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Igual que lograr un Grand Slam

Al volver, Rafa se sintió impotente, le dolía mucho la rodilla. Ganar a Ferrer en Acapulco le hizo ver que se acercaba al que fue

Nadal celebra su victoria. Ampliar foto
Nadal celebra su victoria. AFP

Impresionante. Increíble. Todo se queda corto. La victoria de Rafa Nadal en el masters 1000 de Indian Wells es comparable a ganar un Grand Slam. Lo es por ser su primer torneo de cemento en un año. Lo es por los rivales a los que ha derrotado. Y lo es por otras cosas. Me explico.

Desde que volvió a las pistas, he hablado con él cada semana. En este tiempo he visto una evolución mental y anímica que ha ido en paralelo a la física y que se ha notado en el juego. Tras las dos primeras semanas de competición, Rafa estaba bastante tocado. Anímicamente, no le bastó con hacer final en Viña del Mar y ganar el Abierto de Brasil. Sabía que estando así, dolorido, sintiéndose impotente porque no podía moverse, perdería con los tenistas de arriba. Resumámoslo por colores. En los dos primeros torneos tras su lesión, Rafa lo veía todo gris, casi negro. Sé lo que pasaba por su cabeza.

Aunque hablamos de dos niveles diferentes, yo tuve una lesión de espalda que me mantuvo más de medio año apartado de las pistas. Me costó mucho volver. Me seguía molestando. A mí no me bastaba para estar entre los 10 primeros con menos de mi ciento por ciento. A él, sin estar a tope físicamente, ya le basta para estar en el top-10. Sin embargo, cuando uno está mal, cuando le duele el cuerpo, no ve que en una semana va a estar mejor. Tras dos semanas compitiendo, a Rafa le dolía mucho la rodilla. Eso le afectaba anímicamente. Todo el que ha pasado por esa situación duda de su cuerpo. Todos, es inevitable, leemos lo que escribe la gente, las opiniones, las dudas de los otros. Yo he estado en esas. Lo ves todo mal, crees que no estarás nunca más a tu mejor nivel, que te dolerá siempre. Lo que ocurre es que los días pasan. Rafa ha sabido no ir rápido. Ha sabido ser paciente. Indian Wells ha sido el premio a su capacidad de sufrimiento, a la fe y a la confianza en sí mismo. Pero ¿qué ha ocurrido para que pasara de verlo todo negro a verlo todo de color de rosas?

La semana de descanso que hubo entre Brasil y Acapulco le vino perfecta. Ahí se soltó

La semana de descanso que hubo entre Brasil y Acapulco le vino perfecta. Ahí se soltó. En la final mexicana ganó a David Ferrer y ya supo que se acercaba al jugador que había sido. Luego, en Indian Wells, su primer torneo en cemento en más de un año, tuvo una prueba definitiva: ahí, lejos de la tierra, cuando los contrarios le llevaban de lado a lado de la pista, cuando a veces le dominaban, se vio su mejor tenis.

Para mí, el punto de inflexión fue su victoria en octavos contra el letón Ernests Gulbis, un tenista parecido a Juan Martín Del Potro porque la bola de Rafa no le hace tanto daño, no le desestabiliza tanto, y que venía muy bien tras ganar el título de Delray Beach. Sacó el partido. ‘Ya estoy en cuartos, solo quedamos ocho tenistas en el cuadro, a ver qué pasa’, se dijo. Una vez más ha quedado demostrado que Rafa es mucho mejor que la clase media del circuito, los cuatro mejores del mundo aparte. Él llega casi sin dificultades a cuartos de los torneos, y ahí surge el mejor Rafa, con confianza y ritmo. Simplemente impresionante.

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