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Pálido ‘agur’

Juanlu marca el último gol de Liga en San Mamés, 84 años después del primero, en un partido rutinario y ajeno a la historia

Vista de San Mamés antes del último partido liguero. EFE

Hay momentos, hay veces, que el fútbol, como juego pasa a un segundo lugar. Hay partidos amistosos (que suelen acabar a golpes) intrascendentes, hay partidos en los que como no hay disputa el juego se relaja, hay partidos que se juegan por jugar, pero hay partidos que entran en la historia y aunque ahora la historia sea más efímera que un titular de periódico, solo se puede jugar una vez el último partido de Liga en San Mamés, 84 años después del primero, y pasando lo que ha pasado en 1.305 partidos del campeonato y donde se han marcado 2.907 goles a favor y 1.315 en contra.

Hay momentos en los que la historia te reta con el presente, al Athletic con su pasado, al Levante con su futuro, y su reto puede parecer insuperable, tanto que un partido tan significativo puede parecer un partido más del catálogo de partidos insignificantes, con un punto de melancolía y un grano de complacencia. Y resulta que una cosa era acabar la Liga en San Mamés y otra, muy distinta, que acabara San Mamés en la Liga.

ATHLETIC, 0 - LEVANTE, 1

Athletic: Iraizoz; Iraola, Gurpegui, San José, Aurtenetxe; Herrera (Toquero, m. 67), Iturraspe, De Marcos; Susaeta (Ibai Gómez, m. 55), Aduriz (Llorente, m. 77) y Muniain. No utilizados: Raúl, Isma López, Ruiz de Galarreta y Ramalho.

Levante: Keylor Navas; Rodas, Vyntra, Navarro, Dudka; Ríos (El Zhar, m. 73), Diop, Iborra, Rubén (Juanlu, m. 79); Valdo y Acquafresca (Michel, m. 67). No utilizados: Munua y Simao.

Gol: 0-1. M. 91. Juanlu.

Árbitro: Teixeira Vitienes II. Expulsó por roja directa a Muniain (m. 62) por una patada a Rodas.

Unos 40.000 espectadores en San Mamés. Al final del encuentro, la afición dedicó un aplauso de 100 segundos al estadio.

Y pudo la rutina. La sensación de que los sudores han remitido, de que la cuenta está saldada. De que el último latido está por llegar, el día 5, en una fiesta rojiblanca para solaz de la pradera, de que la estadística se medirá ese día, como se midió el primer gol de la historia de San Mamés en un amistoso contra el Racing de Irún, obra de Pichichi, en un agosto de 1913, y que quien marque entonces pasará a la historia y no el que marcara contra el Levante.

Por eso, en ese tran-tran, quien animó el cotarro fue Ríos al golpear el balón contra el larguero, en el minuto 10, ocho minutos antes (las ciencias avanzan que es una barbaridad, que decía Don Hilarión) de que, 84 años atrás, Carmelo batiera al portero del Espanyol, Sola, en el estreno liguero de San Mamés, y que tuvo que ser sustituido por el suplente Trabal, por lesión, muchos minutos después.

Había fotos, eso sí, muchas fotos, las gradas estaban coloreadas como entonces no lo estaban (llenas de bombines, boinas y corbatas de seda y de tergal, alguna pajarita incluso). Por lo demás, el runrún de la rutina, la agonía de la tarde de domingo cuando en el pueblo te cierran el casino por el aniversario de boda). El Levante era un grupo abnegado centrifugando sus demonios familiares que le acosan desde que la noria europea le dejó en el punto de partida.

Aburrido el respetable, comenzaron los gritos en los fondos de “¡Bielsa quédate!”

Aburrido el respetable, esperando el homenaje histórico en el postpartido, visto el discurso del método hueco y sin atractivo, se enganchó al presente y comenzaron los gritos de los fondos con el "¡Bielsa quédate!", es decir, con los asuntos cotidianos como prioritarios, como única inquietud, como desagüe del cansancio moral.

En eso, Diop volvió a tropezar con el poste cuando asomaba el gol. El Levante, que parecía el invitado, empezó a servir las copas y a elegir su propio menú. Y San Mamés comenzó a homenajear a sus futbolistas con especial atención a Toquero, la balsa moral en los naufragios, la ambulancia ante los pequeños accidentes. Antes Muniain había decidido pasar a la historia por ser el último jugador expulsado en San Mamés por una patada infantil a Roda, como un preso de la dictadura de la estadística.

Y puesto a vivir del presente voraz, Llorente se llevó los silbidos de San Mamés cuando sustituyó a Aduriz, aplaudido. El pasado había muerto, la historia era un recodo de la Liga, las minúsculas posibilidades europeas habían fenecido y San Mamés lleno de goles en su almacén particular que había puesto el cartel de no hay billetes, coronó a Juanlu con un gol en la prolongación como el último goleador en competición oficial en la Catedral.

Llorente se llevó los silbidos del estadio cuando sustituyó a Aduriz

Lo que Carmelo inició, lo concluyó Juanlu. No es poco premio para el futbolista del Levante, que concluyó la enésima contra de su equipo.

Está claro que 84 años después el fútbol, y el Athletic, han cambiado mucho. San Mamés se quedó pálido porque el partido no pasará a la historia mas que por la fecha en el calendario, el día que cayó la hoja roja de Delibes.

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