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Diálogos en la tumba de Kipiani

El cementerio georgiano acoge conversaciones entre exjugadores del Dínamo de Tblisi

David Kipiani. Ampliar foto
David Kipiani. RIA

En el cementerio de Tbilisi de vez en cuando la melancolía produce conversaciones inverosímiles entre vivos y muertos. Se producen frente a la lápida de David Kipiani (Tbilisi, 1951), el mejor jugador de la historia de Georgia, un predecesor, en los finales de los años 70 y principios de los años 80, de la elegancia fría de Zidane, según cuentan en los corrillos futboleros que ayer se montaron alrededor del hotel de concentración de la selección española en la capital georgiana.

A la tumba de Kipiani, fallecido en accidente de tráfico en 2001, acude como interlocutor nostálgico Alexandre Chivadze, el gran capitán del legendario Dínamo de Tbilisi que conquistó la Recopa de 1981. “En manos de quién me has dejado”, cuenta el hijo de Kipiani que le echaba en cara Chivadze a su viejo amigo en una de sus últimas visitas al cementerio. Al vástago de aquel 10 exquisito una operaria del campo santo le había contado que un individuo había insultado a su padre. Luego se enteró que había sido Chivadze, ahora seleccionador georgiano sub-21, en uno de esos días en los que los recuerdos y los tragos le hacían ir al cementerio para conversar y recordar aquellos grandes días del Dínamo de Tbilisi.

Aquel equipo le discutía la supremacía a los grandes clubes de Moscú y al Dínamo de Kiev de Lobanovsky. En su funcionamiento era fundamental la habilidosa plasticidad de Kipiani, nombrado mejor jugador de la URSS en 1977, en plena eclosión de Oleg Blokhin. La afición del Real Madrid pudo ver a Kipiani jugar en las semifinales de un Trofeo Bernabéu, cuando al torneo solían ser invitados los campeones de las competiciones continentales. Aquel partido lo ganó 4-2 el Madrid y una entrada de Ángel hizo que la carrera de Kipiani ya no fuera tan excelsa. Tanto que no fue convocado para el Mundial 82. Su muerte conmovió los cimientos futbolísticos de Georgia, entonces ya independizada de la URSS. Aquel accidente alargó una serie de fallecimientos prematuros de legendarios futbolistas de aquel equipo de ensueño. El medio Vitaly Daraselia, autor del gol del triunfo en la final de la Recopa ante el Carl Zeiss Jena, murió en accidente de coche en diciembre de 1982 con solo 25 años. Este verano, a Ramaz Senghelia, el goleador de aquella generación de oro del fútbol georgiano, se lo llevó por delante un infarto a los 55 años.

No ha habido otra camada igual en Georgia como la de Kipiani. Si acaso, a principios de este siglo, la que comandaron los hermanos Arveladze, Kinladze y el actual seleccionador Temuri Ketsbaia, que fue capaz de derrotar a la Bulgaria de Stoitchkov. Con el Dínamo de Tbilisi en horas bajas en el plano internacional, la selección es ahora la que tira del fútbol en Georgia, donde los sueldos de los futbolistas profesionales oscilan entre los 2.000 y los 5.000 euros mensuales, por lo que los más aptos emigran a Ucrania o a Rusia. Así que Chivadze se planta ante la tumba de Kipiani para recriminarle con nostalgia: “En manos de quién me has dejado”.