El hijo de El Pichote

Marc Márquez, un niño de pueblo y un ejemplo de precocidad, da sus últimas vueltas en Moto2 a la espera de dar el gran salto a la categoría reina la próxima temporada

Márc Márquez, en el circuito de Aragón.
Márc Márquez, en el circuito de Aragón. ALEJANDRO RUESGA

El abuelo Ramon llevaba demasiados meses tendido en la cama del hospital. Necesitaba un trasplante de corazón. Pero se negaba a más operaciones. “¿Quieres ver a Marc ser campeón del mundo? Pues ya sabes lo que tienes que hacer”, le dijo su hijo, Julià. “Entonces me opero”, respondió aquel. Marc era el nieto con quien más horas había pasado, el único de todos los primos que quería acompañarle en sus largos paseos por Cervera, receta del doctor, bien fuera con el triciclo, bien a pie. Así que volvió a pasar por el quirófano. Y tras unos meses tuvo su recompensa: el niño se proclamaba campeón del mundo de 125cc. Dos años después Marc Márquez (Cervera, Lleida; 19 años) ha ganado otro Mundial, esta vez de Moto2.

Hoy ya no es el chico tímido y poco hablador que Jordi Castella, uno de sus mecánicos, conoció a los 13 años. “Se ha hecho mayor muy rápido”, dice con nostalgia. Él lo recogía del colegio cada miércoles junto a su hermano Àlex, también piloto, los llevaba a ambos a comer con Sole, la yaya de Cervera, y de ahí se iban a entrenarse. “Era el único día que no tenían clase por la tarde; las clases siempre fueron lo primero”, interviene Julià.

Se ha hecho mayor muy rápido”, dice uno de sus mecánicos, que le conoció con 13 años

Rodaban en un circuito cerca de casa: era un terreno en ocho, hecho de tierra: Marc, con una 250cc de dos tiempos, y Àlex, con una 80cc. Emilio Alzamora, su representante, le decía al niño que parara cuando viera que empezaba a ir rápido. “Pero no podía hacerlo porque Marc iba rápido enseguida. ‘Como se caiga y se haga daño, te vas a la calle’, me amenazaba. Y yo le respondía que lo tendría que frenar a las cinco vueltas. Julià y yo le mentíamos. Le dejábamos rodar más y ¡claro que se caía!”, recuerda Castella.

Entonces Márquez era el hijo de El Pichote, como se conoce en el pueblo a Julià, un conductor de excavadoras en paro. Pero aquel niño que a los cuatro años pidió a los Reyes Magos “una moto de verdad, de las de hacer saltos”, como las que él veía cada fin de semana en el circuito de Bellpuig, es hoy más famoso que su padre. “Para la gente adulta sigue siendo el hijo de El Pichote; para los más jóvenes yo soy el padre de Marc Márquez”, concede orgulloso. Su hijo es el ejemplo de precocidad. Tanto que durante años llevó de cabeza a Ángel Viladoms, presidente de la Federación Catalana de Motociclismo, que no se perdió ni una de sus carreras entre los 6 y los 12 años: “Estaba asustado. Era muy rápido, pero también muy pequeño, y me habrían cortado el cuello si se hubiera hecho daño”.

Márquez empezó practicando enduro y motocross. A los 13 años ya era tres veces campeón de Cataluña, en motocross y en velocidad. A pesar de que competía con niños hasta tres y cuatro años mayores.

El piloto español Marc Márquez.
El piloto español Marc Márquez.alejandro ruesga

Cuando se subió a la Conti de 50cc en el año 2000 en una copa de promoción no tocaba con los pies a tierra: “Hacía la salida apoyado sobre un pie e iba saltando de un lado de la moto al otro para cambiar de dirección”, recuerda su padre. Luego llegó su estreno en el campeonato de España de velocidad. “Era muy pequeño y siempre se iba por los suelos. Pesaba 32 kilos. Y su moto, una Honda, volaba. Se la tuvimos que hacer a medida: llevaba una maneta de bici en el embrague, porque con una normal no le llegaban los deditos, las estriberas más altas, el depósito recortado, la silleta más corta y un tope en el culo hecho de carbono porque daba gas y se iba para atrás”, relata Castella.

En su segundo año en el campeonato, con KTM, se le aplicó el reglamento del peso mínimo: llevaba 21 kilos de plomo en la moto: “Pesaba 92 kilos, casi el triple que él, era como si llevara una 250cc. Había días en los que se caía en cada sesión, así que me pasaba las horas arreglando la moto. Y él iba a por unos bocatas para mí, porque algunos días no tenía tiempo ni de cenar”, añade el mecánico. Pero era rapidísimo. “Como era tan pequeño, las leches eran de campeonato; y volvía llorando. Pero se le pasaba enseguida. Nunca le he visto con miedo tras una caída. Siempre quiere ir más rápido”, afirma Castella. “Soy un piloto decidido que cuando ve el hueco intenta meter la moto”, se describe Márquez, que sabe que se le critica por ser muy agresivo, pero, defiende, ese es su estilo. “Me gusta mirar vídeos y Valentino Rossi, que es el más grande, hacía unos adelantamientos que daban espectáculo y hacían afición”, concede. No son pocos los que le comparan con el italiano por su irreverencia en la pista y su desparpajo fuera.

Rossi es el más grande”, dice el piloto, al que comparan con el italiano por su osadía

Al igual que ha ido perdiendo la vergüenza, Márquez ha ido moldeándose hasta convertirse en el piloto que es hoy. Aquellos tiempos en los que tuvo que pilotar con lastre en la moto —también en su estreno en el Mundial, en 2008, cuando fue tercero en Gran Bretaña con 15 años— dieron cuerpo a un piloto muy fino, que debía dibujar trazadas perfectas, pues con una moto 15 kilos más pesada los cambios de dirección eran mucho más difíciles.

A aquel perfil más técnico se une la soltura y agresividad de un piloto de mayor envergadura: “Ahora sale más de la moto, va más suelto, y lleva él a la moto, no al revés, como pasaba hace un año; es capaz de modificar una trazada en plena curva, de adaptarse a la pista o a la moto si las condiciones no son las idóneas; otros pilotos no pueden”, observa Alzamora.

Es el dominador de la categoría. Y ha añadido a sus carreras clave —Portugal 2010, cuando se jugaba el título de 125cc, o Australia 2011, cuando perdió el de Moto2— otra remontada para la historia: la de Japón hace dos semanas. Es puro espectáculo. Tiene 19 años y ha ganado su segundo Mundial antes de debutar el año próximo en MotoGP con Honda.

Sobre la firma

N. T.

Redactora jefa de la sección de Deportes y experta en motociclismo. Ha estado en cinco Rally Dakar y le apasionan el fútbol y la política. Se inició en la radio y empezó a escribir en el diario La Razón. Es Licenciada en Periodismo por la Universidad de Valencia, Máster en Fútbol en la UV y Executive Master en Marketing Digital por el IEBS.

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