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La gota malaya colma el vaso

El pésimo estado del césped fuerza el precipitado cambio del estadio donde el Barça debía medirse a selección de la Liga malaya, culminación de una gira de márketing

Los jugadores del Barça durante el entrenamiento sobre el césped deficiente del estadio Bukit Jalil. Ampliar foto
Los jugadores del Barça durante el entrenamiento sobre el césped deficiente del estadio Bukit Jalil. AP

A los jugadores del Barcelona la gira veraniega se les está haciendo muy larga. El último contratiempo, seguramente el más grave de la gira, se produjo ayer durante el entrenamiento. Nada mas pisar el campo del estadio Bukit Jalil, donde se debía jugar el partido amistoso contra una selección de la Liga malaya, los jugadores azulgrana comprobaron la inestabilidad del césped. “Es una playa”, decían. “No reúne las mínimas condiciones”, asumió Zubizarreta que de inmediato comunicó al club que en ese estadio no se podía jugar el partido.

El partido se terminará disputando en el estadio Shah Alam de la capital malaya, campo habitual del Selangor, y que tiene una capacidad para 70.000 personas, 20.000 menos que el impresionante estadio nacional Bukit Jalil. La organización ha vendido 40.000 entradas, no numeradas, así que el problema en ese sentido no existe. El amistoso se firmó en febrero e incluía una clausula que especificaba la posibilidad de cambiar de estadio si el césped estaba mal, como asi sucedió.

El club está muy satisfecho del resultado de la gira, por lo que representa a nivel social (el acto de paz en Israel y Palestina, por ejemplo, tuvo un impacto mundial), por lo económico (seis millones de euros por los dos amistosos concertados, el de Bangkok, contra la selección de Tailandia, un equipo al que goleó 7-1, y el que se debería disputar hoy), y sobre todo porque abre grandes expectativas de negocio en la búsqueda de recursos. En ese sentido el club ha cubierto todas las expectativas, ahora que abre oficina en Hong Kong para controlar el mercado asiático, donde tiene ya varios socios comerciales, como la cerveza Chang o Panasonic.

Los dirigentes del Barça están entusiasmados. Los jugadores, que se han involucrado en todos los actos a los que han sido reclamados por el departamento de mercadotecnia del club, no tanto. Además de que no han podido disfrutar en lo deportivo, porque el equipo apenas ha tenido oportunidad de realizar entrenamientos de calidad, han sufrido demasiadas incomodidades. Lo del césped es solo la gota que colma el vaso de su paciencia. De entrada, el avión escogido por el departamento de operaciones del club no reunía las mínimas condiciones exigibles para un equipo de primera fila. Por ahorrarse unos 300.000 euros en la elección de la compañía aérea, el departamento de operaciones del club desestimó la oferta de Iberia y contrató los servicios de una empresa portuguesa. Un error del que habían sido advertidos por la agencia de viajes oficial, que se temía lo peor. Desde el viaje a Tel-Aviv se fueron confirmando los peores pronósticos. Los jugadores pasaron frio –incluso se constipó Alba- y hambre, porque el servicio de catering resultó lamentable. “Somos muy cutres”, se lamentó uno de los jugadores después de que el avión despegara de Bangkok con hora y media de retraso, oficialmente, por un cambio de ruta. La directiva no se cree la excusa. Para colmo, el hotel donde se hospedan en Kuala Lumpur “deja mucho que desear”, según aceptó el propio club, entre otras cosas porque, pese a viajar con el chef habitual del equipo, no resultó fácil que los cocineros locales entendieran las necesidades del equipo.

Josep María Bartomeu, vicepresidente del Barcelona anunció el cambio de estadio de madrugada. Según dijo, el club y la organización se han entendido perfectamente, porque llevan avisando de que el césped estaba mal desde el día de la firma del acuerdo para la celebración del partido y previeron un plan B. Bartomeu dijo que los capitanes están “muy contentos porque han visto que nos preocupamos de su salud y nos han dado las gracias”. La verdad es que los jugadores están que trinan. Les queda el consuelo de saber que el año que viene no hay gira, porque la celebración del Mundial de Brasil lo impedirá, al no dejar fechas.

Hace dos años, en Corea, en el primer partido de la pretemporada, Guardiola anunció que Messi no jugaría, porque se había incorporado dos días antes. El organizador del partido amenazó con suicidarse. Finalmente, Zubi subió a la habitación de Guardiola, le explicó el caso y le convenció de que le usara unos minutos. Messi jugó un cuarto de hora y no se suicidó nadie.

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