, Raúl García y Demichelis.

Árbitro: Fernández Borbalán. Expulsó a Filipe Luis (m. 80) por un codazo a Alves, y a Arda (M. 90, ya en el banquillo) por protestar. Mostró la tarjeta amarilla a Koke, Cesc, Busquets, Piqué, Gabi y Diego Costa.

Camp Nou: 74.536 espectadores.

Las reiterativas faltas tácticas de los muchachos de Simeone, siempre cuidadosamente elegidas y repartidas, alejadas de la frontal del área, acabaron por desconectar al plantel de Martino. No había forma de conducir el balón y los azulgrana se incomodaron de mala manera hasta tomar más tarjetas que el Atlético. El partido fue cada vez más trabado y áspero, muy a gusto de los rojiblancos, mejores en el cuerpo a cuerpo, superiores física y tácticamente al Barça.

Negados los azulgrana, apenas se contaron llegadas al área y hubo muy pocos tiros a gol antes de alcanzar el descanso, salvo dos del Atlético. Koke no acertó a concretar un contragolpe en una posición muy favorable y Valdés le sacó un remate precioso a Arda Turan. Ya se sabe qué ocurre con los guerrilleros del Cholo. La hinchada y el equipo contrario les toman por un grupo salvaje, como si fueran una banda de pendencieros por interrumpir siempre el juego, y luego enmudecen cuando advierten la capacidad rojiblanca para armar el contragolpe más veloz y bello del mundo.

Indesmayable defensivamente, el Atlético acostumbra a ser muy selectivo en ataque, incluso en el Camp Nou. Los rojiblancos tuvieron mucho rato el partido donde querían, sobre todo porque no había manera de que se activaran los barcelonistas. Muy tensos los zagueros, imperial Mascherano, los medios no activaban el juego ni tampoco sabían cómo guardar la bola, y ninguno de sus fabulosos delanteros desequilibraba, ni Messi ni Neymar, alejados del arco de Courtois. El Atlético se estiró cada vez más y el Barcelona se descolocó tanto que suerte tuvo de Valdés. El portero respondió de forma magnífica a un disparo de Villa después que Neymar se hubiera quedado parado, sin disputar la pelota, engañado por un pito que no era precisamente el del árbitro sino que pertenecía a algún turista con ganas de chufla. Había mucha jarana en la grada mientras en la cancha sufrían los azulgrana, descentrados, vencidos en los balones divididos, superados en las segundas jugadas, a remolque, como si pensaran más en defender el gol de la ida y el título que en el partido.

No le quedo más remedio a Martino que oxigenar al equipo con Pedro y más tarde con Iniesta. Los cambios le permitieron al menos retomar el mando del encuentro, dominio favorecido, por otra parte, por el descomunal desgaste acumulado por el Atlético. Al Barça le perdió entonces su fútbol rebuscado y complejo, excesivamente barroco, la falta de pegada. Nadie chutaba a la portería de Courtois. Incluso Messi remató al larguero un penalti cometido sobre Pedro cuando el encuentro se fue embolicando de mala manera por tanta falta del Atlético, víctima en el último tramo de sus propias triquiñuelas. Felipe Luis fue expulsado por una agresión a Alves y se acabó la defensa del Atlético. Los rojiblancos se quedaron pidiendo explicaciones al árbitro, recordando la no expulsión de Busquets en Madrid, mientras los azulgrana celebraban su primer título con Martino. Valdés y Neymar habían redimido a Messi. A falta del 10, no jugó a fútbol el Barça y no dejó jugar el Atlético. El Barça no fue el Barça y el Atlético fue más Atlético que nunca pese a perder la Supercopa.

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