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Mundial de motoclicismo 2013

Marc Márquez es extraordinario

El catalán, de 20 años, se impone a Pedrosa y Lorenzo para ser el piloto más joven en ganar en MotoGP

Marc Márquez, en Austin. Ampliar foto
Marc Márquez, en Austin. EFE

Si se espera de él que llegue a Austin y dé una lección de pilotaje, lo hace. Si se espera de él que el sábado se lleve la pole y bata el récord de precocidad de Freddie Spencer, lo hace. Si se espera de él que gane su primera carrera de MotoGP al segundo intento y vuelva a dejar en anécdota los registros de Fast Freddie, también lo hace. Marc Márquez es el chico que todo lo puede, el que descubre secretos escondidos en curvas retorcidas, el que fulmina registros, el que hace de la irreverencia un arte. En la pista no tiene respeto por nadie: tuteó al mismísimo Valentino Rossi, su ídolo, en Catar. Y este domingo, en Austin, hizo lo propio con Pedrosa. Se lanzó de cabeza a la primera curva lanzado desde la pole position,le bastaron dos virajes más para pegarse a la rueda de Pedrosa, ese al que admiraba de niño, pues era tan menudo como él, ese compañero de equipo al que ya ha batido dos veces en dos carreras, con la misma moto y la mitad de experiencia. Y venció con 20 años y 63 días, superando el récord de precocidad de Spencer: 20 años y 196 días en Spa en 1982.

Márquez cuajó una carrera perfecta, por la inteligencia con la que corrió y la delicadeza de su trazada, tan pronto agresiva como fina, según le pidan el cuerpo y el rival, según exija el trazado. Rodó a la sombra de Pedrosa, una excelente rueda que seguir, desde la primera vuelta hasta que cubrió más de la mitad de la carrera. A falta de ocho giros el chico de Cervera (Lleida) decidió homenajear a Hermann Tilke, diseñador de este maravilloso circuito con el que Texas se estrena en el Mundial, con un adelantamiento en el primer parcial, ese que acoge la zona más bella del trazado, con unas eses repletas de color, tres curvas rapidísimas ideales para decidir una carrera. Márquez tomó el interior de la quinta curva, a la izquierda, y completó su irreverencia en la sexta, a la derecha.

El chico corrió con inteligencia y con una trazada tan pronto agresiva como fina

Por aquel entonces, el tercero en discordia, el campeón del mundo Jorge Lorenzo, que ha soportado con una sonrisa y mucha paciencia los interminables problemas que le ha dado este asfalto resbaladizo a su Yamaha durante todo el fin de semana, ya había olvidado el deseo de escalar posiciones en el podio. Claro que él juega para llevarse otra vez el título y debía asegurarse de que nadie le arrebatara esa tercera posición que había dado por buena ya el viernes. Llegado a la mitad de la prueba rodaba a tres segundos de la cabeza. Pero no tiraba la toalla, seguía exhibiendo una constancia envidiable y hasta igualó los registros de las dos Honda en cabeza. El mallorquín no perdía la referencia visual con los dos primeros, a la espera de un milagro, quizá, que no se sucedió. Se acercó mucho a Pedrosa a falta de dos vueltas para el final, en el mismo momento en el que el de Castellar del Vallés perdió definitivamente su batalla con el novato más brillante de los últimos años. Perdió por momentos el control de su moto el subcampeón de 2012 —“cometí un error”, confesaría después—, de golpe y porrazo hizo un tiempo 1,5 segundos más lento que sus registros en las vueltas finales. Y albergó alguna esperanza Lorenzo, pero pudieron más las ganas de su rival por demostrar que lo de Catar, donde terminó cuarto, no fue más que una pájara inesperada.

Y mientras se debatía el segundo puesto, el primero tenía un claro propietario. Hizo Márquez una carrera para el recuerdo, limpia, sin errores, con un ritmo constante y el atrevimiento suficiente para jugársela en los primeros giros y no perder de vista a Pedrosa, pasando a Bradl, que se había metido entre ellos dos, para volver a hacerlo cuando decidió que debía adelantar a su colega en Honda: dicho y hecho; ni siquiera se advirtió arriesgada su elección de neumáticos. Era el único, junto al alemán, que calzaba la goma dura detrás, pero a él tanto le da si hay más o menos agarre, si la goma se destroza o la presión del entorno le exige resultados enormes. Márquez es extraordinario.

Completadas las 21 vueltas subió a lo más alto del podio un debutante, el mejor debutante de MotoGP, el más joven en lograr el triunfo, con 20 años y 63 días. Ha dejado su nombre inscrito en este circuito de Las Américas: suya no solo es la victoria, también la pole del sábado, el récord de la pista y la vuelta rápida de la carrera.

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