natación sincronizada

Ancladas en el podio

El equipo de Ana Tarrés supera su propia transición generacional con un bronce

El equipo español de natación sincronizada, en el ejercicio de ayer
El equipo español de natación sincronizada, en el ejercicio de ayerBARBARA WALTON / EFE

El equipo español de natación sincronizada no consiguió repetir la plata de Pekín pero completó una proeza aferrándose al podio después de cuatro años de transición generacional. Se marcharon Paola Tirados y Gemma Mengual, las dos figuras fundacionales, y el relevo supo consolidarse y competir con eficacia en Mundiales, Europeos, y ahora, en los Juegos de Londres. La final de ayer, culminada con la rutina libre, exhibió lo mejor de las nadadoras españolas. Pero no fue suficiente para recuperarse de los errores de la jornada del jueves, la rutina técnica que permitió a China adelantarse con un margen cómodo. El resultado definitivo coronó a Rusia, que repite oro desde los Juegos de 2000, con 98.000 puntos. Siguió China con 97.000 y España con 96.200. Bastante relegada al cuarto puesto permaneció el excelente grupo de Canadá, que fue calificado con 94.400 puntos.

Las nadadoras que dirige Ana Tarrés ejecutaron una rutina inspirada en el mar que vienen desarrollando desde los Mundiales del año pasado en Shanghái. La han perfeccionado añadiendo elementos nuevos y un punto de velocidad conmovedor. Clara Basiana, Alba Cabello, Ona Carbonell, Margalida Crespí, Andrea Fuentes, Thais Henríquez, Paula Klamburg e Irene Montrucchio interpretaron un cardumen de peces brillantes. El bañador, fabricado por Dolores Cortés y diseñado por Marc Aranyó, resultó un toque distintivo frente a las otras competidoras. Las escamas de plata cromada sobre látex y lycra deslumbraron al público durante cuatro minutos repletos de ejercicios. Tres apneas y ocho saltos acrobáticos, una producción no superada por China ni por Rusia, pusieron a prueba la preparación y el oficio del equipo.

La final de ayer, culminada con la rutina libre, exhibió lo mejor de la nueva hornada

“El puente con el salto es la figura más valorada”, opinó Paula Klamburg, una nadadora que no estuvo en Pekín y que forma parte de la nueva ola. Se refirió a la acrobacia en la que Ona Carbonell se apoya con manos y pies sobre cuatro compañeras que le prestan sus cabezas para que describa un arco sobre la superficie. Mientras, Andrea Fuentes y Thais Henríquez impulsan a Alba Cabello desde el fondo de la piscina para que salte por encima del conjunto. “Nunca ha fallado”, prosiguió Paula. “Pero es de una gran dificultad. Solo dos personas empujan a una que tiene que saltar por encima de un puente”.

No solo de la elasticidad y la capacidad de flotar viven las nadadoras. Todo el equipo ha hecho pesas de forma rutinaria. Para ejecutar el salto sobre el puente, Andrea y Thais han tenido que entrenar la potencia. Daniel Gutiérrez, el entrenador de fuerza del equipo, reúne a las chicas cada mañana en el gimnasio del CAR de San Cugat para tonificarlas. “Las pesas les vienen bien para determinados movimientos que hacen en el agua”, explica. “El empuje es fuerza. Empujar hacia arriba a alguien requiere este tipo de entrenamiento. El de pesas es un trabajo complementario para ganar más fuerza en determinados ejercicios, o en determinados movimientos”.

Ona Carbonell, la estrella emergente de la sincronizada en España, señaló la dificultad de las figuras que debieron hacer bajo el agua. “Hay tres apneas muy bestias, de más de 20 segundos”, dijo. “La última es la peor pero como ya sabes que falta poco la aguantas como sea. Por debajo estamos todas asfixiadas pero sigues. Sientes que las piernas se paralizan un poco por la falta de oxígeno pero estás tan concentrada en el número que da igual”.

Subir al podio en Pekín supuso una revolución. En Londres fue, sencillamente, una fiesta. La sincronizada española parece instalada definitivamente en la excelencia.

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