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El milagro de los panes y los peces

El waterpolo español, con apenas 1.900 licencias profesionales, es un vivero olímpico, ahora ampliado con el equipo femenino, que contrasta con el anonimato de la Liga

Maica García celebra un gol Ampliar foto
Maica García celebra un gol EFE

Acostumbrada a competir en familia, por no decir en el anonimato, Maica Garcia se siente abrumada en Londres. La boya del equipo femenino español de waterpolo tiene el móvil lleno de WhatsApps y su cuenta de Twitter no para de recibir mensajes de felicitación con vistas al partido de las semifinales contra Hungría (hoy, 20.40). “Tienes la sensación de que hay una multitud que te empuja, que está pendiente de ti, que quiere que las cosas nos vayan bien”, explica, nada que ver con las frías jornadas de la Liga nacional; “la verdad, es muy gratificante”. “No estamos habituados a ser protagonistas mediáticos”, añade el seleccionador, Miki Oca; “todo nos resulta muy novedoso”. 

A diferencia del femenino, inédito hasta ahora en unos Juegos, pero plata en el Europeo de Málaga 2008, el conjunto masculino suele tener un relevante papel olímpico desde que ganó el oro en Atlanta 1996. “Ya sabemos que preguntarán por nosotros durante dos semanas”, coinciden la mayoría de los jugadores, “y que después volverá el silencio”. “No es una queja”, puntualiza el portero Iñaki Aguilar. “Al contrario, se agradece el interés”, añade mientras invita a los periodistas a alargar el interés informativo en las competiciones caseras.

El waterpolo es un ejercicio de voluntarismo y, especialmente en Cataluña, de mantener la tradición familiar

No es una casualidad que los dos equipos coincidan por vez primera en la disputa de los puestos de honor. “Hay muchos técnicos que trabajan el deporte de base y varios directivos que convencen a los socios de sus clubes para que mantengan el apoyo económico al waterpolo. Hay que contar también con la ayuda de la federación”, matiza Oca. Más que de una estudiada inversión económica, se trata de un ejercicio de voluntarismo y, especialmente en Cataluña, de mantener la tradición familiar. No se puede hablar de profesionalización, sino de vocación.

El número de licencias oficiales expedidas para competir en los torneos españoles e internacionales es de 1.970 (1.373 masculinas y 597 femeninas), menos que en 2008 (2.063). Hay seis comunidades autónomas sin participación mientras que la más numerosa es Cataluña (786), por delante de Madrid (351) y Andalucía (298). Nueve de los 12 clubes de la División de Honor masculina son precisamente catalanes, uno navarro, otro madrileño y un tercero aragonés. La máxima competición femenina, en cambio, está más extendida por el territorio nacional, así como los torneos de menor categoría y de formación.

Las mejores estadísticas sitúan el número total de licencias, si se incluyen a veteranos y universitarios, en unas 11.000, una cifra menor si se compara con la registrada en países como Hungría, Serbia o Croacia, rivales de España en los Juegos. Los internacionales más cotizados han aceptado hasta ahora las ofertas de clubes extranjeros. Ocurre que el máximo exponente del waterpolo europeo, el Pro Recco, el mismo en el que militaban los españoles Perrone y Molina, está en fase de desaparición después que su propietario, el millonario Gabriele Volpi, haya retirado la inversión por un conflicto con la federación de Italia.

“No estamos acostumbrados a ser protagonistas mediáticos”, dice Oca

Aseguran que el presupuesto anual del Pro Recco ascendía a unos seis millones de euros y que la ficha de sus estrellas podía alcanzar los 300.000 euros. Unos números estratosféricos si se comparan con los del CN Sabadell, la entidad de referencia en España, que destina unos 600.000 euros al waterpolo, y se tiene en cuenta que el jugador mejor pagado en el país percibiría unos 30.000 euros.

La mayoría de los clubes españoles ha renunciado a participar en los torneos europeos porque supone un gasto mínimo de unos 150.000 euros y entidades emblemáticas como el CN Barcelona, campeón continental, ha pasado a luchar por evitar el descenso. Hay equipos en la División de Honor con un presupuesto de 180.000 euros y que cuentan con jugadores extranjeros con una ficha mensual de 700. La supervivencia es una heroicidad por la crisis generalizada, por la precaria situación económica de las entidades, por la presión fiscal y las multas de Hacienda a las que últimamente se ven sometidas y porque a los patrocinadores les cuesta invertir en un deporte difícil de ser televisado, con poca audiencia, sin uniformidad de horarios y que habitualmente solo congrega en la piscina a familiares y amigos.

Resiste el waterpolo por afición, por tradición y porque los clubes con mayor masa social, y a petición de sus presidentes, destinan una parte de su presupuesto a la competición (normalmente, un 10%), circunstancia que no siempre es del agrado de los abonados, que preferirían invertir en su ocio y salud. La mayoría de los consultados coincide en que no queda más remedio que insistir en la cantera, la formación y los centros de tecnificación; aumentar la complicidad con la Administración y también aumentar la competitividad de la División de Honor, expandir el torneo por todo el territorio español, a partir del ejemplo catalán, que cuenta con 124 clubes de natación federados, de los que 60 tienen una sección de waterpolo.

Si hay un milagro de los panes y los peces en el deporte español ese es el del waterpolo, ahora mismo centro de todos los focos y mañana presa del anonimato. A Maica García no le paran de llegar mensajes. El último: “Yo no entiendo de waterpolo, pero en mi vida me había emocionado tanto. Ánimo”.