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Sin Messi y con Messi

El Barcelona se impone al Getafe con La Pulga como suplente de inicio y un equipo con muchos cambios

Cesc intenta llevarse el balón ante Miguel Torres AFP

En ese camino que se hace al entrenar, Tito Vilanova dio en Getafe su primera gran señal como gestor de una herencia que le tendrá permanentemente en el foco durante todo el curso. En decisiones como la de dejar en el banquillo a Messi y a Alves y en el rendimiento que le dio el equipo está parte del crecimiento de su credibilidad para situarse al frente de un vestuario que lo ha ganado todo en los últimos años. Su mérito, que no es poco, fue el de haber sido un importante asesor de Guardiola. Ahora, solitario y con la responsabilidad de manejar toda la maquinaria futbolística que le han dejado a su cargo, necesita que cada una de sus elecciones acaben como ayer. Con una respuesta fiable a su plan. Por Messi jugó Cesc, por Alves, Montoya, y por Iniesta, Thiago. Pudo haber alineado Tito a Villa, pero prefirió a Tello. La inclusión de este último suponía plantarse con diez futbolistas que han pasado por La Masía. En esa alineación también había un mensaje de permanencia de la idea y de la identidad.

GETAFE, 1 - BARÇA, 4

Getafe: Moyà; Valera, Lopo, Alexis, Miguel Torres; Xavi Torres, Michel (Lacen, m.68); Pedro León (Sarabia, m. 78), Barrada, Diego Castro; y Colunga (Álvaro Vázquez, m.60). No utilizados: Codina, Mané, Abraham y Paco Alcácer.

Barcelona:Valdés; Montoya, Piqué, Puyol (Mascherano, m.55), Adriano; Xavi, Busquets, Thiago (Messi, m.58); Pedro, Cesc y Tello (Villa, m.75). No utilizados: Pinto, Alves, Song y Deulofeu.

Goles: 0-1. M. 31. Adriano. 0-2. M. 73. Messi, de penalti. 0-3. M. 77. Messi. 1-3. M. 79. Sarabia, tras rebotar en Mascherano. 1-4. M. 90. Villa.

Árbitro: Teixeira Vitienes. Amonestó a Busquets, Piqué, Michel y Valera.

Alfonso Pérez: 13.000 espectadores.

Fue el partido del Barça desde el primer minuto, inquietado solo por algunas escaramuzas que provocó el Getafe en las pocas ocasiones que tuvo espacio para correr. En una madrugadora, Puyol derribó en la frontal a Colunga, pero el colegiado ignoró la falta. Las otras señales de peligro del Getafe llegaron de la bota derecha de Pedro León, un cañón envenenado a balón parado. Exigió a Valdés por dos veces y este le respondió con seguridad. El tanto local no fue más que un premio a ese intento tímido de estirarse en el segundo tiempo.

Desde esa alineación, en la que también faltaba Jordi Alba, griposo, el partido se prestó a mediciones individuales. El primero Cesc, situado como nueve mentiroso. Sin acabar de engranar como interior, su mejor versión desde su regreso al Barça la ha ofrecido en el balcón del área. Jugó de manual. Sabiendo entrar y salir de la posición para generar espacios o para sorprender con la llegada. Así lo hizo en el gol que le regaló a Adriano. Perforó el eje de la defensa del Getafe con una arrancada con la pelota pegada al pie y le dio para meter la puntera y dejar solo a Adriano, que también hizo un desdoble de manual: profundo e inesperado. Cuando entró Messi, retrasó su posición para ayudar a Xavi, fino y fluido toda la noche, en los rondos. Se le vio al 4 culé menos tenso y más clarividente en esas funciones que en otras ocasiones.

Tiene Cesc dos cualidades que le pueden resultar muy prácticas a Vilanova en esa búsqueda de soluciones ante rivales que cada vez le cierran mejor los espacios. Una de esas virtudes es la verticalización en el pase, como uno que soltó en los primeros minutos que rompió las líneas del Getafe y dejó solo a Tello ante Moyá. La otra gran condición de Cesc es la intencionalidad afilada de todo lo que propone de tres cuartos hacia adelante. En términos de futbolistas para llenar los ojos no estuvo Messi de inicio, pero sí Thiago, un futbolista muy apetecible de ver por todo lo que contiene su yo futbolístico. Llevaba cuatro meses sin jugar, pero tiene una presencia jerárquica insultante que le brota de cualidades innatas que le aseguran un futuro esplendoroso: el golpeo, el control del balón y la visión de juego. Cada desplazamiento que hace parece tocado con taco de billar: seco y con efecto. De control hizo varias exhibiciones, una con el pecho para dormir una pelota cruzada que empalmó abajo y Moyá le sacó con la manopla. Fue reemplazado Thiago por Messi. No jugó ni una hora, pero bastó para decirle a Vilanova que ahí le tiene para lo que quiera.

Un año hacía que Messi no calentaba banquillo, pero en la media hora larga que jugó remató el partido. Se le vio impaciente por salir, con esa voracidad silenciosa que le ha disparado como goleador. Se estrenó con una internada con derribo claro en el área, que no fue castigada como penalti. Sí lo fue otro a Pedro que La Pulga no desperdició. Hizo su sexto gol en Liga empujando un centro de Montoya, otro que pasó su particular reválida con nota. Correcto en defensa y desdoblándose con criterio. El que menos favorecido salió de la prueba fue Tello, que necesita serenarse en el uno contra uno con defensas y porteros para que el escudo no le acabe aplastando. Necesita el aplomo que sí tiene Villa: un remate, un gol. Otra buena noticia para un entrenador que ayer puso una base importante para seguir creciendo.

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