Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Una placa nueva, 10 tornillos y un injerto

Después de que se deformara por otra caída el implante de titanio que fijaba la clavícula de Lorenzo, el piloto ha sido intervenido de nuevo en Barcelona

Lorenzo, en su caída en Sachsenring Ampliar foto
Lorenzo, en su caída en Sachsenring EL PAÍS

El dolor era menor. Pero el golpe psicológico fue mayor. Uno no puede creerse Superman todos los días. Y él, Jorge Lorenzo, que fue capaz de correr en Assen con la clavícula rota, supo al instante, nada más volver a notar un intenso dolor en la zona que se había destrozado apenas 13 días antes, que no volvería a emular a ningún superhéroe, pues los pilotos, aunque a veces no lo parezca, son de carne y hueso. Así que, esta vez, se lo tomó con calma. Regresó el viernes a Barcelona y han empezado a operarle pasadas las 10 de la mañana de este sábado: hace dos semanas la operación se hacía desde las dos a las cuatro de la mañana y unas horas más tarde de Yamaha volvió a coger un avión para correr al día siguiente. Ahora, Lorenzo reposa tranquilo en el Hospital General de Catalunya tras estar en el quirófano dos horas. Y no cogerá un avión, al menos, en unos días. Quizá, si decide que volver a jugarse el pellejo en Laguna Seca en menos de una semana no le conviene, no coja un avión en mucho tiempo, pues la siguiente prueba es en Indianápolis el 18 de agosto.

Esta segunda operación no fue fácil. La clavícula apenas había sufrido una pequeña fractura como consecuencia de la curvatura de la placa, pero el hecho de tener que reintervenir un hueso con una placa sujeta con ocho tornillos, que se ha curvado y ha provocado un desplazamiento de la antigua fractura, complicó el trabajo de los médicos, el mismo equipo que ya le operó hace dos semanas, dirigido por Joaquín Rodríguez. La placa doblada fue retirada y los doctores procedieron a reducir la fractura con un nuevo implante. Además, al tener que sujetar la placa al hueso con once tornillos en otros agujeros nuevos, diferentes a los ocho que produjeron los que se usaron la primera vez, se tuvo que hacer un injerto en el hueso: se utilizó médula ósea de la pelvis con hueso liofilizado y se rellenó el foco de la fractura para favorecer la estimulación del callo óseo. Todo un reto quirúrgico.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Más información