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Entre la necesidad y el deseo

La Real Sociedad busca mayor prestigio e ingresos ante un Olympique de Lyon derrocado en el fútbol francés

Jagoba Arrasate junto a los jugadores hoy durante el entrenamiento.
Jagoba Arrasate junto a los jugadores hoy durante el entrenamiento.Javier Etxezarreta (EFE)

Ni el Olympique de Lyon ni la Real son los que se cruzaron hace nueve años. Ni están Kovacevic ni Malouda, ni Xabi Alonso ni Juninho Pernambucano, el fino estilista pateando libres directos. En el fútbol, nueve años son lo más parecido a la eternidad salvo para los grandes jerarcas europeos, los que libran las batallas entre el primer o el segundo puesto o entre la semifinal o la final perdidas de la máxima competición. Entre esos jerarcas estaba el Olympique de Lyon, el viejo dictador de la Liga francesa que ganaba año tras año para morir año tras año (salvo en una ocasión) en los cuartos europeos. La maldición de cuartos no era una cuestión particular de la antigua selección española. Francia, en cuanto a clubes, llegaba normalmente hasta ahí como si el presupuesto y las fuerzas se le agotasen.

El equipo español ya ha asegurado 2,1 millones de euros y puede sumar ocho si pasa

La Real se ha encontrado en una situación inesperada. Con las heridas sin cerrar alcanzó la cuarta plaza en la Liga que le daba acceso a disputar esta eliminatoria previa para la fase de grupos de la Champions. No era el guion previsto, pero sí era un regalo merecido. Hace nueve años compitió con las joyas de la corona (Kovacevic, Nihat, Xabi Alonso, Aranburu); ahora llega con un plantel que aún está por dar lo que puede dar de sí. El prestigio de jugar la Champions es el mismo que hace nueve años, pero el rendimiento es mayor. De momento, ha asegurado un fijo de 2,1 millones por jugar esta eliminatoria previa, que podrían alcanzar los 8 en la siguiente fase, amén de ingresos por taquillas, marketing o victorias y empates. De ser eliminado, caería a la Liga Europa, donde los ingresos se reducen a la quinta parte. “Es algo más que dinerillo lo que nos jugamos, para nosotros es una fortuna”, reconocía antes de partir un dirigente realista.

Para ello debe doblegar a partir de hoy (20,45, La 1) a un Olympique que no tiene nada que ver con aquel plutócrata del fútbol francés. Hoy es un equipo joven, con una defensa multinacional donde destaca la veteranía del serbio Bisevac y el camerunés Bedimo, ambos rozando la treintena. Pero su potencial se exhibe de ahí en adelante, con un gen típicamente francés. Destacan el medio punta Grenier, pretendido por grandes equipos europeos o los delanteros Benzia y Lacazette, todos insultantemente jóvenes (entre los 18 y los 22 años), acompañados por el veterano Malbranque (33) y el rodado Gourcuff (27), la esperanza blanca de Francia envuelto en el conflicto del Mundial de Sudáfrica. He ahí el nuevo Lyon ante una nueva Real, que ha encontrado en la cantera la mina de oro que se le derrumbó hace años. Gourcouff, teme “la habilidad técnica de la Real y su juego en los espacios, su versión táctica, típica del fútbol español actual”, y se agarra a las cuatro victorias oficiales (dos en previa de Champions ante el Grasshoppers, dos en la Liga) con las que ha arrancado el curso. En cierto modo, Olympique y Real se mueven en el fino cordón que separa la necesidad y el deseo. El OL está acostumbrado a la Champions y la Liga Europa, le parece un contenedor europeo de escasos ingredientes. A la Real, la Champions le encandila económica y sobre todo deportivamente para demostrar que nueve años no son nada y que no hay nada de febril en su mirada tras superar su enfermedad.

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